Warias

<<Cuando me preguntan cómo me gano la vida, respondo: “sexo y drogas”. Solía decir que era epidemióloga, que también es verdad. Pero mucha gente no lo comprendía. “¿Epi…qué? Quizá algo vagamente desagradable que tenga que ver con la piel. Decir que me dedico al sexo y a las drogas me evita el suicidio social de admitir que soy una científica>>. El libro, “La sabiduría de las putas. Burócratas, burdeles y el negocio del sida, ed. Sexto Piso, me ha permitido asomarme a una realidad oscura y escabrosa. La autora, Elisabeth Pisani no es ni una madame ni una actriz porno ni nada de eso, sino una científica dedicada “al estudio del sexo y las drogas inyectables alrededor del mundo. Eligió enfocarse en una de las mayores pandemias contemporáneas, el SIDA. Haciendo trabajo de campo para la ONU con enfermos terminales, prostitutas infectadas, travestis frecuentados por respetables padres de familia, adentrándose en el submundo del comercio sexual de países como Indonesia, conoció la industria del SIDA: “un mundo en el que burocracias bizantinas internacionales se enfrentan por guerras territoriales entre sí, con gigantes farmacéuticos y ONG’s activistas. Un mundo donde el dinero eclipsa la verdad”.

Si bien respecto de los librazos científicos experimento cierta pereza, en éste se entremezclan algunas peripecias de la autora, sus opiniones más sinceras y descarnadas, con datos, informes y detalles de cómo se han obtenido resultados sobre el avance y la prevención del SIDA. La autora hubo de enfrentarse a ecuaciones complejas en Asia: <<donde un hombre puede infectar a un hombre que infecta a un inyector de drogas que infecta a una puta que infecta a un cliente que infecta a su mujer>> (¿ven por qué me ha fascinado?). Dejen que, de la mano de Pisani les lleve a Indonesia (¿no es mal plan, verdad?). En el año 2000 sólo 157 inyectores habían sido analizados de VIH , todos en el mismo centro de tratamiento de Yakarta; 64 de ellos estaban infectados. Otros grupos ni siquiera aparecían en las estimaciones, porque nadie pensaba en ellos: <<No había información sobre hombres homosexuales. Y ninguna de las chicas que yo había visto contorneándose en la vía del tren la noche anterior parecía existir. Esto es porque ninguna de ellas era de hecho una chica. Eran <<warias>>, y nadie se había preocupado de medir la infección por VHI entre warias desde 1997. Si no hay datos no hay problema>>.

Oí hablar del “tercer sexo” durante mi viaje a India, donde existe una inmensa comunidad de transexuales, pero ha sido leyendo a Pisani que he sabido que una <<waria> es un: <<revoltijo de <<mujer>> (WAnita) y <<hombre>> (pRIA). <<Tendemos a traducir esto como <<prostituta transexual>>, subcultura de hombres biológicos que viven como mujeres y venden sexo a hombres>>, dice. En Yakarta las warias se organizan con una estructura eficiente (en cada distrito grande, con una presidenta y vicepresidenta y un jefe). Las warias son rara avis en la prostitución porque trabajan de modo independiente. Tienen sus mesdames pero no tienen obligaciones para con chulos o dueños de burdeles. Pueden negociar por sí mismas y pocos clientes amenazarían o engañarían a una waria porque, a pesar de los tacones altos y brillo de labios, al fin y al cabo son hombres.

REASIGNACIÓN

Muchas warias se oponen radicalmente a la reasignación. <<No así los pechos –toda waria los tiene hoy día-, pero sí la operación completa>>. Consideran que es puro ego, para alardear de su éxito. <<Nancy asegura que no cambiaría los orgasmos por una operación, pero yo no podía evitar sentir que estaba algo celosa>>. Para la extirpación del pene y testículos y el diseño de una vagina falsa, prefieren la cirugía de Tailandia, a tres horas. Acuden a los hospitales Bumrungrad y el Bangkok Hospital ubicados entre bares de chicas. Una waria indonesia puede llegar a Bangkok en un vuelo barato y ligarse a unos cuantos clientes mientras espera la operación que cuesta unos 6000 dólares.

 

EL LOOK

<<La gente no presta mucha atención a los detalles –el miembro de quién entra en qué orificio-, pero el VIH es un virus que no se preocupa de lo que la gente piense. Si la gente tiene sexo anal con muchas parejas, el virus se expande –el sexo anal abre las puertas al VIH-, sin importar cómo se viste la gente que lo mantiene>>. Desde los tiempos en que los sumos sacerdotes transexuales oraban para los mandatarios de la isla de Sulawesi, Indonesia ha interiorizado el concepto de hombres que se visten y actúan como mujeres. <<La mayor parte de las warias optan por el look <<puta rusa>>: ajustadas faldas negras de pvc sobre medias de reijilla, metidas estas últimas dentro de las botas de auténtico cuero rojo. Sacarán el culo hacia la izquierda, moverán su bonito bolso imitación Chanel a la derecha, el posado lucirá sus nuevos implantes de pecho y les ayudará a equilibrarse sobre unos tacones vertiginosos. Siempre hay mucho golpe de melena e interminables muestras públicas de carmín brillante>>.

Los primeros indicios que vincularon el VHI con Indonesia surgieron de estudios con warias: <<La última vez que alguien se había molestado en investigar, allá por 1997, un 6% de las warias de Yakarta estaban infectadas por el virus>>. Los cuestionarios de vigilancia internacional para cuantificar las infecciones no estaban adaptados a las warias: <<De hecho, de acuerdo con las estimaciones nacionales, nadie en Indonesia fue infectado por VIH teniendo sexo anal. Los clientes de las warias no llevan pintalabios, ni minifaldas; llevan vaqueros y chaquetas de cuero, uniformes de funcionario o camisas sudadas de descargar sobre los puertos. Puede que no haya suficientes warias, pero ellos sabían de la existencia del VIH en este grupo, y sabían que las warias no se infectaban entre sí, sus infecciones provenían de sus clientes <<heteros>>. Y había muchos clientes>>. Se desconocía casi todo acerca de estos, aparentemente heterosexuales. Las warias son la alternativa a las prostitutas porque muchos, erróneamente, consideran que hay menos riesgo de VHI pero, de hecho, en Yakarta es 10 y 20 veces más probable que una waria esté infectada por VHI que lo esté una prostituta. Una de las razones es que <<las warias frencuentemente son el sujeto pasivo del sexo anal, están “debajo”. De todas las prácticas sexuales, el sexo anal receptivo es una de las que más probablemente produzcan una nueva infección por VIH, si asumimos que el compañero insertivo, el de “arriba”, está infectado>>.

CLIENTE

Hay dos tipos de interacción con los coches que merodean lentamente transportando al lustroso, al insatisfecho o al medianamente curioso. Primero, el pasar despreocupadamente; las <<chicas>> charlan entre ellas y fingen algo de incomodidad al ser interrumpidas por tipos aguardando negociar sus servicios. El otro método de venta es más descarado: los vestidos relucientes se abren ante los coches que acechan a la vista de un despliegue completo de mercancías.

Descubrimos que el 60% de hombres que decía tener sexo con warias eran hombres casados, y más o menos la misma proporción, decía tener novias ocasionales. Un 80% de loa clientes de warias dijo que también compraba sexo de mujeres, mujeres <<reales>> con doble cromosoma X.

Un tal Fuad –un chico de pago cuya novia se prostituye- compartía la opinión de que el sexo oral es ofensivo para las mujeres, incluso para las prostitutas. Así que iba a una waria, también conocida vulgarmente como banci: <<A mí las mujeres me atraen 100%. No pienses que porque voy a banci soy maricón>>.

 

Espero que lean este libro.

 

La sabiduría de las putas

BURÓCRATAS, BURDELES Y EL NEGOCIO DEL SIDA

ELIZABETH PISANI

Traducción de Javier Río Navarro

Ensayo Sexto Piso, 372 pp.

Formato: 15x23cm.

ISBN: 978-84-96867-96-3

P.V.P.: 24,00€