El español que despeñaba televisores de un monte como símbolo de protesta

Cuando aún no habían aparecido en la parrilla de la televisión en España esperpentos tales como ‘Sálvame’, ‘Mujeres y Hombres y Viceversa’ o ‘First Dates’, y lo más salido de tono que podían ver los telespectadores era ‘Caliente’, aquel programa de variedades presentado por Ana Obregón, ya había quien vaticinaba que aquel aparato no traería nada más que catastróficas desdichas a nuestra sociedad. El mismo año que llegaba a la pequeña pantalla la mítica ‘Farmacia de Guardia’, el predicador Antolín Gómez Ríos clamaba, en Asturias, contra aquel cacharro o, como él prefería llamarlo, aquel “instrumento del diablo”.

No consta que este asturiano de 49 años fuese allegado de algún alto directivo de las grandes plataformas de nuestro país que han acabado por hacer honor al apodo de ‘la caja tonta’ con el que siempre se ha conocido la televisión. Lo que sí es cierto es que, algunos años antes de que llegase el desmadre a la televisión en España y los niños soñasen con ser ‘tronistas’, Antolín Gómez ya advertía a sus paisanos de Oviedo de que aquel invento era sumamente pernicioso para el espíritu. “Por la tele entran el sexo, la violencia y el engaño”, decía este predicador, sin que aún hubiera llegado Sandro Rey a la programación de ningún canal.

Además, lo hacía de una forma muy llamativa, para que nadie pudiera alegar más tarde que no se había enterado de sus advertencias. Junto a un grupo de sus seguidores, subía al monte Naranco los televisores de aquellos feligreses que se unían a sus creencias, no sin esfuerzo, y los lanzaban por un acantilado después de gritar sus proclamas, que extraía del Evangelio. En ese momento de éxtasis, vociferaba: “¡Hemos vencido al demonio!”.

tronaoAntolín Gómez había iniciado su cruzada contra los televisores y los aparatos de vídeo (¿alguién recuerda los VHS?) quince años atrás. Aunque en 1991 los contenidos eran descafeinados, pues no habían llegado los ‘adanes’ y ‘evas’ que paseaban desnudos por una isla mientras eran grabados con todas sus intimidades al descubierto, este asturiano vivía escandalizado con lo que se mostraba ante sus ojos. “La televisión es perversa, inmoral y destructiva para los valores éticos. Para el diablo, cuanta más veas, mejor”, aseguraba en aquella época.

Y no solamente eso, sino que pensaba que las consecuencias que podía tener para la pareja y el matrimonio podían ser gravísimas. “La desgracia y la infidelidad entran en el hogar por su causa”, gritaba este predicador a quienes le seguían. Había algunos vecinos en los que el mensaje caló tan profundo que incluso se deshicieron de su televisor antes de acabar de pagar los plazos. Por supuesto, en casa de Antolín todos estaban absolutamente concienciados con el mensaje que defendía a capa y espada este padre de familia. Reconocía abiertamente que ninguno de sus 9 hijos (sí, tenía su propio equipo de fútbol sala en casa) había visto la televisión jamás y que sus padres le apoyaban y tampoco la veían. “No admitiría en mi casa una ventana abierta a la violencia”, decía este peculiar predicador.

Ahora lo tendría mucho más complicado. Cada día son más los jóvenes y no tan jóvenes que apenas encienden la televisión, pues sus contenidos favoritos están en internet y acceden a ellos a través de su ‘smartphone’, su tableta o su ordenador. Es más, cuando encienden la televisión es para ver con más comodidad y calidad aquello que está disponible en una u otra web. En estos casos, como relatan las crónicas de la época, Antolín tenía bien claro cómo había que actuar: “Hay que destruir todos los aparatos”.

Tecnología y religión: una relación tensa

Visto lo visto en las crónicas de antaño, por alguna extraña razón, entre la religión y la tecnología no existía una buena relación. O quizá sí, pero lo cierto es que Antolín Gómez no era el único iluminado por la luz divina que andaba por el mundo tratando de convencer a quienes le rodeaban de lo perniciosos que eran aquellos aparatos que comenzaban a inundar las casas. Algunos años antes, en Francia, hubo quien también sintió un arrebato y, aunque de una forma más drástica, trató de convencer a sus paisanos de que la tecnología no traería nada más que problemas.

television

Dios está contra la electrónica. Ha cometido un gran error. ¡Ahora soy yo el centro del mundo!“, gritó François Nevot al tiempo que asestaba una puñalada al cura de la localidad francesa de Attigny. Después de cometer tal tropelía y pensando que había acabado con la vida del clérigo, regresó a su casa para escribir distintas cartas, una incluso destinada al presidente de la República, en la que reconocía su crimen.

Por suerte, todo quedó en un susto. El agredido, de 55 años, tuvo a la fortuna de su parte pues llevaba una gruesa cartera en el bolsillo interior de la sotana y fue ahí donde se clavó el cuchillo. Así que, tras reponerse del susto, el sacerdote fue a la comisaria a contar a los gendarmes lo que había ocurrido. No tardaron en ir a la casa de Nevot para detenerlo y devolver al lugar del que no debería haber salido, es decir, el hospital psiquiátrico de Prémontré. Quién sabe si sus disparatadas teorías llegaron a oídos de Antolín Gómez. Que ya se sabe: Dios los cría y ellos se juntan.

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Con información de Twitter (y 2)

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