Inventan unos guantes de trabajo a prueba de sierras y martillazos

Nadie que haya trabajado con un martillo, ya fuera haciendo alguna chapuza o como albañil profesional, se ha librado de un buen golpe en la mano. Absolutamente nadie. Ya puedes ser el manitas más habilidoso, que al más mínimo despiste… ¡Zas! Y si hay suerte tan solo tendrás que soportar un terrible dolor durante unos días y, eso sí, despedirte de tu uña morada. En cualquier caso, quienes trabajan en la construcción se exponen a otros muchos más factores que hacen peligrar la salud de sus dedos. Y, en pleno siglo XXI, parece que nadie había pensado en este detalle, hasta que ha llegado el inventor chileno Jorge Sgombic para poner remedio a esta lacra con sus guantes Mark VIII.

Aquellos trabajadores que deban lidiar con sierras, radiales o martillos podrán respirar tranquilos de una vez por todas y despedirse para siempre de los siempre tediosos golpes o cortes que se produce en los dedos. Además, con estos guantes podrán proteger sus manos para evitar sufrir cualquier percance que les obligue a darse de baja y tener que pasar ese mal trago de no ir a trabajar. Podrán cargar ladrillos, palés o algún otro objeto pesado, sin temor a que un despiste acabe por dejarles sin uñas o, lo que sería aún peor, con un dedo fracturado y, en el peor de los escenarios, amputado.

Al igual que en la mayoría de trabajos en los que existe cierto riesgo se obliga a los trabajadores a llevar unas botas de seguridad, que tienen la punta recubierta para evitar que sufran algún accidente en los dedos de los pies, ahora Jorge Sgombic quiere evitar cualquier tipo de percance en las manos. Para ello, ha creado estos guantes que tienen las puntas de los dedos recubiertas con un material termoplástico capaz de soportar desde los golpes de un martillo hasta el corte de una sierra.

En la industria de la construcción, por ejemplo, muchos eran los que buscaban un elemento de seguridad para las manos de los trabajadores que les permitiera realizar sus labores reduciendo el riesgo de padecer algún tipo de percance que pudiera incluso costarle algún miembro de su cuerpo. Pero siempre ocurría lo mismo: cuando se reforzaba la seguridad, se perdía capacidad de movimiento y, cuando los operarios tenían mayor posibilidad de maniobrar, la seguridad descendía. La funcionalidad y la comodidad siempre chocaban. Por estos motivos, los trabajadores quedaban sumamente expuestos a sufrir algún accidente laboral.

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De ahí la necesidad de que llegasen unos guantes como los Mark VIII. No obstante, aunque ya han recibido algun que otro galardón (la invención de Sgombic recibió la Medalla de Oro en su categoría al mejor invento en la feria INPEX 2016 celebrada en la ciudad estadounidense de Pittsburg), aún no están disponibles. De hecho, en la página web de la compañía Resafe aún no aparece siquiera su precio.

Eso sí, al ver las cualidades de estos guantes habrá quien haya pensado que no se trate más que un nuevo producto de Telemierda Entertainment, la franquicia encabezada por Loulogio que ya arrasó en el mercado con productos como Pajilleitor Plus, la Batamanta o la Chorrimanguera. Porque sí, la punta de los dedos estará a buen recaudo con la protección que incluyen los Mark VIII, pero el resto de la falange queda totalmente expuesto a sufrir un golpe o un corte.

Es más, como el propio creador de estos guantes advierte, su producto simplemente nos garantiza algo más de margen a la hora de retirar la mano en caso de que, por ejemplo, no estemos atentos y se nos haya desviado la sierra. Si seguimos cortando y no nos percatarnos de que la estamos pifiando, el dedo podría sufrir igualmente un corte. Ya lo advierten incluso en los informes de seguridad que han realizado para comprobar cuán fiables son los guantes. La deformación máxima que permiten el complemento de protección es de 2,6 milímetros, de forma que “dependiendo del alto del dedo del usuario, en la mayoría de los casos evitaría o en el peor de los casos minimizaría un daño incapacitante de la extremidad”, apuntan.

Sí es cierto que las piezas termoplásticas que se encuentran en las puntas de los dedos están diseñadas para que podamos reaccionar rápidamente en caso de aplastamiento o corte. En caso de que se caiga un palé o alguna pieza pesada sobre nuestros dedos, esas pequeñas piezas serán capaces de soportar más de 140 kilos de peso (esto depende del dedo y de lo robusto que sea).

Sea en las circunstancias que sea, de lo que podemos estar seguros es de que la mayor parte de la responsabilidad todavía recae sobre los hombros de los propios trabajadores. Si están atentos a sus quehaceres y no meten la pata en ningún momento, conseguirán regresar a casa sanos y salvos después de un duro día de trabajo. Sí, también pueden darse ciertos percances en los que nadie tuvo la culpa. En caso de que ocurra esto, estos guantes del inventor chileno Jorge Sgombic cumplirán su cometido y nos salvarán de un accidente mayor. Eso sí, solo pondrán a salvo a la puntita. Como decía aquella picante canción: “la puntita nada más”.

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Con información de Plans Wift, Resafe, Oddity Central y TecnoArtes

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