Recuerdos salvadoreños, un libro… y al fondo Nayaf

La base naval de La Unión es la principal base de la marina salvadoreña. Se encuentra en el sur de El Salvador lindando con el golfo de Fonseca, un entrante protegido del océano Pacífico que también limita al este con Honduras y al sur con Nicaragua. A mediados de los años 90 del siglo pasado permanecí algunos días en aquella base efectuando tareas de coordinación a propósito de una operación naval que la Organización de NNUU en Centroamérica, ONUCA, efectuaba en el golfo citado. Dicha operación tenía como objetivo el impedir el trasiego de armas desde Nicaragua hacia El Salvador y en concreto su entrega al entonces Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, el FMLN, que asolaba la tierra salvadoreña. Cuatro patrulleras argentinas e infantes de marina españoles eran los medios que ONUCA empleó en la operación. He aquí la razón de mi presencia en la base salvadoreña antes citada. Y fue entonces allí cuando trabé amistad con un oficial salvadoreño con quien a lo largo de los años he mantenido una periódica correspondencia epistolar. Ha sido recientemente cuando he recibido de su parte un libro que trata los combates habidos en Nayaf (Irak) el 4 de abril de 2004, libro escrito por un periodista español.

Mi amigo salvadoreño me envía el libro, no sin reticencia – luego daré las razones de esta –, porque en él se ensalza una y otra vez la actitud del contingente salvadoreño que allí participó: en concreto la del Batallón Cuscatlán II en el que se encuadraba como oficial un hijo suyo del que se siente muy orgulloso. Y la verdad es que leyendo el libro es para estarlo.

Hablaba antes de la reticencia de mi amigo al enviármelo y así me lo expresa explícitamente toda vez que, leído el libro, lo cierto es que en él no queda muy bien parada la actuación de nuestro ejército español, en concreto la Brigada Plus Ultra II, si bien las ásperas críticas en él vertidas van dirigidas sobre todo a los mandos y por ende al Gobierno del presidente Zapatero.

No escribo ni me gusta escribir sobre hechos en los que no estuve ni tuve arte ni parte; sí que digo, no obstante, que me gustaría algún día saber la verdad de lo allí acaecido, si bien, en mi opinión, lo que allí hicieron nuestras tropas fue sencillamente cumplir a rajatabla las estrictas reglas de enfrentamiento y las ordenes del Gobierno español; un Gobierno que tomó la decisión repentina de retirar nuestras tropas de Irak de forma unilateral y con un desprecio irresponsable a todas las consecuencias que ello podría acarrear. <
El citado libro se alinea conceptualmente de alguna manera con las inefables declaraciones del que fuera Gobernador de Irak en aquellos días, Paul Bremmer, cuando en su libro “Mi año en Irak” habla de forma despectiva cuando no ofensiva de nuestro ejército y en definitiva del honor del mismo.
Es cierto, no obstante, que, siendo atacada la Base Al Ándalus, mientras los soldados salvadoreños y los americanos de “711 signal battalion” combatieron con denuedo a las guerrillas de líder radical chií Muqtada al Sadr, la Brigada española permaneció en gran medida inactiva – seguro que contra su voluntad y con profundo dolor – cumpliendo las órdenes de Madrid, si bien en el libro del que les hablo en este artículo – no en el de Bremmer – se destaca, no obstante, la actuación decidida y valiente de una sección al mando de un alférez y de los “VEC,s” de caballería en determinados momentos de la lucha. Y lo hace de forma muy elogiosa.

Me llama la atención que el autor del libro relata, por otra parte, que el General norteamericano Ricardo S. Sánchez, a la sazón jefe máximo del despliegue militar en Irak, relevó del mando y control absoluto de la base al mando español dándoselo al Comandante del Batallón salvadoreño por el coraje demostrado por sus soldados, algo que no me cuadra con la conocida felicitación que este General hizo posteriormente a la Brigada española por su actuación. Esta es una afirmación que sin duda requeriría una respuesta y aclaración de instancias superiores por la gravedad de lo que se expone.

Los Gobiernos de España, el del presidente Zapatero y también el de Aznar, son responsables directo de los reproches que como consecuencia de aquellos hechos han afectado a la honra de nuestro ejército y duele mucho leer “que el gobierno de los EEUU harto de la doble moral con la que actúan los políticos de Madrid, enviando un ejército para después no usarlo algo que no es propio de un países serios, y que por ello el Pentágono decidió que la defensa del campamento no continuara en manos de quienes son incapaces de comprender la sintaxis más elemental de la guerra”.

No cabe en cabeza humana la insensatez de quienes imponen unas reglas de enfrentamiento, inconsecuentes con la situación en el escenario, a una fuerza que se encuentra en medio de una guerra y en coalición con otros ejércitos. Cuando se está en una coalición no se puede ir por libre. Una insensatez y una irresponsabilidad manifiesta.

La disciplina y el honor son pilares de la Institución militar y no es de recibo que las decisiones políticas del momento pongan en un brete a los mandos militares en cualquier tipo de operación, algo que lamentablemente hemos visto a lo largo de nuestra historia más de una vez.

Y, yo le preguntaría al autor del libro así como a los críticos de lo sucedido:

¿Insinúan acaso que el mando de la fuerza española debía haber hecho caso omiso a las reglas de enfrentamiento y por tanto desobedecer las órdenes del gobierno de la nación? Menuda barbaridad si así fuera y si no es así, ¿qué es lo que pretende el autor con sus críticas al mando español que se limitó a cumplir con lo ordenado?
Esta pregunta abre un debate que me recuerda a lo sucedido hace poco más de cien años cuando el Almirante Cervera salió a la mar sabiendo el desastre que se avecinaba y que fue objeto de controversia durante muchos años.

He contestado, reconozco que con algo de rubor, a mi retirado y amigo salvadoreño de otros tiempos, dándole las gracias por el ejemplo que los soldados salvadoreños del batallón Cuscatlán II dieron de bravura y coraje, y en especial el de su hijo, que si bien en el libro citado aparece con nombre ficticio le identifico por los datos que él mismo me ha dado.

Yo soy de los que creo que para conocer la historia, o mejor dicho una aproximación a la misma, es necesario muchas veces tragarse muchos sapos y leer también no sólo lo que nos gustaría, sino lo que opinan otros de lo mismo. Este es probablemente uno de los casos y por eso les citaré el libro en cuestión: “Aunque caminen por el valle de la muerte” escrito por un periodista llamado Alvaro Colomer.

Nada hay más importante para el mando militar de una operación que el conocimiento claro de lo que hay que hacer y este mando no puede estar sujeto, cuando se encuentra en medio de una guerra, a los cambiantes intereses políticos partidistas del momento sobre todo cuando está en juego el honor de España y de sus ejércitos o dicho de otra forma : no se puede obligar a los mandos militares a tener que decidir entre la disciplina y el honor porque este no es sólo el suyo sino el de España en definitiva.