Cuando la mafia repartía tarjetas de visita (literalmente)

Aún a día de hoy, pese a los múltiples recursos tecnológicos que tenemos a mano, son muchos los profesionales que no dudan en entregar sus tarjetas de visita para presentarse a posibles clientes, proveedores o simplemente para fardar de tener tal o cual posición en una compañía. Creíamos que Linkedin acabaría por hacer mella en el negocio de las imprentas, pero no. Y poco importa el sector. En prácticamente todos los gremios son habituales estas tarjetas. Taxistas, periodistas, fruteros… Hasta los gangster tenían sus propias tarjetas de visita.

Por disparatado que suene (que lo es, y mucho), los miembros de las pandillas callejeras que durante las décadas de 1970 y 1980 hicieron suya la ciudad de Chicago, llevaban consigo unas tarjetas en las que dejaban claro lo malotes que podían llegar a ser. Con ello, más que abrir nuevas vías de negocio o tratar de convencer a nuevos clientes, intentaban darse a conocer y dejar constancia de su historial. “Las pandillas callejeras hicieron tarjetas de visita mostrando sus símbolos, apodos, territorios y enemigos como un medio para afirmar su orgullo, reclutar nuevos miembros…”, relata Brandon Johnson en su libro ‘Thee Almighty & Insane: Chicago Gang Business Cards from the 1970s & 1980s’, donde recopila estas peculiares tarjetas de visita.

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A diferencia de las que utilizan otros gremios a día de hoy, cuyo objetivo es que quien la recibe lo tenga todo bien claro para contactar con la persona que se lo ha entregado, en las cartulinas de los delincuentes había muchos signos que solo los más expertos en la materia podían desentrañar. Según cuenta Johnson en su recopilatorio, los miembros de las pandillas incluían lemas, hacían gráficos a mano e incluso añadían ciertos acrónimos que tenían un profundo significado, algo que los recién iniciados en el arte de la extorsión y el delito callejero no podían llegar a entender con precisión.

Con el conocimiento que a lo largo de los años ha desarrollado el autor del libro, no obstante, podemos conocer de forma minuciosa cómo las distintas bandas que había por la ciudad del viento se intercambiaban mensajes encriptados y dejaban claros cuáles eran sus propósitos. Por ejemplo, si un nombre o un símbolo aparecía dibujado del revés, quería decir que se trataba de una falta de respeto. Por otro lado, los acrónimos terminados en “K” significaban “asesino”, mientras que si un nombre aparecía tachado es que estaba muerto. Así, de una forma tan sutil, las bandas se atribuían las muertes de los líderes de otras facciones.

Sin ir más lejos, en la tarjeta de la banda ‘Insane Popes’ que Johnson conserva se aprecia cómo alguien escribió a mano unas siglas. Estas vienen a decir que la banda de Kilbourn Park Gaylords (K/P G/L’s) acabó con la vida de Larkin, que por aquel entonces era el lider de los ‘Papas locos’. Uno de los principales hitos de la banda que quedó para la posteridad apuntado en su tarjeta de visita.

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La banda de los Latin Kings, que surgió tras la unión de cuatro grupos diferentes en 1953 con el propósito de luchar juntos para combatir la llegada de otras bandas de latinos a sus barrios también contaban con tarjetas de visita que dejaban a entrever las tensiones raciales que existían en la época en Chicago. Un claro ejemplo son las de sus contrarios, los Almighty Gaylords, que solían utilizar símbolos de la supremacía blanca.

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De la misma forma, esta peculiares tarjetas de visita de las bandas callejeras reflejaban a la perfección el clima social que se respiraba en la ciudad en los años 70 y 80 del pasado siglo. El grupo de los Almighty Gaylords, que fue uno de los que más poder llegó a tener, estaba compuesto principalmente de adolescentes blancos cuyas familias de clase obrera no podían permitirse salir de la ciudad cuando se produjo la llegada de afroamericanos y latinos. Ellos percibían como negativa la afluencia extranjera y lo canalizaban no solo a través de sus actos, sino también a través de las tarjetas.

Y más allá de aquellas que reflejaban unas tendencias ideológicas, había otras que parecían que anunciaban un burdel con conejitos de Playboy dibujados. Incluso las había difíciles de descifrar, ya que algunas bandas gustaban de grabar a mano todo lo que querían expresar. Este era el caso de los Jousters, una banda que ya en la década de 1990 se vio superada en número y acabó por desaparecer.

Jousters

“Un amigo me las dio…”

Por si a esta rocambolesca historia de las tarjetas de visita que repartían los gangster de la ciudad de Chicago le faltase algún ingrediente, hay que sumarle la forma en que Brandon Johnson acabó por interesarse por este tipo de insólitos documentos. Cuenta que todo se debe a que un día se topó con una caja llena de recuerdos de su padre donde había algunas de estas estampas tan peculiares. Su padre le contó que aquella tarjeta en la que aparecían diversos nombres, algunos dados y, por supuesto, el conejo de Playboy, no era más que el trabajo que un amigo “hizo para la clase de artes gráficas en la escuela secundaria y se quedó en eso”

Sin embargo, al cabo de los años, se puso a indagar y descubrió todo lo que aquellas tarjetas encerraban en sus peculiares garabatos. Y claro, no pudo recopilarlas para mostrarlas al mundo. Pero el destino aún le guardaba alguna que otra sorpresa. Porque en una feria del libro donde exhibía sus adquisiciones, el propio Brandon Johnson cuenta que un miembro de los antiguos Latin Kings se acercó a su puesto y no pudo contener la fascinación al encontrarse con esos documentos. Unos papeles sumamente inofensivos que escondían tras de sí historias e historias de violencia que plagaron Chicago durante varias décadas.

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Con información de The Almighty And Insane, Its Nice That, Chicago Reader, MentalFloss y The Guardian.

Por tu bien, no cojas una tarjeta de estas…

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