La Navidad que Zapatero dirigió un coro gay

Este año, más allá de las galas musicales prototípicas, las uvas interruptus y alguna que otra transparencia, ha brillado la creatividad catódica en su máxima expresión

La Navidad ha terminado. Unas tradicionales fiestas que son siempre una explosión de especiales televisivos. Este año, más allá de las galas musicales prototípicas, las uvas interruptus y alguna que otra transparencia, ha brillado la creatividad catódica en su máxima expresión. Estamos de enhorabuena con formatos como el programa de José Mota, la antología desordenada de Serrat o los cachitos de hierro y cromo de La 2, que son ejemplos a seguir.

También en las cadenas privadas, donde especialmente La Sexta ha consumado unos especiales en los que no se ha olvidado de su personalidad propia. Lo han hecho apostando por guiños cómplices con su espectador habitual que se transforman en momentos catódicos para la historia.

Especialmente destacado ha sido el choque entre Ana Pastor y Pablo Iglesias, clonados por un Joaquín Reyes en estado de gracia. Aunque, tal vez, el instante más catártico que hecho realidad la imaginación de los responsables de El Intermedio, en esta Navidad, ha sido la aparición estelar de José Luis Rodríguez Zapatero como director del coro gay de Madrid. Ahí estaba el ex Presidente del Gobierno, dejándose llevar en la televisión que se atreve a jugar.

Fue el chimpún final de un especial que demuestra que los políticos cada vez están más por la labor de participar en formatos de entretenimiento televisivo, riéndose de sí mismos al modelo nortamericano. También este programa evidenció que contamos con una gran factoría de creadores que no se quedan en el gag superficial y apuestan por esa atrevida idea, con perspectiva, que fluye por todas las multipantallas a las que tiene acceso el espectador de hoy… y mañana. Porque la buena televisión no se hace para usar y tirar, se construye para quedarse en un privilegiado rincón de nuestra más ilusionante memoria.