Sin tele y sin cerveza, todos pierden la cabeza: las barbaridades que se han llegado a hacer por una birra

El mayor experto en zumo de cebada de la caja tonta, el desastroso pero entrañable Homer Simpson, ya no los advirtió: se puede enloquecer sin tele y sin cerveza, brebaje prodigioso que es “causa y a la vez solución de todos los problemas de la vida”. No hay calamidad que no se pueda desterrar al olvido con una buena jarra de birra. Si no que se lo digan a estos antihéroes cotidianos que llevaron las enseñanzas del cabeza de familia amarillo incluso demasiado lejos, hasta sus últimas consecuencias.

Deseo ardiente

“Ella sigue dentro”, debió decir este beodo ciudadano de Dakota del Sur (Estados Unidos) cuando el valiente bombero le sacó de entre las llamas que estaban devorando su casa. “¿Quién sigue dentro señor? ¿Su esposa?”, contestó seguramente el apagafuegos. “No, hombre, no. ¡Mi cerveza! ¡Mi cerveza sigue dentro!”, gritó el desesperado surdakoteño al tiempo que saltaba el cordón policial y se internaba en la vivienda para rescatar a su adorada rubia. Por fortuna (al menos para él), lo consiguió.

Sabor inigualable

Menos suerte tuvo Walter Merrick, residente en Nueva Orleans, cuando su vecino Clarence Sturdivant le pidió que le llevara una cerveza. Amablemente, el bueno de Walter se dispuso a complacer a su amigo, si bien se equivocó de marca y le ofreció una Busch, que no estaba a la altura de su favorita, la mundialmente famosa Budweiser. Lleno de ira y falto de birra, el desagradecido Clarence disparó a su benefactor y se dio a la fuga. Por suerte, las heridas no resultaron ser mortales.

Amor de padre

Considerablemente menos macabra, pero igual de sorprendente, fue la decisión que el hermano del actor Matthew McConaughey, un multimillonario hecho a sí mismo de nombre Rooster, tomó ante el inminente nacimiento de su hijo. Entusiasta de una marca de cerveza muy concreta, aceptó poner el nombre de la misma a su retoño, Miller Lyte, a cambio de un suministro vitalicio. En agradecimiento, recibe cada año 24 cajas de 24 latas, un total de 576 cervezas que equivalen a poco más de birra y media al día. ¿Suficiente?

La peor condena

Para algunos, lo peor de ser privados de libertad es tener que renunciar al amor de su vida. En prisión, a sus parientas pueden verlas en los vis a vis, pero ¿qué pasa con la birra? La auténtica condena es no poder degustar un sabroso y refrescante zumo de cebada, así que no es de extrañar que a algunos les compense fugarse solo para recordar los buenos tiempos. Le sucedió al hombre que escapó de la cárcel y paró en un bar y también al que dejó un rastro de latas tras de sí en su desbandada. Al menos, el segundo llegó a disfrutar de su cerveza.

Celebrando el accidente

A veces, cuando se trata de cerveza gratis, la histeria es colectiva. Y no siempre recordamos la tragedia ajena si se trata de alcanzar la dicha propia, como les pasó a los vecinos de Bareilly (una ciudad al norte de la India) cuando un camión cargado del brebaje volcó en las inmediaciones. Acudieron prestos con bidones, jarras, tazas y hasta bolsas de plástico que rellenar con el manjar dorado. Un improvisado Oktoberfest que solo concluyó cuando un aguafiestas llamó a la policía.

A Dios rogando…

… y el gaznate refrescando. O eso debieron pensar los flamantes feligreses de una iglesia de la texana Fort Worth (y de alguna que otra más) cuando escucharon la llamada del Señor, tras años de hacer oídos sordos, atraídos por un nuevo mensaje: birra gratis en la eucaristía. Se trata de una iniciativa con réplicas alrededor del mundo para despertar vocaciones entre los impíos que adoran al falso ídolo del zumo de cebada (a la sazón, el rebaño más nutrido del planeta).

Integrismo abstemio

Si a Apu, el del Badulaque, quisieron quitarle la ciudadanía pese a ser un ejemplar espringfieldense, al bueno de Nidal Maghrbi, conocido por sus vecinos del barrio de South Memphis como Nick, le acusaron de terrorismo por negarse a fiar una cerveza. Cierto día, una mujer sin blanca entró en su tienda y le pidió que le prestara un par de dólares, que ya se los devolvería. Ante su negativa, la beoda llamó a las autoridades e informó de la supuesta connivencia del tendero con los fundamentalistas del ISIS. Era falso, claro, pero el FBI lo investigó por si las moscas.

Los Obélix de la poción dorada

El pequeño pueblo de Whiteclay, en Nebraska (EE.UU.), es infame por la magnitud de su adicción a la priva. Pese a tener tan solo nueve habitantes, la localidad vende millones de latas de cerveza cada año, lo que la ha convertido en una aldea de irreductibles beodos que resisten con violencia gala a los intentos de las autoridades por calmar su sed desmedida. Tamaño es el problema que, en cierta ocasión, cuando los cuatro establecimientos con birra de la zona tuvieron que cerrar por no poder renovar sus licencias, Whiteclay se convirtió en un pueblo fantasma. Los vecinos prefirieron emigrar que desistir en su contienda etílica.

Ahogada en cerveza

Un hueco especial entre los descerebrados merece la mujer que se saltó un stop y terminó arrojando el coche al agua. Cuando la policía le dio el alto por su todavía leve infracción, la conductora, que estaba disfrutando de una lata de cerveza, se dio a la fuga rumbo al puerto, donde trató de ocultarse. Al ver que los agentes no cejaban en su empeño por cazarla, y siempre con su birra a mano, la susodicha decidió acelerar. Y voló. Y el vehículo acabó en el agua, a seis metros de tierra firme. Pero siguió bebiendo. Hasta que perdió la consciencia, suponemos que por el hundimiento y no por el alcohol, no dejó de apurar su refrigerio. Los agentes estaban anonadados.

BONUS TRACKLa excepción que confirma la regla

Como en este mundo hay gente para todo, no podía faltar en esta recopilación de historias rocambolescas la de una banda de ladrones singular que no mostró interés alguno por la birra. Tras irrumpir en una cervecería de Muelheim (Alemania) y abrir 1.200 botellas de Koenig Pilsener, los maleantes se marcharon con las chapas. No cataron un solo mililitro del suculento brebaje. Tal vez fue porque estaban de servicio o porque eran más de vino, pero el caso es que se limitaron a destapar los botellines y hacerse con un cargamento de chapas para participar en un sorteo que, por supuesto, no ganaron.

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Con información de The Register, Fox 8 (y 2), Fox News, WSPA, The Times of India, NPR, CBS Houston, WREG, Keloland, IDR y NBC News.

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