La historia se repite: vamos a mandar un pene a la Luna por segunda vez

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No debe extrañarnos los más mínimo, siempre hemos sido así: nos guste más o nos guste menos, vemos penes por todas partes. Nos dan un folio en blanco y un boli y apenas tardamos milésimas de segundo en saber qué dibujaremos. Efectivamente, un pene. Si queremos gastar una broma a un amigo y pegarle algo gracioso en la espalda, ¿qué dibujaremos? Así es, un pene. Claro esta que si alguien se plantea mandar a la Luna una recopilación de obras de arte en miniatura y pide a los internautas que les manden sus garabatos para incluirlos en el paquete, podéis imaginar qué mandaron la mayor parte de ellos. Exacto.

Por suerte, cuando Carl Sagan envió allá por 1977 dos discos de oro con una muestra significativa de la música que entonces existía en la Tierra, no teníamos internet. Así se ahorró pedir colaboración en la Red y que algún graciosete le colara el ‘Aserejé’ o, peor aún, alguna versión de Pitingo. Desgraciadamente, Golan Levin y David Newbury no han tenido la misma fortuna.

En su afán por mandar al espacio elementos artísticos que reflejasen la vida en la tierra, Lowry Burgess propuso al Instituto de Robótica de la Universidad Carnegie Mellon (en Pittsburgh, Estados Unidos) añadir algunos de estos a la expedición que mandarán en 2016 a la Luna para avisar a los extraterrestres de que aquí hay alguien. Este instituto obtuvo el primer puesto del premio Google Lunar X, por lo que recibirá una cuantiosa subvención de la firma de la ‘gran G’ para diseñar, fabricar y mandar un astromóvil que pululará por territorio lunar.

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Burgess, que en 1989 se convirtió en la primera persona que logró convencer a la NASA de la necesidad de enviar al espacio una carga inútil para el ámbito ciéntifico, convenció tras mucha insistencia a Golan Levin, profesor de la rama de Arte de la Universidad Carnegie Mellon, de que ese viaje espacial debía tener un componente cultural. Los responsables del proyecto le dijeron a Levin que debía llenar cuatro cajas, de un total de 6 onzas de peso (186 gramos), con material que represente culturamente cómo es la vida en la Tierra en pleno siglo XXI. Es lo que han dado en llamar la Moon Arts Ark, el Arca del Arte a la Luna.

Sin embargo, Levin y su compañero David Newbury, que se encargarán de configurar el paquete, decidieron que no lo harían solos. Tuvieron la genial idea (o no) de pedir colaboración a través de internet para configurar parte de ese equipaje que quedaría para siempre sobre la faz de la Luna. Para ello crearon la iniciativa Moon Drawings, en la que todo aquel que quisiera podría mandar un dibujo, un garabato o su mejor obra de arte en miniatura para empaquetarla rumbo al infinito y más allá.

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De todos esos trazos, los primeros 10.000 quedarían grabados en discos de zafiro. Y, como era de esperar, entre todos ellos habrá un pene. Como informaba el propio Levin, los más graciosetes de internet no dudaron en hacer acto de presencia y de todos los recibidos hasta el pasado 7 de mayo, cuando se cerró el plazo, el 3,89% de los dibujos representaban el miembro viril.

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Pese a las advertencias de quienes promovían la participación del respetable, los internautas sacaron su vena más primitiva. “El dibujo que hagas puede viajar más lejos y sobrevivir durante más tiempo que cualquier otra cosa que hagas en tu vida. Por favor, tómate tu tiempo para reflexionar sobre lo que podrías decir o mostrar a algún espectador del futuro”, avisaban en la web de Moon Drawings. “Pues eso”, debieron pensar muchos de los que se animaron a colaborar, “¿para qué me voy a complicar? Lo primero que se me venga a la mente”.

Y ahí no acaba todo. La broma continúa cuando Golan Levin reconoce abiertamente que, al menos uno de los falos, viajará a territorio lunar. “El falo es, sin duda, una de las muchas formas venerables que ha aparecido en el arte desde hace milenios. Yo creo que se merece un lugar entre todos los otros símbolos y diseños que la gente ha contribuido”, afirmaba sin tapujos.

No será el primer falo sobre la faz de la Luna

Si hay vida en la Luna y algún día encuentran toda la porquería que hemos dejado por allí, prefiero no saber qué pensarán de nosotros. Porque entre tanta obra artística, podrán ver una figura extraña, con dos bolas en la parte inferior y algo alargado entre ambas. Y no será (solo) culpa de esta nueva expedición y de la ingeniosa y catastrófica idea que tuvieron Golan Levin y David Newbury: en la superficie del satélite de la Tierra ya hay un pene pululando.

En un chip de cerámica que incrustaron de extranjis en una de las patas de la cápsula de aterrizaje en la Luna de la expedición del Apolo XII, viajaban pequeñas ilustraciones y garabatos de distintos artistas rompedores de la época, como Robert Rauschenberg, David Novros, John Chamberlain, Claes Oldenburg y Forrest Myers, quien pergeñó todo este absurdo plan. También había unos trazos de un genio de la pintura como Andy Warhol, que no tuvo mejor idea que dibujar un falo.

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En este caso, el artista estadounidense no pecó precisamente de disruptor, como han demostrado los improvisados artistas que han participado en el proyecto Moon Drawing. Es más, sabedor de que aquello lo podía haber hecho cualquiera, dijo que era una figura casual que había surgido al unir las iniciales de su nombre. Con lo bien que habría quedado al reconocer que, simplemente, dibujó lo primero que se le pasó por la cabeza.

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Con información de Mentalfloss, Moon Art Proyect, Wired y Yorokobu

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