Sed

Captura de pantalla 2017-02-08 a las 21.17.02Anoche en el Teatro Lara vi SED. Una pareja aparentemente normal se enfrenta a una de las más escabrosas y repulsivas “tendencias” que pueda desarrollar el ser humano y, cuando ese ser humano es tu marido pues… No hay quien viva con ello, ni siquiera el propio sujeto, que se confiesa, se autopsicoanaliza y, por lo mismo, se concoetan bien quese teme a sí mismo. Un drama denso con una carga de reprobación unánime reflejada en el rostro de cada espectador. No vi sino brazos cruzados sobre el pecho, mostrando el mismo rechazo también con la mirada, ceños fruncidos, bocas afiladas, mandíbulas apretadas. Un jurado popular condenando sin dudar, sentaditos a lo largo de varias hileras de butacas.

Entre parrafadas, el actor va desgranando sus pensamientos, sus deseos más oscuros. Desde el gesto más inofensivo, él nota cómo se le despierta un deseo sexual irrefrenable porque, si pudiera controlarlo, él mismo evitaría excitarse. Un discurso atormentado, un viaje a la mente del perverso, del tarado. Un descenso al infierno acompañando de la mano al monstruo.

Algo que me fascinó es cómo SED aborda sin pudor el punto de vista femenino. Esa esposa que va reaccionando conforme asimila y comprende la profundidad del abismo que se abre a sus pies. Creo que la evolución de ella como personaje es sencillamente magistral y que yo sería una perfecta cabrona si les explicase por qué, puesto que les destriparía la obra. Añado que me volví loca con el mobiliario creado como escenografía: piezas gigantes del LEGO que cambian de funcionalidad conforme se muevan y que ya querría tener yo en mi casa.

Me llamó poderosamente la atención y, de hecho, aún estoy dándole vueltas a la reflexión que hace el propio afectado respecto del estignma que le va a marcar, caso de divulgarse su inclinación: ¿Se puede criminalizar a una persona por sus pensamientos? Es decir: si no hay ningún tipo de comportamiento, en ausencia de actos, ¿es justo acusar y culpar a alguien? ¿Quién no ha sentido el deseo de atropellar a quince peatones, de acelerar y pasar por encima de todos y darse a la fuga? Si no se ha llevado a efecto, ¿se puede acusar de “homicidio imaginario” al que lo haya pensado? Pues en el sexo, incluso más. Las fantasías sexuales de cada persona suelen ser muy particulares. ¿Cabe juzgar a alguien por ellas? Siempre he opinado que no y he leído a expertos que afirman que lo mismo. Hablo del plano imaginario exclusivamente, claro. Otra cuestión es si se materializan. Ahí siempre se esgrime el maravilloso salvoconducto de “entre adultos que consienten, vale todo”. Y ahí incluso, yo pienso que todo no vale. Que hay que respetar los mínimos de la legislación sobre derechos humanos respecto de la integridad física, la salud y la libertad. Siempre se defiende, incluso desde el plano de la salud mental, que hay que tener fantasías. Que es conveniente que la mente recree situaciones y se erotice al disfrutarlas, aunque sea estrictamente en el ámbito mental, sin compartirlas con nadie. También se invita a las parejas a intercambiar sus deseos eróticos y a que los traten de realizar por turnos, dando importancia a lo que al otro le excita… Pero SED no va de fantasías. Tampoco cede al razonamiento, seductor y bastante tentador, respecto de que “uno no manda en lo que le pone”, uno no controla lo que le pone, su deseo. Siendo totalmente cierto, cuando el deseo conlleva un inminente riesgo, para mí y para todos los anoche presentes, y para la ley, la respuesta es unánime: condena absoluta y repulsa. Señoras y señores, el argumento de SED no esquiva el tiro: el drama es precisamente que el bien jurídico a proteger es la infancia. Y hay niños de por medio.

La recomiendo como obra con la misma insistencia en que ruego al Altísimo que no me haga bregar con una situación así… Y que me deje en paz un par de lustros coño, que ya ha hecho conmigo unos cuentos experimentos, no se crean. No esperen reírse. No se van a divertir. Pero es cojonuda.

 

 

SED. Los martes, a las 20:15h

Texto: Alejandro Butrón Ibáñez

Dirección: César Barló

Elenco: Sauce Ena y Mariano Rochman

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