Más PIB del previsto

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Habrá que esperar todavía algunas fechas para tener una mayor certidumbre sobre las cifras económicas del año 2016 y para vislumbrar si el PIB logra por fin alcanzar y superar el nivel previo a la crisis. Varios analistas y portavoces de instituciones públicas y privadas han anticipado un aumento del PIB del 3,3% durante el año que acaba de finalizar. El próximo día 26 de este mes de enero sobremos los resultados de la Encuesta de Población Activa (EPA), estadística de capital importancia para conocer la vitalidad real del sistema productivo, traducida en creación de empleo. Pocos días más tarde, el INE dará otra cifra relevante, el avance del PIB en el último trimestre del año 2016, lo que anunciará el día 30 de este mismo mes.

Con los datos del primero de los indicadores en la mano, la evolución de la población activa y la creación de empleo, será posible aproximar bastante la evaluación de la actividad económica en el año pasado. Se da ya por muy probable que el PIB habrá aumentado en torno a un 3,3%, la cifra más elevada de los últimos años, en concreto desde el año 2007, cuando el PIB alcanzó la cota más elevada antes de la crisis, con un PIN de 1,08 billones de euros. Desde aquella fecha, al PIB español ha retrocedido de forma intensa en algunos momentos y en todo caso de forma continuada, en especial durante el trienio comprendido entre los años 2011 y 2013, cuando llega a su punto más bajo después de tres caídas anuales consecutivas.

La lectura que ofrece un ritmo tan importante de aumento del PIB tiene muchas variantes. La primera, que se ha logrado un resultado excepcional en una economía de un país sin Gobierno, ya que durante la casi totalidad del año hemos tenido un Ejecutivo en funciones.

La segunda cuestión que resulta llamativa es el importante equilibrio que ha ofrecido la balanza exterior, algo no habitual en la economía española, que suele embarcarse en elevados déficits externos cuando la economía va a buen ritmo de crecimiento. El sector exterior no está siendo un factor de limitación del crecimiento como pudo haberlo sido en otras etapas recientes de la economía española. Ello se ha debido a la fortaleza de los ingresos procedentes de las exportaciones de bienes y servicios, resultado de la creciente presencia española en el exterior y de los importantes flujos de entradas de turistas extranjeros, que este año pasado habrán superado todos los registros históricos, tanto en número de visitantes como en ingresos. La economía española está creciendo, tanto en los dos últimos años como en el que acabamos de iniciar, con un modelo más apoyado en la demanda interna que en el pasado, lo que no ha ido en detrimento de la balanza exterior. Entre otras cosas porque la capacidad competitiva de los productos españoles en el exterior ha mejorado de forma sensible.

Una tercera consecuencia del elevado ritmo de crecimiento es el menor impacto que van a tener las cifras relativas del déficit fiscal, ya que al ser más elevada la base de referencia, la proporción del déficit sobre el PIB tenderá a ser menor, facilitando de este modo el cumplimiento de los objetivos comprometidos con la Comisión Europea. Ello no implica que la lucha contra el déficit no vaya a ser menos importante, pero al menos suaviza un poco la apariencia de las cuentas públicas, lo que no impide que la lucha contra el déficit deba seguir figurando como uno de los objetivos básicos de la Política Económica. Reducirlo en el futuro debe ser propósito principal de los gobernantes ya que ello permitiría liberar recursos para afianzar aplicaciones más productivas.

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