El loco plan yanqui para ganar la Guerra Fría con una base militar en la Luna

Puede que parezca más el guion de una serie americana, pero lo cierto es que este plan estuvo a punto de hacerse realidad durante los años 60. Entonces, en plena Guerra Fría entre el bando soviético y el estadounidense, los empeños de ambos lados estaban en crear la mejor táctica para derrotar a su rival. Y entre todas esas cuestiones también estaba la carrera espacial por la victoria. Se creía que quien controlara el espacio podría controlar el mundo.

La Unión Soviética abrió la veda con el envío del Sputnik la noche del 4 de octubre de 1957. Fue el primer satélite artificial del mundo aunque no era más que una esfera de metal con algunas antenas, no mucho más grande que una pelota de baloncesto y que solo enviaba señales de radio que emitían un pitido de retorno a la Tierra. Entonces los estadounidenses se ‘emparanoiaron’ con que los misiles rusos podrían ser usados para lanzar armas nucleares para atacarles. Y ahí comenzó todo.

Los rusos, un mes más tarde y conmemorando el 40 aniversario de la revolución bolchevique, enviaron a bordo del Sputnik II a un perro, de nombre Laika, que murió a las siete horas de salir de la atmósfera. Y los estadounidenses temieron que la celebración bolchevique del 50 aniversario, en 1967, llevara a los rusos a la Luna. ¿Y si los soviéticos reclamaban la Luna como territorio ruso? O aún peor, ¿qué ocurriría si establecieran una base militar en la Luna apuntando hacia EE.UU.? No había otra solución que adelantarse en la carrera espacial y comenzar a diseñar un plan para conquistar el satélite antes que los soviéticos.

“Esta base lunar es necesaria para proteger los intereses de Estados Unidos en la Luna y para que Estados Unidos pueda negar las reivindicaciones territoriales, comerciales o tecnológicas soviéticas”, escribió el jefe de investigación y desarrollo del Ejército estadounidense, el teniente general Arthur Trudeau, en marzo de 1959. Dos meses más tarde, el informe de tres volúmenes para el llamado ‘Proyecto Horizonte’ estaba en su escritorio.

Así pretendían construir la base militar en la Luna

El ‘Proyecto Horizonte’ se ejecutaría tras una primera exploración del satélite con el fin de buscar agujeros o cuevas que podrían ser cubiertos y sellados para comenzar a instalar la base.

La misión comenzaría en enero de 1965. Más de 12 cohetes irían rumbo a la Luna cargados con el equipo y los materiales necesarios para la construcción de la base. Una vez allí, deberían llegar los capataces de la obra, es decir, dos astronautas encargados de verificar que todo estuviera en perfecto estado y elegir el lugar más adecuado para la instalación de la base. Estas tareas les llevarían un total de 30 a 90 días. Mientras, vivirían en la cabina de su vehículo de aterrizaje lunar, según precisaban los autores del informe.

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Seis meses más tarde y tras las correspondientes confirmaciones, llegarían los astronautas obreros. Estos comenzarían por descomprimir los materiales y construir la vivienda que les alojaría durante el tiempo del proyecto.

Los módulos de instalación estarían hechos de tanques metálicos cilíndricos de 3 metro de diámetro y 6 de largo, aproximadamente del tamaño de un contenedor de transporte. Estas ‘unidades habitacionales’ deberían ser construidas en unas trincheras que los propios astronautas debían excavar y que, posteriormente, enterrarían con el fin de proteger la base de los los gigantescos cambios de temperatura que se dan en la Luna (fluctuando de 126 °C en la luz del sol a -137 °C en su ausencia), así como de meteoritos o posibles ataques terrestres.

Después de completar la fase de construcción, se instalaría el suministro energético, que provendría de dos reactores nucleares enterrados a una distancia segura de la base, y se comenzaría a acondicionar el interior de los habitáculos con laboratorios y demás estancias.

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En noviembre de 1966, el ‘Proyecto Horizonte’ debería estar finalizado. Entonces, el lugar estaría preparado para que tripulaciones rotativas de 12 astronautas estuvieran durante un año en la Luna antes de regresar a la Tierra.

El equipamiento armamentístico más singular

Como bien sabemos, la seguridad era un tema que preocupaba enormemente a los estadounidenses, así que el ‘Proyecto Horizonte’ también contemplaba armarse hasta los dientes.

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Eligieron metralletas o escopetas que dispararan en esfera para garantizar un mayor éxito en su utilización. En distancias largas, los voluminosos trajes espaciales harían complicado apuntar las armas, muchas veces sujetas por garras mecánicas en forma de mano. Con ellas, que disparaban más de una bala, tendrían más opciones de llegar al atacante. Pero, ¿con qué armas concretas se equiparían para defenderse en la baja gravedad y la falta de atmósfera del satélite terrestre?

Pistolas con balas más que supersónicas

En la Tierra las pistolas tienen un alcance letal de casi 61 metros, pero en la Luna, los fragmentos volarían mucho más lejos, sorprendiendo a los enemigos a más de 1,5 kilómetros de distancia y con mucha más fuerza, ya que no existiría resistencia atmosférica para ralentizar la velocidad de las balas. Tales armas podrían ser disparadas por astronautas o colocadas alrededor de la base para activar con cables y sensores.

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Una bazuca que dispara armas nucleares

Para los blancos más lejanos, aquellos que se situaran entre 4 y 15 kilómetros de distancia, se había planeado la utilización de una bazuca que disparaba armas nucleares pequeñas. Era el Davy Crockett, un arma creada por EE.UU. en los años 50 por la constante lucha armamentística con la Unión Soviética. En la Tierra pesaba unos 23 kilos y debía colocarse sobre un trípode o la parte trasera de un ‘jeep’. En la Luna su peso sería inferior, unos 15 kilos, lo que podría haber hecho posible que los astronautas la dispararan sobre el hombro como una bazuca común.

Sin la atmósfera, el poder destructivo de una explosión de una de estas bombas nucleares no sería tan grande como en la Tierra. Aun así liberaría las suficientes radiaciones para matar a todos en un radio de más de 200 metros desde la explosión.

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El rayo de la muerte de los yanquis

Se trataría de un haz de radiación disparada desde un dispositivo llamado acelerador de electrones. Todo muy técnico para acabar dejando KO de cualquier forma a los enemigos rusos. “Sería conveniente investigar más a fondo el ‘rayo de la muerte’, ya que esta arma no solo sería eficaz contra el personal y los vehículos de superficie, sino que también sería eficaz contra los vehículos de vuelo espacial para los que no hemos proporcionado ninguna defensa”, escribieron los autores.

Una propuesta alternativa (y algo más barata) sería el uso de espejos o lentes para enfocar los rayos del Sol sobre los astronautas invasores y quemarlos vivos. Sin contemplaciones.

Todo este proyecto conllevaría unos gastos de 6000 millones de dólares, lo que equivaldría a unos 49.000 millones hoy (45.800 millones de euros), más otros 25 millones para desarrollar las armas que se utilizarían en la defensa de la base. Unas cifras desorbitadas que sirvieron para frenar el plan. Al presidente Eisenhower, preocupado por el gasto militar, le pareció un despilfarro excesivo y abortó la misión.

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Pero ¿tan real era la amenaza soviética?

Todo apuntaba a que sí. Según los planificadores militares estadounidenses, los soviéticos comenzaron a desarrollar planes para la base en la Luna en 1962 y los mantuvieron hasta 1974, mucho más tiempo que el ‘Proyecto Horizonte’. Y parece que los soviéticos nunca llegaron a construir su base en la Luna por la misma razón por la que no fueron los primeros en alcanzarla: su cohete pesado N-1 tuvo unos fallos de diseño que causaron que sus cuatro lanzamientos terminaran en fracaso.

Finalmente, los papeles de ambos bandos quedaron en un cajón. Y fueron los estadounidenses quienes conquistaron la Luna el 20 de julio de 1969. ¿O no? Las teorías y leyendas que ponen en duda que el hombre llegó a la Luna dan para otro artículo.

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Con información de Neatorama.

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