El semáforo que no se ha puesto verde en casi 30 años

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Al igual que ocurre con los conductores que circulan por muchas ciudades, que apenas tardan unas milésimas de segundo en tocar el claxon cuando el semáforo donde esperan se torna verde y el vehículo de delante no comienza la marcha, los peatones tampoco somos muy propensos a tomarnos los pasos de cebra con tranquilidad. Al menos, los españoles. Si vemos que el muñeco rojo se mantiene durante demasiado tiempo, nos comenzamos a estresar. En otros países, como Italia, resulta más habitual jugarse el pellejo en cada cruce o como en Alemania, que poco importa que el semáforo impida el paso durante, nada más y nada menos, que casi tres décadas.

Sí dos minutos nos parecen eternos, no queremos ni imaginar qué pasaría a este lado de los Pirineos si, como ocurre en la ciudad alemana de Dresde, un semáforo se mantuviera en rojo durante tantos y tantos años. Cuentan que, incluso antes de que el muro de Berlín cayera y tuviera lugar la reunificación de las dos Alemanias, el mecanismo encargado de regular el tráfico en la intersección de cuatro calles al sur del río Elda aún impedía el paso de los vehículos que tenían intención de circular hacia la derecha.

Mientras el resto de coches podía continuar su marcha en cualquier otra dirección sin ningún inconveniente, solamente con esperar unos instantes sin infringir ninguna norma de circulación, no ocurre lo mismo con los conductores que viajan rumbo a la calle Gerokstraße. Y no es que el semáforo lleve escacharrado desde que lo colocasen hace casi 30 años en ese mismo lugar o que no haya presupuesto en las arcas del consistorio de la ciudad para ponerle solución, pues hay destinados hasta 5500 euros al año para que ese semáforo funcione adecuadamente. Simplemente se encuentra siempre en rojo porque así viene especificado en el código de circulación. Ahí es nada.

Semáforo-sencillo

Esto hará que se tambaleen nuestras ideas sobre los alemanes y su precisa forma de hacer las cosas, lo sabemos. Pero al parecer, en las normas se dice que ese semáforo se encuentra en rojo para indicar a los pilotos que ahí deben detener su marcha y, acto seguido, no necesitan nada ni nadie que les indique que pueden reanudarla. “Dado que en Ziegelstraße solo está permitido girar a la derecha, de acuerdo con la sección 37 de la regulación de transportes 27, podemos pasar sin usar la luz verde del semáforo”, asegura un portavoz del Ayuntamiento de Dresde al ser consultado por esta peculiar cuestión.

Sí, todos pensaríamos que lo más apropiado en este caso sería instalar una señal de Stop o alguna otra indicación para que los conductores supieran que deben detener la marcha y para, de paso, ahorrar electricidad. Pero esa opción no parece estar contemplada en la regulación en este caso.

De ahí que ningún peatón ni conductor haya protestado nunca, o al menos que se tenga registrado, por ese semáforo que luce en rojo desde antes de la unificación. Tampoco es que esta extraña norma del código de circulación haya provocado dudas en quienes por allí han transitado con su coche, porque (y esta es una muy buena noticia) no se ha registrado ningún accidente en los 28 años que el semáforo no ha cambiado su color. Al menos, ninguno de gravedad.

Estos alemanes, siempre tan comedidos

Seguro que a muchos ha sorprendido saber que hay algo en tierras germanas que no funciona como está mandado. Toda la vida pidiendo piezas allí y al final encontrarnos con esto es, sin duda, un varapalo. Más aún sabiendo como sabemos que Alemania es uno de los países que más cuida la cuestión de los semáforos. Tanto es así que algunas de sus ciudades han sido pioneras a la hora de instalar semáforos en el pavimento de las calles para evitar que los viandantes que caminan mirando el móvil sufran algún accidente.

Como parece imposible convencer a los peatones de que despeguen la vista de la pantalla del móvil para que así presten atención a las señales de tráfico, las autoridades de la ciudad de Augsburgo han decidido poner en el suelo los semáforos que indican cuándo pueden pasar los viandantes. Ahora, además de los tradicionales, las personas podrán ver en los bordillos el rojo o el verde en función de si les está permitido cruzar o no. Se trata de una medida sumamente acertada que ya se ha comenzado a implantar en otras ciudades del Viejo Continente.

En cuestión de semáforos, somos mucho más eficaces en España. ¿Que se fastidia alguno y durante un largo tiempo no aparece por ninguna parte el color verde? En apenas unas horas hará acto de aparición algún técnico para solucionar el problema. Al menos en Granada, donde durante varias horas tres de los cuatro semáforos de una intersección de calles estuvieron en rojo. Eso sí, salvo las personas con algún tipo de discapacidad que, obviamente, necesitan que estas máquinas les den vía libre para pasar sin necesidad de esquivar coches, el resto de los peatones no hicieron el más mínimo caso al percance. Miraban a un lado y a otro y, si no venían ningún coche, allá que iban. A las pruebas nos remitimos:

Por nuestro afán por tocar el claxon, raro sería que a este lado del mundo se diera la situación que viven los conductores que transitan por Dresde, que durante 28 años no han visto ese semáforo en verde jamás. Aquí el escándalo haría que los vecinos de la zona se quejaran al Ayuntamiento, que, solamente para conseguir mantener sus tímpanos, acabaría por mandar un técnico a subsanar la situación. Peculiaridades de unos y de otros.

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Con información de The Local, Berliner Zeitung, Ecomovilidad y La Vanguardia

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