El desafío soberanista y las elecciones del 27-S

Cataluña vota hoy si quiere romper con España en unas elecciones distintas y cruciales

Las elecciones catalanas de este domingo 27 de septiembre son sin duda las más importantes de las celebradas en Cataluña desde el inicio de la Transición por su doble condición de autonómicas y plebiscitarias. Artur Mas, el presidente en funciones de la Generalitat, ha basado toda su campaña en las maravillas que van a acontecer en la vida de los catalanes por el simple hecho de ser independientes de los españoles.

esteladas-763Ni una palabra, eso sí, de cómo piensa encauzar la recuperación económica, luchar contra el paro que sigue siendo tan elevado en su comunidad como en el resto de España, acometer las políticas sociales, implantar una fiscalidad más justa o erradicar la corrupción que le salpica, a él personalmente y a su partido. Si algún éxito puede atribuirse al ‘president’ es que las fuerzas constitucionalistas que niegan la mayor, que estas elecciones sean un plebiscito, han entrado al trapo y han circunscrito sus mensajes electorales a vaticinar los desastres que se abatirían sobre Cataluña en el caso de una secesión.

Con las elecciones de hoy, estamos ante un desafío a la unidad de España y la legalidad constitucional que amenaza con provocar una profunda división en la sociedad catalana y alta tensión política e institucional con el resto del Estado español, desde donde se adelanta que se adoptarán todas las medidas ante los tribunales que anulen o dejen en suspenso todos y cada uno de los pasos de la Generalitat de Cataluña hacia la formación de las estructuras de un Estado propio. Lo ha dicho este mismo viernes la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, cuando se le ha preguntado por el reclutamiento de jueces afines a la causa del soberanismo para constituir un poder judicial propio, del que ha informado ‘El País’. Santamaría ha apelado al mensaje que desde hace unos años repite el Gobierno como una letanía: “Una declaración de independencia no es posible, no se va a producir”.

Se produzca o no la declaración de independencia, el daño está hecho tanto en lo económico como en lo que atañe a la estabilidad política de Cataluña. Tanto una cosa como otra son las consecuencias lógicas de la segunda gran peculiaridad de estas elecciones, además de su carácter plebiscitario: el invento de Mas para ocultar los fracasos de su gestión como ‘president’ y la imparable caída en las encuestas de su partido, Convergència, en beneficio sobre todo de ERC, la marca original del independentismo catalán.

Se puede decir que Artur Mas ha conseguido la cuadratura del círculo al concurrir a las elecciones camuflado en una lista, Junts pel sí, que le apoyará para ser reelegido ‘president’ pero en la que la amalgama de siglas e independientes le libran de tener que asumir el deterioro de la formación política que lidera. Quien mejor definió la operación fue el cartel electoral de Catalunya sí que es pot, Lluis Rabell, que dijo que Junts Pel Sí era el “artefacto político inventado por Artur Mas”.

Junts pel sí, el ‘artefacto político’ de Artur Mas

Mas es el candidato a la presidencia de la Generalitat por Junts pel sí pero no encabeza la candidatura, sino que figura en el cuarto puesto de la lista. Esta peculiaridad suscitó algunas dudas al principio de la campaña incluso en el número uno, Raül Romeva, un exeurodiputado de ICV que no acababa de ver claro que Mas volviera a repetir en el cargo en el caso de logar los apoyos suficientes. Finalmente, parece que la incertidumbre se ha despejado y Romeva acepta sin reservas que el ‘president’ en funciones siga optando a la reelección.

Que un ecosocialista adscrito al izquierdismo alternativo acepte impulsar a la presidencia del Govern a un miembro de la ‘derecha de toda la vida’ catalana ha sido uno de los factores que más sorpresa e incredulidad han suscitado en los observadores del ‘procés’. Solo se explica por el carácter eminentemente plebiscitario de las elecciones, en las que no se dirime qué tipo de políticas se van a aplicar en Cataluña a partir de la constitución del próximo Gobierno autonómico sino, simple y llanamente, si se va a echar a rodar la maquinaria para culminar en la declaración de independencia o no. El propio Romeva lo reconocía hace un par de días en declaraciones a la Cadena SER: “Es una lista excepcional porque es un momento excepcional”, una circunstancia “en la que los catalanes estamos atrapados”.

Romeva utilizó también este argumento para reivindicar la figura de Mas pese a los escándalos de corrupción que han salpicado en los últimos meses a su partido, a Convergencia, y también a Jordi Pujol: “Que en el partido haya habido casos de corrupción, que hay que atajar este problema que existe, no es incompatible desde el punto de vista político con la necesidad de responder a una demanda democrática de mucha gente. El señor Mas escuchó a la ciudadanía, puso las urnas, y tiene una querella por eso, por haber escuchado a la gente y haber puesto las urnas. Esto también tiene su peso, su importancia”.

Así las cosas, Junts pel sí se quedaría según casi todas las encuestas al borde de la mayoría absoluta (que en el Parlamento catalán es de 68 diputados) con 66 o 67 escaños y necesitaría el apoyo de la otra fuerza independentista de la Cámara, la CUP (10-11 escaños, según los sondeos) para cumplir el programa con el que concurre a las elecciones que, básicamente, consta de un único punto: llevar a Cataluña a la independencia.

La CUP respaldará el proceso soberanista pero con dos salvedades. En primer lugar, este partido piensa que para declarar la independencia hace falta tener una mayoría de votos y no solo de escaños, como afirman Mas y sus colegas de Junts pel sí. En segundo lugar, la CUP no está por la labor de prestar sus votos para que Artur Mas siga en la presidencia de la Generalitat. Sus dirigentes han repetido hasta la saciedad que no lo harán y hace unos días el candidato número 5 de la CUP por Barcelona, Albert Botran, afirmó que su formación podría incluso optar por apoyar al cabeza de lista de Junts pel Sí, Raül Romeva, como futuro presidente catalán. Es decir, que a menos que la progresión ascendente que ha seguido Junts pel sí en las encuestas durante toda la campaña cristalice en una mayoría suficiente para no tener que contar con nadie, Artur Mas tendrá que esforzarse en la negociación para ser investido.

En cualquier caso, y aunque lo consiga, todo indica que el partido de Mas, Convergència Democrática de Catalunya, saldrá debilitado de estas elecciones. Teniendo en cuenta que la lista de Junts pel sí está repartida entre CDC y ERC en una proporción de 60/40, los convergentes sacarían unos 32 o 33 escaños de los 66-67 que les atribuyen las encuestas, lo que supone una caída considerable respecto a los 50 que tienen ahora. Cierto es que es la primera vez que concurren a unas elecciones separados de Unió, su socio de federación durante casi cuarenta años, pero el partido de Duran Lleida no les arrebata nada porque, según esos mismos sondeos, lo más probable es que no llegue siquiera a entrar en el Parlament. En el mejor de los escenarios, solo conseguiría un representante.

El partido de Oriol Junqueras, sin embargo, podría atribuirse 24 o 25 diputados, con lo que mejora su actual representación de 21.

Ciudadanos, la alternativa más potente contra el independentismo

Los resultados que las encuestas publicadas dan a Junts pel sí podrían verse mejorados si la curva que apuntaba hacia arriba ha seguido creciendo en la última semana, desde que la ley impide que se difundan nuevos sondeos. Lo mismo puede ocurrir con Ciudadanos, que salvo imprevistos de última hora se consolida como la segunda fuerza política del Parlamento catalán con una representación que podría alcanzar hasta los 27 escaños, aunque el CIS le otorga entre 19 y 20. De todas formas, teniendo en cuenta que actualmente tiene 9, la mejora es espectacular. El problema en este caso es que en la misma medida que se fortalece la formación de Albert Rivera se debilita el PP catalán, lo que resta posibilidades de formar un frente constitucionalista potente que pueda plantar cara al soberanismo.

Al PP catalán no le salva ni el relevo de Alicia Sánchez-Camacho por Xavier García Albiol, un representante del ala dura del partido que según Mariano Rajoy “habla muy claro” pero que provoca un fuerte rechazo en amplias capas de la sociedad con sus consignas extremistas y xenófobas. De los 19 diputados que tienen ahora mismo, los populares se quedarían con 10 en el mejor de los casos, lo que no deja de ser un batacazo en toda regla. Tanto el PP como Ciudadanos creen que si la participación sube hasta el 70-75%, algo complicado pues no ha ocurrido nunca, se puede ganar al independentismo. A priori, esa parece una tarea imposible pero el partido del Gobierno de España, el PP, está dispuesto a jugar la partida hasta el final y por eso ha lanzado -tarde pero con una virulencia inusitada- el discurso del miedo a la independencia, que ha sido secundado por empresarios y banqueros. Ahora, está por ver qué efecto tiene el inventario de los riesgos esgrimidos (en jubilaciones, retirada de los bancos y de empresas del territorio catalán, salida de Cataluña de la UE, etcétera), en la movilización del voto españolista.

El PSC también se la juega: de ser la tercera fuerza política del Parlamento con 20 escaños podría descender al quinto o sexto lugar, según las encuestas publicadas. Ahora bien, si el ‘efecto campaña’ se confirma para las candidaturas que más dependen de la participación, no cabe duda de que la socialista puede ser una de las más beneficiadas. El candidato socialista, Miquel Iceta, ha conseguido ser una referencia indispensable en esta campaña con unos bailes que gustan más o menos -las opiniones son dispares pero nadie permanece indiferente- y con una propuesta que rechaza de plano la independencia pero también que las cosas sigan como hasta ahora. Una vez más, los socialistas han sido víctimas de sí mismos y de sus líderes con la polémica desatada por Felipe González sobre si Cataluña debe ser una nación. Al final, todo ha quedado en un problema semántico: singularidad nacional sí, nación no.

El PSC de Iceta revive y Catalunya Sí que es Pot se estanca

Y en la misma medida que la campaña electoral podría beneficiar a los socialistas, estaría perjudicando a la otra opción de la izquierda no soberanista: Catalunya Sí que es Pot. Lluís Rabell, hasta ahora presidente de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona, y su número dos, la escritora Gemma Lienas, encabezan esta agrupación de partidos de izquierdas, que resulta de la suma de Iniciativa, Esquerra Unida, Equo y Podemos, y en la que Pablo Iglesias y los ‘pesos pesados’ de su partido han adquirido un gran protagonismo durante el periodo de campaña electoral, que ha recordado (y mucho) a la de ‘Barcelona en Comú’ de Ada Colau. Ahora bien, si cristaliza el desplazamiento de votos hacia los socialistas que se percibe en los últimos días, las expectativas de CSQEP podrían quedar sensiblemente mermadas. Iglesias, que tiene la mirada puesta en La Moncloa, no renuncia sin embargo a que Cataluña le despeje el camino hacia el Gobierno nacional. El miércoles afirmaba que, mientras Junts Pel Sí sea la lista de Convergencia y de Artur Mas, Catalunya Sí que es Pot, no va a llegar a “ningún tipo de acuerdo” con ellos. Sí aspira, no obstante, a romper dicha lista y que ERC y la “gente de izquierdas” de la candidatura de Mas, así como el PSC y la CUP, apoyen la investidura del candidato de Podemos, Lluís Rabell, para ser presidente de la Generalitat.

En cuanto a Unió Democrática de Catalunya (UDC), los nacionalistas que decidieron alejarse del sueño soberanista de Artur Mas, se enfrenta a los comicios más complicados de su historia. El partido liderado por Josep Antoni Duran i Lleida tiene pocas posibilidades de lograr representación parlamentaria. La formación intenta superar el ‘divorcio’ de Convergència (CDC), provocado por la insistencia del president en acelerar el proceso independentista, y sacudirse cualquier rastro de corrupción, solo una semana después de que su candidato, Ramón Espadaler, declarase en la Audiencia Nacional con respecto a los presuntos negocios turbios de Jordi Pujol Ferrusola. La elección de UDC de defender un nacionalismo más sosegado para Cataluña le ha servido de poco (o nada) a la histórica formación en un momento en el que todo indica que tocaba ‘mojarse’.

Ahora, ya solo queda por conocer lo que dictan las urnas. Mas ha declarado que pedirá una negociación con el Estado para que el gobierno de España le facilite la independencia, lo que es imposible porque viola la legalidad. Así pues, si consigue una clara victoria electoral habrá que esperar que acelere la declaración unilateral de la independencia para mantener la iniciativa política ‘en caliente’ y sorprender al Gobierno central en el mes de noviembre, cuando ya estén disueltas las Cortes tras la convocatoria de las elecciones generales, que se celebrarán el 13 o el 20 de diciembre.

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