La política de comunicación, eje de la estrategia de Moncloa para las elecciones

Estamos en precampaña para un intenso año electoral y las encuestas auguran un vuelco de poder municipal y autonómico, hasta ahora concentrado en manos del PP, y una pérdida de votos del partido de Mariano Rajoy que le dejaría con una exigua mayoría en las generales, muy lejos de la mayoría absoluta de la que ahora disfruta. Los nervios están a flor de piel y el Gobierno se muestra dispuesto a poner en marcha todos los mecanismos a su alcance para evitar la adversidad.

Como los mensajes triunfalistas de Rajoy y su equipo sobre la buena marcha de la economía no parecen calar en los ciudadanos, el control de la información se revela una vez más como el arma definitiva y ‘masiva’ para conseguir sus propósitos. De ahí que Moncloa sea escenario de una guerra por el poder informativo entre la secretaria de Estado de Comunicación, Carmen Martínez Castro, y la jefa de gabinete de la vicepresidenta, María Pico. Y que Génova haga la guerra por su cuenta con el vicesecretario de Organización, Carlos Floriano, a la cabeza, asistido por la jefa de prensa, Marilar de Andrés.

Pero la estrategia de la información, que debido a esas tensiones no está resultando todo lo eficaz que al Ejecutivo le gustaría, se complementa con otras iniciativas. República.com ha podido saber que también se ha recurrido a un arma ‘secreta’, que no es otra que el CNI. Los agentes del Servicio de Inteligencia español estarían recibiendo encargos para espiar a todo el que se mueve fuera de la foto oficial, ya sean políticos, empresarios o periodistas. Y eso, según tenemos entendido, no gusta en ‘la casa’.

Tanto es así, que no se descarta que pueda salir a la luz un detallado informe de todos esos encargos, lo que sería un escándalo en toda regla que dejaría en pañales el provocado por el ‘pequeño Nicolás’ y su supuesta utilización para ‘trabajillos’ de interés nacional.