Elecciones y diplomacia en Holanda y Turquía

¿Han prohibido las autoridades de Holanda la entrada de dos ministros turcos por razones de seguridad? Parece dudoso. Los llegados de Ankara pretendían intervenir en dos mítines de la comunidad turca en los que iban a exponer las bondades del proyecto de constitución turca que va a ser votado en breve en referéndum.

El texto acrecienta los poderes del presidente Erdogan con lo que la deriva autoritaria del país, que tiene a unos 40.000 presos en la cárcel como sospechosos del fallido golpe de estado, parece cada vez más patente. Este distanciamiento de la democracia preocupa en Europa. No debe ser, con todo, la razón de la prohibición de entrada o expulsión de los dos políticos. La razón debe estar más relacionada con la elección que se celebra este miércoles en Holanda. El partido de de Wilders, islamófobo, partidario de limitar el número de emigrantes o de expulsarlos, podía ver aumentar sus votos pregonando que los ministros de Exteriores y de la Familia turcos venían a predicar una doctrina perniciosa a residentes en Holanda de los cuales muchos tienen la doble nacionalidad y votan en el país. “¿Hasta dónde vamos a llegar con nuestra permisividad?” entonaría el populista de Wilders.

Las posibilidades de que de Wilders pueda formar gobierno, aunque consiguiera el mejor resultado, son prácticamente nulas. El voto está muy fragmentado y en la coalición que se formará su partido no entraría. El primer ministro Rutte ha debido pensar que, aún siendo esto cierto, no hay que dar alimento al demagogo que manifiesta a voz en cuello que el Islam y la libertad son incompatibles y que hay que recuperar a Holanda para los verdaderos holandeses. Sus denuncias tienen eco en una franja no despreciable del electorado de un país que ha sufrido más de un atentado político reciente. El último el de Theo van Gogh descendiente de un hermano del pintor.
Rutte intentó negociar con el gobierno turco la llegada de los dos ministros. Erdogan, sin embargo, vio rédito electoral para sí mismo en el pleito. Forzó la entrada de los ministros y, a continuación, al ser expulsados, encontró una forma rentable de hacer demagogia. “El nazismo vive en Alemania y Holanda”, los europeos hablan de libertad pero se ciscan en ella. No se oye ninguna protesta, los europeos no se muerden entre ellos…Todos son iguales, etc…

La diatriba del sultán Erdogan no es muy coherente, en Francia sus ministros han podido dar mítines y Rutte quería discutir el tema. El meollo es que la santa indignación parece le será rentable. Remover el orgullo de los turcos, decirles que los europeos los desprecian resulta productivo de cara al voto del referéndum. Ha manifestado que si los holandeses sacrifican en el altar de sus elecciones las buenas relaciones con Turquía tendrán que pagar por ello. La afirmación es petulante; posee, con todo, Erdogan una baza. Tiene cogida a Europa por semejante parte en el inmenso problema de los refugiados, si él no los acoge temporalmente invadirán Europa. Se habrá probablemente jugado, de paso, la última posibilidad de entrar en Europa. Aspiración que le importa menos que la de aumentar su poder aprobado el referéndum.