El turismo también provoca fobia

Cuando se habla de turismo en España, en particular durante los tres últimos años,  es inevitable hablar de  récords. Y   la idea de récord va asociada a un asunto altamente positivo para el país, por mucho que en los últimos tiempos empiecen a  difundirse y extenderse algunos planteamientos que apuntan hacia una incipiente  fobia  hacia el sector.

Las cifras que se están manejando para este año  eran sencillamente impensable hace tan sólo seis años, cuando a España arribaron cerca de 53 millones de turistas extranjeros. Si  las previsiones se cumplen, este año se superará la cifra de 84 millones de personas llegadas desde fuera. Es decir, 30 millones de personas más que hace  apenas seis años. La cifra de visitantes extranjeros duplicará este año la población española. Y el incremento de visitantes en estos seis años  casi equivale a la cifra actual de habitantes del país.

Cabría preguntarse si la oferta turística española ha aumentado de forma suficiente en los últimos años como para facilitar la acogida a este inmenso flujo de visitantes extranjeros. Además, con la recuperación de la economía española, a los visitantes extranjeros hay que sumar los españoles que  se desplazan por el interior del país  después de varios años de estabilidad casi absoluta o al  menos de  movilidad escasa. .Este año, los precios que  afectan al sector van a subir, según las previsiones que se manejan, de forma  muy significativa, lo que mejorará  la rentabilidad de las empresas españolas del sector y su capacidad para crecer y expandirse, pero también puede implicar riesgos, como el crecimiento incontrolado de los alojamientos que hacen competencia  al sector hotelero oficial, un fenómeno que está creciendo de forma acelerada y que  está provocando ya distorsiones de diversa  envergadura, no sólo las de tipo fiscal.

Está claro que ha llegado el momento de plantearse algún tipo de política turística que sea capaz de afrontar el reto de gestionar esta marea humana que puede provocar serios quebrantos  a la propia estabilidad social del país, además de los problemas relacionados con el alojamiento, con la suficiencia del equipamiento sanitario, con la seguridad  y con la existencia de   recursos suficientes y adecuados en sectores como el alimenticio  y el consumo privado. .

La aportación del  turismo a  la creación de riqueza del país ha crecido con fuerza en estos años hasta alcanzar, según estimaciones recientes, el equivalente al 16% del PIB, juntando eso sí no sólo las actividades estrictamente turísticas y de ocio sino todo aquello que se relaciona con el tratamiento de este importantísimo colectivo, como las construcción,  las actividades comerciales, los suministros sanitarios y otros muchos. Todas estas actividades han contribuido a facilitar la creación de empleo en los últimos tres años.

Hay muchos motivos para cuidar al turismo y hacer posible que esta actividad se mantenga e incluso mejore su aportación a la economía del país. Pero hay ciertos riesgos derivados de un crecimiento excesivo, de la saturación  de algunas actividades, que convendría vigilar y contrarrestar cuando antes.

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