El caso de los eurodiputados pijos y los twitteros cabreados

Desde que se supo que los eurodiputados habían votado en contra de una propuesta para obligarles a utilizar la clase económica del avión en lugar de la primera clase, a no acumular dietas y a congelar sus salarios en 2012, un grito de indignación recorre las redes sociales. Twitter, bajo el hastag #eurodiputadoscaraduras, ha recogido las expresiones más ocurrentes del justo cabreo de los de a pie. Las hay graciosas: “URGENTE: un eurodiputado acepta pagar un café en su bar de toda la vida”; “Pobrecitos nuestros #eurodiputadoscaraduras, no sabían lo que votaban, las papeletas estaban en inglés”; “Hemos capturado un eurodiputado y lo hemos metido en el autobús Finisterre-Bruselas”. Las hay feroces: “Casta política parasitaria”; “¿De verdad les necesitamos?”; “No pasa nada, en 2 días el psoe sacará una ley monguer o el pp dirá una burrada y se nos olvida a todos”. Y hay otras que deberían mover a la reflexión a la casta política en general.

Me refiero a los twits que directamente extraen una moraleja o lección: “Tanta lucha por el derecho a voto y las pocas ganas que tengo de ejercerlo por culpa de los #eurodiputadoscaraduras”; “Este año en las elecciones pienso meter una loncha de mortadela en el sobre, hartito ya de tanto politiquillo”; “No tienen verguenza. No les voteis. Que se recorten el sueldo. Esto parece la Edad Media y el derecho de pernada” o, en catalán, “Quina vergonya!!! Que els votin sa mare”. El espíritu de estos mensajes entronca con el de otra iniciativa que circula hace tiempo por la red, la de nolesvotes.com que, sin pedir el voto para “ningún partido o ideología en concreto”, propone no entregar la papeleta a ninguna de las tres opciones mayoritarias (PSOE, PP y CiU). La última vez que lo he mirado había 40.000 personas a las que les gusta esta web. Son muchas, pero una minucia si comparamos el dato con el 20,2 por ciento de españoles a quienes preocupan la clase política y los partidos como tercer problema más importante del país, solo por detrás del paro y los problemas económicos, según el barómetro del CIS correspondiente a marzo. Esa barrera del 20 por ciento, que no se registraba desde septiembre de 1995, en los años de la ‘crispación’ del fin de la etapa de Felipe González, se ha registrado otras tres veces en el último año: el pasado enero y los meses de junio y julio de 2010. Y eso sin contar con la corrupción y el fraude, que merecen una mención aparte.

Pues bien, en medio de la desolación que produce saber que nuestros políticos -democráticamente elegidos para representar la voluntad popular- no gozan de nuestra confianza y mucho menos de nuestro respeto, llegan los eurodiputados y, sin atender a ideologías ni propias ni de sus electores, hacen el siguiente recorrido:

1) El miércoles, votan mayoritariamente en contra de una enmienda del grupo Izquierda Unitaria y los Verdes que pedía comprar “billetes de avión en clase económica para los vuelos de duración inferior a 4 horas”;

2) Esa misma noche y ante revuelo que empieza a montarse en la red, algunos partidos -PSOE y UPyD- intentan minimizar los daños asegurando que todo ha sido un error pero sin comprometer en ningún momento su apoyo a la enmienda y ofertando todo lo más -en el caso de los socialistas- cambiar el voto negativo por la abstención;

3) El jueves, cuando el revuelo se ha convertido en un clamor popular y ya no hay quien lo pare, cuando el sentido común aconsejaría recapacitar y dar un giro de 180º aceptando unos recortes que no pueden ser tan onerosos para personas que se embolsan 8.000 euros al mes, algunos europarlamentarios aparecen en los medios intentando explicarnos por qué quieren seguir gozando de ciertos privilegios.

Por lo que se refiere al tercer paso, el ejemplo más patético ha sido el del socialista Juan Fernando López Aguilar, que ha saltado de radio en radio explicando el problema tan horroroso que supone “hacer varios enlaces y cambiar vuelos” y que para poder soportarlo se necesita “flexibilidad”. Mucho menos sorprende la justificación del ‘popular’ Jaime Mayor Oreja, perfectamente coherente con su línea de pensamiento: “La decisión de votar en contra de la enmienda de ‘un comunista portugués’ no fue de la delegación española sino de todo el Grupo Popular en el Parlamento Europeo”. A Oreja ni siquiera se han molestado en contestarle, pero López Aguilar se lo ha llevado todo en la última crecida del rebote de los twitteros: “Lopez Aguilar en La Ventana intentando explicar lo inexplicable…qué tragaderas oigan…”; “NOOOOOOOO por favoooor. Que voten lo que quieran pero que López Aguilar no nos lo explique”; “Lo peor no es lo que hacen, sino las explicaciones que dan para justificar lo que hacen”… y suma y sigue.

Lo malo de todo esto es que con el ‘caso de los eurodiputados’ llueve sobre mojado. No hace mucho y en pleno debate sobre la reforma de las pensiones podíamos leer en cualquier periódico los privilegios de que gozan sus señorías en las Cortes españolas. Me refiero, claro está, a las conocidas como ‘pensiones de oro’ de diputados y senadores. Ellos también han bajado de su pedestal para explicarnos que en realidad tienen escaso impacto en los Presupuestos del Estado por su limitada acogida entre los parlamentarios y que no se trata de pensiones extraordinarias sino de complementos de jubilación, cuya cuantía cubre la diferencia entre la prestación a la que tienen derecho por su cotización y la pensión máxima. Pero lo cierto es que los diputados pueden optar al subsidio más elevado por el hecho de permanecer unos cuantos años en sus escaños y que mientras que ellos sólo necesitan siete años para cobrar la pensión máxima, el resto de los ciudadanos requieren de 15 -hasta que entre en vigor la reforma que prevé elevar progresivamente el periodo de cálculo- para percibir el 50%. De estos privilegios tan sólo han pedido beneficiarse 70 de los 3.609 parlamentarios que han pasado por las Cortes desde 1977. Pero ahí están, a disposición de quien quiera disfrutarlos. Como están también las indemnizaciones por cese de actividad a las que tiene derecho sus señorías. No pueden acceder al paro, pero sí cobran una mensualidad por cada año de permanencia en las cámaras, con un máximo de 24. El salario base por mes es de 3.126 euros, cantidad muy superior a un subsidio por desempleo.

Con todo esto, ¿hay alguien que pueda extrañarse de los recelos y la baja estima que cosechan nuestros políticos? El próximo 22 de mayo tenemos elecciones, las primeras que se celebran desde que el Gobierno se lanzó a la carrera por la senda del ajuste duro y sin miramientos para capear una crisis que esos mismos políticos han sido incapaces de embridar. Los ciudadanos somos más pobres, hemos tenido que renunciar a un puñado de derechos y nos hemos quedado con menos recursos para afrontar el futuro con un cierto grado de seguridad. Pero a los políticos, inexplicablemente ajenos al ruido ensordecedor de la calle, parece no importarles. Ellos a lo suyo.

Me viene a la memoria el “Ensayo sobre la lucidez” de José Saramago, la caricatura de la democracia en que vivimos en la que el Premio Nobel cuestiona por qué votamos a una u otra opción política, cuando muchas veces ninguno de ellos atiende verdaderamente a nuestras necesidades sociales y económicas. Para ello, imagina unas elecciones municipales en una ciudad sin nombre en las que se impone por más del 83% de los sufragios el voto en blanco, resultado que provoca un verdadero terremoto político. A ver si los twitteros que nos están gritando su hastío por tener que elegir a unos políticos ensimismados en la contemplación de su propio ombligo van a ser una avanzadilla de un grupo más poderoso de ‘novotantes’ o ‘votantesenblanco’. Si los políticos creen que con quince días de mítines y entrevistas en los medios van a conseguir que se olviden episodios como el del Parlamento Europeo, están listos. Que entren más en las redes, que escuchen lo que dice la gente sin escaño y que lean a Saramago. A lo mejor, así consiguen seguir disfrutando no de todos, pero si de unos pocos de esos privilegios que tanto les gustan.

P.D.: Para consultar la Lista de la Vergüenza de los eurodiputados que votaron en contra de las medidas de austeridad, pinchar aquí