Impotencia

Captura de pantalla 2017-03-15 a las 14.39.33La gente normal suele empezar por comprar Viagra a granel en internet. Con su permiso, voy a definir antes el problema; será que me he levantado con ganas de hacerme la interesante precisamente hoy. La impotencia o disfunción eréctil se caracteriza por la incapacidad de alcanzar o mantener una erección del pene lo bastante firme como para poder llevar a cabo la penetración y realizar el coito.
Se pueden considerar diferentes tipos de manifestación de esta disfunción: desde la persona que nunca ha sido capaz de lograr una erección adecuada (impotencia primaria), a la que ha tenido erecciones anteriormente, pero no puede tenerlas en la actualidad, pasando por la que no consigue erecciones en determinadas situaciones o con determinadas personas (impotencia situacional). Por otro lado, es posible que la falta de erección sea completa (impotencia total) o que se experimente cierta erección, aunque no suficiente como para llevar a acabo el coito (impotencia parcial), presentándose distintos grados de parcialidad.

La impotencia secundaria es más frecuente que la primaria; asimismo, es más habitual la disfunción parcial que la impotencia total, es decir, que el varón consiga erecciones parciales cuya escasa firmeza le imposibilite llevar a cabo el coito. En otros casos pueden darse erecciones completas, pero éstas desaparecen rápidamente cuando se intenta la penetración.
Se puede estimar que la impotencia afecta aproximadamente al 7% de los varones, teniendo en cuenta que el incidente va en aumento conforme lo hace la edad. La incidencia de la impotencia primaria está en torno al 10% de los casos de impotencia. Por otro lado, no parece que se vea afectada por la raza ni por el nivel socioeconómico.
Hay que tener en cuenta que la mayoría de los hombres, si no todos, han presentado en algún momento una disfunción eréctil más o menos importante. Kaplan (1974) estima que al menos la mitad ha sufrido alguna vez episodios transitorios de impotencia, no sólo problemas ocasionales. Para que se considere que existe una disfunción, ha de presentarse al menos el 25% de las relaciones o intentos de relación sexual; por consiguiente, no deben preocuparse aquellos hombres en los que aparece este problema alguna o algunas veces, pues constituye más la norma que la excepción.

Es interesante destacar el fenómeno de la disfunción situacional que antes mencionaba. Por ejemplo, hay hombres que consiguen erecciones adecuadas en relaciones extra matrimoniales, pero no con su pareja habitual, o viceversa. Uno de los casos más comunes de esa impotencia situacional hace referencia a la primera relación que se mantiene con una nueva persona.

Y ahora, sí, vamos con las causas. La erección o respuesta eréctil se produce al hincharse los tres cilindros esponjosos (dos cuerpos cavernosos y un cuerpo esponjoso) ubicados en el pene debido a un aumento del riego sanguíneo y una retención temporal de éste. Es, básicamente, una respuesta refleja muy vulnerable: se altera tanto por factores físicos -por ejemplo, la fatiga, el consumo de alcohol o determinados fármacos y drogas- como, y principalmente, por factores psicológicos, entre los que la ansiedad parece el más importante.
En muchos casos, el fallo en la erección no tiene que ver con la excitación del hombre o con el nivel de atracción física que despierta en él su pareja; puede sentirse excitado en una situación sexual y desear llevar a cabo la penetración, pro su pene no entra en erección. Tradicionalmente, se ha considerado que la impotencia era debida exclusivamente a problemas psicológicos, pero las investigaciones actuales señalan que, aunque siempre estén estos implicados, en aproximadamente el 10-20% de los casos la causa preponderante corresponde a factores orgánicos, en especial cuando se trata de impotencia primaria.
Entre las causas fisiológicas y orgánicas más frecuentes cabe destacar: deficiencias hormonales (niveles de testosterona disminuidos), factores de tipo vascular que dificulten el llenado de los cuerpos cavernosos del pene, limitado o anulando la erección, lesiones neurológicas en especial en la médula espinal, lesiones en el pene o en los testículos, problemas en la uretra o en la próstata… Algunas enfermedades como la arterioesclerosis, hipertensión, diabetes mellitus o esclerosis múltiple, y fármacos como los antidepresivos, antihipertensivos, anticolinérgicos, hipnóticos (barbitúricos) o tranquilizantes mayores y determinadas drogas pueden causar problemas de impotencia.

Por último debe destacarse el efecto negativo que sobre la erección tiene la ingestión de alcohol aun en los hombres más sanos; incluso cantidades tan pequeñas como dos o tres copas pueden ser suficientes para producir un efecto negativo claramente apreciable sobre la respuesta de erección. De todas las causas fisiológicas, probablemente las más importantes son las debidas a efectos de alcoholismo y a la diabetes. Entre las causas psicológicas, la ansiedad y la preocupación  obsesiva por lograr un rendimiento sexual adecuado son las más frecuentes en las dificultades de erección; el no centrarse en disfrutar de la situación, sino estar observándose constantemente para ver si “cumple” con lo que se espera de él como hombre, junto con la ansiedad que acompaña a esta situación, crean un adecuado caldo de cultivo para el desarrollo de las disfunciones de la erección.
En muchos casos comienza como  una disfunción situacional. Incluso con la presencia de factores físicos coadyuvantes. El mantenimiento posterior de esta preocupación obsesiva por lograr un rendimiento adecuado y el desarrollo de un comportamiento de autoobservación constante durante la interacción sexual pueden dar lugar a una disfunción más generalizada. Si as esto se une el miedo a no lograr la erección o la ansiedad ante esta situación, es fácil que se inhiba de forma importante dicha respuesta de erección, que es compatible funcionalmente con la respuesta de ansiedad.

El primer fracaso puede funcionar como elemento disparador de una mayor ansiedad en la siguiente relación, lo que a su vez se traducirá en mayores dificultades para conseguir la erección adecuada. Si se mantiene la espiral ansiedad-fracaso-más ansiedad-más fracaso es fácil predecir el desarrollo de un trastorno de erección permanente, difícil de solucionar sin la ayuda de un especialista, y además el abandono de la actividad sexual (al menos la que requiera erección) dada la frustración que provoca la situación.
Quizá, unos de los problemas más importantes tiene que ver con una inadecuada educación sexual que culpabiliza todo lo relacionado con el sexo; es lógico que bajo esta concepción las primeras relaciones sexuales estén muy cargadas de ansiedad y culpabilidad por realizar algo “malo”, lo que provoca problemas de funcionamiento. Por lo mismo, todas aquellas creencias o religiones que ofrecen una imagen del sexo como algo sucio o pecaminoso dan pie a no pocos de estos problemas.

Ciertas fobias sexuales específicas, como el miedo ante los genitales femeninos, ante el cuerpo desnudo de la mujer o ante aspectos específicos de éste, como las secreciones vaginales, pueden también facilitar la disfunción eréctil.
Kaplan (1974) resume como factores psicológicos más importantes el temor al fracaso sexual, la presión de las exigencias sexuales por parte de a pareja y la incapacidad a abandonarse a sus propios sentimientos eróticos.
Masters y colaboradores (1985) distinguen entre factores personales e interpersonales.  Entre los primeros, señalan como más importantes los siguientes: la falta de información sobre sexualidad; la aceptación de mitos culturales irracionales; el miedo anticipado a la relación sexual, así como al embarazo, a enfermedades venéreas, al rechazo, a la pérdida de control, al dolor, a la intimidad…; entre los factores interpersonales: deficiente comunicación, luchas por el poder en el seno de la pareja, desconfianza, falta de atracción física, diferencias en las actitudes frente al sexo preferencias sexuales (tipos de conductas, de prácticas, predilección, lugar…).

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