“Cariño, eres un filático”: camufla con palabras anticuadas las quejas sobre tus seres queridos

¿Cuántos calificativos (o mejor dicho descalificativos) se te han ocurrido en los momentos de enfado? Seguro que unos cuantos. En ciertas ocasiones, incluso más de los que te gustaría escuchar retumbar en tu cabeza. Aún así, no son nada con la variedad de palabras que nos brinda el castellano para poner a caer de un burro a alguien.

El diccionario online Onomateca, en su versión más poética, se ha encargado de recopilar esas palabras aceptadas por la Real Academia Española y en desuso, para evitar que te quedes sin armas en mitad de cualquier pelea dialéctica. Ya lo advierten ellos, son “definiciones tróspidas, divertidas, poéticas y WTF del DRAE”. La riqueza de nuestro léxico es tal que te dejará patidifuso. Toma nota, que hemos empezado.

De lipendi a zurumbático pasando por estíptico

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La palabra “tonto”, tan habitual cuando de menospreciar a alguien se trata, tiene ya de por sí variados sinónimos. Torpe, lelo, embobado, plasmado… Todos ellos, además, son popularmente conocidos. Ahora bien, ¿qué pasaría si la próxima vez que tu hermano pequeño te hiciera una de sus jugarretas le llamaras lipendi? Puede que te mirara con cara extraña y ni reparara en lo que dices, pero eso sí, tú te quedarás bien a gusto refiriéndote a él como “tonto o bobo”. Si lipendi no te convence, te podrás decantar por tacharle de zurumbático, que viene a ser “lelo, pasmado o aturdido”.

Y si quieres lucirte y elevar a un nivel más la trifulca, puedes recurrir a términos como cernícalo (“un hombre ignorante y rudo”) o estíptico. Este último insulto tiene una doble acepción que sin duda te dará mucho juego, ya que puede referirse a alguien que esté estreñido o a una persona avara y mezquina. El uso y el significado te lo dará el contexto de la situación. Lo dejamos a tu elección.

Los más filáticos o destripaterrones de la familia

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Si a tu alrededor hay alguien tan pedante que no para de utilizar términos rimbombantes para referirse a cosas simples, siempre le puedes decir: “Querido/a, eres un filático/a. Te elevarás a su altura, e incluso puede que lo dejes en fuera de juego como no sepa que te estás refiriendo a él o ella como alguien que “emplea palabras rebuscadas y raras para exhibir erudición”. Sí, más o menos lo que nosotros estamos haciendo aquí. Pero, ¿y lo bien que te va venir?

Sobre todo cuando tengas delante a algún destripaterrones, como también podemos definir a los “toscos y cazurros”. Si nos atrevemos a utilizar con ellos este término tan filático (vayamos poniendo en práctica lo aprendido), puede que logremos acabar con esa rudeza que les característica. Si nos lo proponemos, quizá consigamos desasnarlos, entendido como “hacer perder a alguien la rudeza, o quitarle la rusticidad por medio de la enseñanza”. Que alcancemos o no nuestro propósito no dependerá de nosotros. Pero por intentarlo que no quede.

El badulaque es una ofensa, no la tienda de Apu

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Así es la cruda realidad. Aunque lleves años pensando que el badulaque no es más que el comercio al que acude la familia amarilla más famosa de la historia de la televisión, tenemos que decirte que estás equivocado. Badulaque, en castellano, se refiere “a una persona impuntual en el cumplimiento de sus compromisos”.

No sabemos que se le pasó por la cabeza al director de doblaje de nuestro idioma, Carlos Revilla, cuando “tradujo” su nombre original (Kwik-E-Mart, algo así como supermercado rápido) por Badulaque. Algunos apuntan que quizá sea una similitud entre la variedad de ingredientes del afeite (la primera acepción de badulaque que da el diccionario) y la diversidad de productos que se venden en el comercio del entreñable Apu Nahasapeemapetilon.

Así que la próxima vez que alguien no cumpla con lo prometido, no te cortes y tíldale de badulaque. Lo único, eso sí, debes tener en cuenta que corres el riesgo de que en lugar de ofuscarse se eche unas risas.

Con un tono más cariñoso: estar chocho o ser una nefelibata

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Sin intención alguna de que la sangre llegue al río, siempre puedes dejar impresa tu huella más punzante sobre algún ser querido utilizando el término chocho. Sí, lo has leído bien: cho-cho. Además de lo que estás pensando, en el diccionario también dícese de la persona que se muestra lela de puro cariño. “Qué chocho estás con el niño”. Es un término muy usado por abuelas y madres o puede que incluso tú mismo lo hayas utilizado en más de una ocasión si peinas alguna que otra cana.

Ahora bien, si tu propósito es que tu familiar o amigo baje del limbo y vuelva a posar sus pies en el mundo real, entonces tendrás que decantarte por llamarle nefelibata. Así es como, según la RAE, se define a “una persona soñadora, que anda por las nubes”. Aunque las primeras ocasiones fallaremos en la pronunciación, cuando le cojamos la medida quedaremos mucho mejor que recurriendo al clásico: “¡espabila!”.

Eso sí, nos vemos en la obligación de advertirte que si al usar alguno de estos términos corres el riesgo de que la persona con la que estás hablando te mire con cara de cariparejo, si hablas con alguien cuyo semblante no se inmuta por nada, como reza su definición. También puede ocurrir que no haya escuchado la expresión y, mientras tú no escatimas en carcajadas, él o ella se estén preguntando si sería conveniente ir contigo al manicomio.

De lo que sí estamos seguro es que con estas armas dialécticas dejarás KO a tu contrincante en el barro léxico. Pero hay muchas más. De hecho, si conoces alguna otra palabra aceptada por la RAE y que no esté recogida en Onomateca puedes enviarla a través de su web o vía Twitter para que ellos la incluyan.

Y por supuesto, perdonad si nos hemos puesto muy filáticos. El asunto lo requería.


Con información de los términos recogidos en Onomateca.

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