Zapatero es el problema

Aseguran los hombres de ciencia que el vacío absoluto no existe, que resulta inalcanzable. Eso será así en la física. En la política, el vacío total, la completa ausencia de contenido, se llama José Luis Rodríguez Zapatero. Durante este pasado fin de semana, como si se tratara de una sesión de espiritismo, los notables del PSOE se han reunido en Zaragoza, supongo que con la natural alarma por parte de la Virgen del Pilar, para cubrir con desmedidos elogios la figura del todavía presidente del Gobierno. Como suele suceder con las demasías, las alabanzas han servido para lo contrario de lo que -supongo- pretendían los barones y demás jerarquías socialistas. Lejos de engrandecer la figura de tan mínimo leonés, la han empequeñecido más todavía. En España tal cúmulo de encomios centrados en un personaje solo caben en su funeral y, felizmente, no era el caso.

Zapatero es un personaje sobrevenido en función de una larga sucesión de casualidades. Tras la fatiga socialista del postfelipismo, después de que el partido demostrara su crueldad con Joaquín Almunia y José Borrell, Zapatero ocupó la secretaría general para que no lo hiciera otro. Después, el 11-M -la mala gestión de tan lamentable suceso- elevó el pedestal del candidato del puño en la rosa a la velocidad con que descendía el del líder del PP y Zapatero llegó a La Moncloa contra todo pronóstico. Tuvo la astucia de erradicar de su vera cualquier testimonio de talento y ahí le tenemos, como si nunca hubiera roto un plato, en la torpe administración del futuro de España. Un futuro que ayer, cuando se apareció en Zaragoza a sus conmilitones, trató de presentar como elemento prioritario de la política gubernamental vigente.

La sobredosis de alabanzas zaragozanas dirigidas al presidente del Gobierno ponen en evidencia la deplorable situación del país. ¿Cabe mejor señal, mayor evidencia, de lo desafortunado de la situación? Los siete años de Gobierno zapaterista han configurado un país más pobre, con menores expectativas de futuro, en el que yerguen como un monstruo pluricabezón e inexpugnable 4,7 millones de parados; es decir, 4,7 millones de dramas personales de difícil solución.

La cumbre de los socialistas reunida en la capital aragonesa, en ejercicio de engañoso disimulo, se ha conformado con alabar al principal responsable de nuestros problemas, que no son solo económicos, y ha tratado de cubrir su miseria, que es mucha, con el ditirambo. ¿A quién querrán engañar?

Como la partitocracia que se enseñorea de la Nación ha reducido la capacidad expresiva de las minorías y prácticamente anulado la del individuo, el Gobierno -también el primer partido de la oposición- tiende a acuñar frases que neutralicen las dudas e inquietudes que están en el corazón de la ciudadanía. “Durante el 2011 lo importante es el futuro de España y no el partido”, ha dicho Zapatero dándole brillos de bronce a la palabrería hueca con que suele hablarnos. Si así fuera no sería el propio PSOE quien ha abierto, con sutileza defensiva, el debate sobre la sucesión de su líder y, si se apura, la designación de su sucesor. No es así. Los más, dentro de las filas socialistas, ven a Zapatero como un lastre y causa de un elevado porcentaje de la catástrofe que tenemos encima. Lo que pretenden es minimizar la imagen “culpable” del presidente y dejarle en la cuneta.

Si a Zapatero, como dice, le importara España más que nada ya hubiera iniciado su mutis. Un poco para aliviar al PSOE de lo que tiene de rémora y un mucho por vergüenza torera. Se ha convertido en el hazmerreír de las chancillerías europeas y, si no lo sabe ni lo sospecha, ahí está una prueba de la deslealtad de sus ministros.

Únicamente la perfección de la máquina propagandística de los socialistas, en concordancia con la torpeza de la del PP, mantiene a Zapatero de pie y en La Moncloa. Lo de Zaragoza, mucho ruido y nuez ninguna, ha sido pura liturgia de exorcismo para ahuyentar al diablo de la realidad y seguir dándole pedales a la bicicleta en la confianza de que mientras se pedalea y avanza no hay caída ni retroceso.

Ya no caben dudas. Zapatero no es, ni puede ser, solución a nuestros problemas porque él es el problema. Lo único que puede hacer por España, si ese es su interés prioritario, es iniciar un mutis definitivo. ¿En beneficio de quién? Esa ya es otra cuestión. Mariano Rajoy dice que, en dos años, podría poner en marcha el resurgir de la Nación; pero es muy posible que Alfredo Pérez Rubalcaba, José Blanco, Carme Chacón y cuantos, en el PSOE, pudieran tener pulsiones de delfín mantengan hipótesis diferentes. La incapacidad de Zapatero es, según parece, la única certeza. En el vacío, incluso en el relativo, no hay vida posible.