Botín apoya a Zapatero, divide al PSOE e irrita al PP

Nadie puede negarle el derecho de opinión al presidente del banco Santander, Emilio Botín y a los empresarios que le secundaron en la reunión del G45 mantenida el pasado sábado a puerta cerrada en Moncloa entre el Presidente del Gobierno y 44 de los principales empresarios del país. Pero su propuesta pidiéndole que siga al frente del Gobierno, que no adelante las elecciones y lleve a cabo el resto de reformas económicas que todavía faltan por ejecutar, porque un adelanto electoral, según su criterio, sería inconveniente para la recuperación económica de España, supone una intromisión en el ámbito de la política e incluso de la organización interna del partido socialista.

Las reacciones no se han hecho esperar. Unos ponen de ejemplo las inteligentes respuestas del secretario general de la UGT tras reunirse con el presidente del Gobierno en Moncloa el pasado miércoles. Cuando se le preguntó por los debates internos en el Partido Socialista sobre cuándo debe o no anunciar Zapatero si se va a presentar o no a las próximas elecciones, Méndez respondió con un lacónico,  no es mi negociado la sucesión de Zapatero.

O las declaraciones del responsable de comunicación de Comisiones Obreras, Fernando Lezcano, para quien lo importante no es el debate de la sucesión sino las propuestas que hay sobre la mesa que pueden horadar todavía más la ya “tocada” posición de los sindicatos si se aceptan las propuestas de debilitamiento de su papel en la negociación colectiva.

Pero no todos han querido ser tan diplomáticos con la intervención de Botín en Moncloa. María Dolores de Cospedal, la secretaria general del PP, a la que en el PSOE llama “la bien pagá”, ‘se quejaba ayer de que Zapatero solo recibiera a los respresentantes de los ricos y marginara a las pequeñas y medianas empresas, habitualmente más próximas a la clase media.

Desde las filas socialistas, quien más clara y abiertamente ha interpretado que los empresarios han entrado de lleno en la batalla política ha sido el ministro de la Presidencia, Ramón Jáuregui. En el acto de presentación de la candidatura del PSE-EE a las Juntas Generales de Álava, no tuvo ningún reparo en contraponer el apoyo que los empresarios más influyentes del país, según él, mostraron ayer a la política económica del Gobierno con la postura del PP por demandar un adelanto electoral y hacer una oposición destructiva.

Sus argumentos son los mismos que repite cada miércoles en la sesión de control al Gobierno y cada viernes en la rueda de prensa posterior a la celebración del Consejo de Ministros, el vicepresidente primero del Ejecutivo y su mentor político, Alfredo Pérez Rubalcaba. Según Jáuregui, de acuerdo con lo oído en la reunión del G45 de Moncloa, todo el mundo alaba lo que se ha hecho, y denuncia que frente a ello el PP sólo quiere elecciones porque pretende aprovechar la crisis sólo para derrocar al PSOE y llegar a La Moncloa.

El ministro de la Presidencia asegura que ha defendido que con errores o no el Gobierno hace lo que España necesita, mientras que el PP sólo hace catastrofismo y no ayuda en nada, ya que sólo persigue el poder y no que se hagan las reformas que se tienen que hacer.

Bien es cierto que no todo el mundo ha respondido con tanto optimismo como Jáuregui. Hay cabreo mayúsculo en las filas socialistas entre los barones que siguen queriendo forzar el anuncio por parte de Zapatero, a ser posible en la reunión del comité federal del próximo día 2 de abril. Otros han ignorado al presidente del Santander. Fue el caso de Rubalcaba en su intervención de apoyo a la candidatura de Barreda como candidato a la presidencia de Castilla La Mancha. No hizo la menor mención. Tampoco la hizo el presidente del Congreso de los Diputados. Parece que Bono no quiso distraer la atención del objetivo fundamental, que se proclame a Rubalcaba.

Las propias palabras de Barreda alabando la personalidad de hombre de Estado de Rubalcaba tras haber dicho de ella que tiene mucho más futuro que pasado y que es una persona joven y perfectamente preparada, volvieron a abrir la posibilidad de que se estuviera preparando un tandem para sustituir a Zapatero que encabezara Rubalcaba acompañado de Carme Chacón. Es otra posibilidad. Ni Barreda, ni Bono, ni Rubalcaba dan puntada sin hilo. ¿Podría entenderse que el vicepresidente primero hubiera acudido a Alcazar de San Juan a apoyar la candidatura de Barreda si se hubiera sentido desairado con el apoyo medido que había dado el presidente castellano manchego a Carmen Chacón? La respuesta es bien clara. No.

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