Los ‘charcos’ de Zapatero: la cita con Iglesias, la entrevista con Castro y la visita al Sáhara

El nuevo roce de José Luis Rodríguez Zapatero con el Gobierno a cuenta de su viaje al Sáhara Occidental ha vuelto a enfrentar de paso al expresidente con su partido. El portavoz adjunto del PSOE en la Comisión de Exteriores, Alex Sáez, ha evitado dar un apoyo expreso los socialistas a la visita, además de reiterar que en relación al Sáhara Occidental "hay una posición común" que es "la que Naciones Unidas mantiene" y que el PSOE comparte.

Hay que recordar que la Unión Africana ha pedido cancelar el foro al que piensa asistir Zapatero, al considerar que celebrar reuniones internacionales en territorios ocupados es “ilegal conforme al derecho internacional”. Tanto la Unión Europea como la ONU y la UNESCO además de varios países occidentales ya han anunciado que no enviarán ningún representante.

La postura expresada por el portavoz no quita para que el ministro de Asuntos Exteriores haya aprovechado, al comentar el viaje del expresidente, para lanzar un dardo a la dirección socialista. “Es una decisión del expresidente y de la que tendrán que responder los que hacen la visita y han autorizado la visita o se han dado por enterados de la misma», ha señalado José Manuel García-Margallo en la rueda de prensa conjunta con el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. Con estas palabras el jefe de la diplomacia aludía al líder del PSOE, Pedro Sánchez, al que cree enterado de la participación de Rodríguez Zapatero en el foro. “No quiero pensar otra cosa”, ha deslizado.

No hace ni un mes que estalló otro conflicto por la visita de Zapatero a Cuba, acompañado del que fuera su ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos. Su entrevista con Raúl Castro, en la que según el órgano oficial cubano Granma se abordaron “temas de mutuo interés de la agenda regional e internacional”, molestó tanto a Margallo que el ministro llegó a decir que suponía “una extraordinaria deslealtad”. Y añadió: “La visita no es sólo un ejemplo de deslealtad sino ejemplo de inoportunidad” ya que, ha proseguido, actualmente España y el resto de la Unión Europea se halla en un proceso de negociación con las autoridades de la isla, “siempre que el régimen cubano dé pasos en respeto a los derechos humanos básicos y la apertura a la Democracia”.

En esa ocasión, Zapatero solo informó de los detalles técnicos de su viaje, como los permisos de los escoltas, pero no “de las reuniones que se iban a celebrar”. El PSOE, no obstante, consideró que la explicación era suficiente y su líder, Pedro Sánchez, respondió a preguntas de los periodistas que le parecía “perfecto” que Zapatero se hubiera reunido con Castro. No obstante, el portavoz parlamentario, Antonio Hernando, introdujo un matiz en la declaración de respaldo: Zapatero no representa al partido en sus desplazamientos internacionales. La única que puede arrogarse esa representación es la portavoz en Exteriores, Trinidad Jiménez.

El partido se apresuró entonces a aclarar que sí estaba al tanto del viaje, probablemente con la intención de quitar hierro a la nueva polémica interna que vio avecinarse tras el encontronazo entre Zapatero y la dirección del PSOE por su reunión secreta con el líder de Podemos, Pablo Iglesias. La cita, organizada por José Bono en un momento en el que los socialistas y el partido emergente se disputan los votos del centroizquierda con todos los medios a su alcance y cuando los históricos del partido habían empezado a dar la espalda a Pedro Sánchez, cayó como un jarro de agua fría en Ferraz.

Poco después de que saltara la noticia, Sánchez y Zapatero coincidieron en la presentación de un libro de Jordi Sevilla y evitaron saludarse en público a pesar de la insistencia de los fotógrafos para inmortalizar el momento. Ambos mantuvieron un breve encuentro en privado en el que probablemente se intercambiaron algunas explicaciones. Y es que unas horas antes, Luz Rodríguez, responsable de Empleo y miembro de la Ejecutiva Federal del PSOE, se había preguntado “a santo de qué” se reunía Zapatero con Pablo Iglesias y había calificado la reunión de “sinsentido político”, “inadecuada” e “inoportuna”.

Ahora Zapatero vuelve a la carga con su viaje al Sáhara Occidental, que entra en abierta contradicción con el espíritu pactista que defiende el actual secretario general del PSOE en los asuntos de Estado, como sin duda es la política exterior.