Los mil días de Felipe

Escribe mi compañero Isaac Rosa, a propósito de los mil días de Felipe VI: “Habrá que hinchar mucho la prosa cortesana para resumir esta etapa de su reinado. Porque, a pesar de tanto tiempo transcurrido, hay poco que contar: “normalidad institucional”, “transparencia” y “ejemplaridad”. Poco más de lo que ya se contó después de los cien días de obligado balance.

Tampoco es eso. En la historia de las monarquías europeas, ningún heredero se ha encontrado jamás con tantos problemas como el pobre Felipe tras la abdicación de su padre.

Para empezar, con una Monarquía sin monárquicos y, además, desprestigiada por la conducta de algunos de sus miembros. Y no solo del titular de la Corona cuyo nombre, guste o no, siempre figurará con letras de oro en el frontispicio de la historia de España. Aunque solo sea por la transición de una dictadura de cuarenta años a una democracia plena con el partido comunista incluido.

Negar los méritos del “campechano” es tan ridículo como creer que el “preparao” lo estaba cuando el 19 de junio fue proclamado Rey, tras la abdicación, el 18 de junio, de su padre, una abdicación nunca explicada suficientemente. Sobre esta, hasta la reina Sofía se había pronunciado, mucho antes de que se produjera: “A un rey solo debe jubilarle la muerte. Que muera en su cama y se pueda decir: “El rey ha muerto, viva el rey”.

¿Qué precipitó la abdicación? No me hablen de la salud. Siempre ha tenido una mala salud de hierro. Y que, a pesar de los excesos de todo tipo, parece tan fuerte como un roble.

Pienso que tras el escándalo de Corinna y lo de Botswana, la esposa, el hijo y la nuera decidieron que hasta aquí llegó la riada. Y cada uno con sus motivos: doña Sofía, por sufridora esposa, deseaba convertirse en reina madre o madre de Rey; Felipe, por ambición; Letizia, por el lógico deseo de ver a su marido convertido en Rey y ella en Reina aunque fuera consorte.

Qué lejos estaban los tres y los que propiciaron la renuncia de lo que le esperaba al nuevo soberano: un bloqueo político y un largo proceso de designación de candidatos, con interminables rondas de consulta para la que no estaba preparado.

Pena daba verle recibiendo en Zarzuela a los líderes de todos los partidos para escuchar sus milongas, intentando vender lo que no tenían.

Algunos llegaron sin el menor respeto protocolario, en mangas de camisa, vaqueros y zapatillas deportivas con un “hola, Felipe”. Fue este individuo vestido de tal guisa, quien le provocó, regalándole, el 15 de abril de 2015, y durante la visita real al Europarlamento de Bruselas, la colección completa de los DVD de “Juego de Tronos”.

El muchacho posiblemente ignoraba que esta serie no podía ser visualizada en el salón familiar de la casa de Felipe, en cumplimiento de la normativa que impide el uso de los regalos recibidos. Como todo, pasó directamente a Patrimonio.

Lo de los regalos ha sido una de las cosas positivas de estos mil días, dentro de la política de transparencia, con la publicación de la lista de los 326 obsequios recibidos a lo largo del 2015 y su valor en euros.

Felipe, el que más con 151, seguido de Letizia con 80. Para los dos, conjuntamente, 57; las niñas, 16; Juan Carlos, 9; Sofía, 12 y un regalo para los dos.

Esto, repito, ha sido muy positivo y se aleja de los que el rey Juan Carlos recibía. Como aquellos dos Ferrari que el jeque Mohamed bin Rashid, de Dubai, le hizo llegar en noviembre de 2011, valorados en 700.000 euros.

También hay que destacar como positivo de estos mil días, la actitud que ha mantenido, en todo momento, en el caso Nóos. No era fácil ni para él ni para la Institución ver a su hermana, la infanta Cristina, sentada en el banquillo para responder de presuntos delitos. Supo mantener la línea roja para que no le salpicara a él y a lo que representa. De todas formar, el tema no ha terminado todavía.

Obligado destacar, la Ley de Retribución, el Código de Conducta y los recortes de sueldos.

Todo esto, sorprendentemente, parece normal, que lo es en una Monarquía democrática. La de Juan Carlos también lo era. Pero, por su manera de comportarse, él y su familia, no lo parecía.

A pesar de todo esto, la actual Monarquía ya no es una preocupación para los españoles, tampoco es querida, solo aceptada dentro de un orden. Lo que no puede evitarse es que el personal critique a la consorte, a la que parece solo interesarle su aspecto físico, aunque para ello tenga que recurrir permanentemente a retoques, y el modelo que tiene que lucir cada día para sorprender a la “canalla”.