Estrategia marítima e industria naval

Navantia

En España el 60% de las exportaciones y el 85% de las importaciones se hacen por vía marítima, lo que convierte a la seguridad marítima en un elemento esencial de la seguridad nacional, y así vemos acertadamente que España cuenta con una estrategia de seguridad marítima donde se enlazan los objetivos políticos con las capacidades operativas a alcanzar y todo con el soporte industrial naval consecuente que convierte a esta en un área estratégica para los intereses nacionales. Queda claro que la potenciación de este sector es clave y vital para alcanzar las capacidades requeridas.

Navantia constituye el núcleo de la industria naval española y es la empresa constructora de la práctica total de nuestros buques de guerra, buques por cierto dotados de una alta tecnología, y en primera línea mundial, pero es obvio que la demanda de la Armada española no garantiza siempre la viabilidad de la empresa por lo que se hace necesario la búsqueda de clientes en el exterior y esto requiere sobremanera la cooperación de esta. Así, y como ya he dicho antes, la conjunción de intereses operativos con los industriales se hace perentoria.

En estos momentos debido a las evidentes carencias presupuestarias dedicadas a la defensa parece encontrarse dificultades para la construcción de las nuevas fragatas clase 110, unos buques necesarios para la renovación de nuestra Armada. Barcos que, por otra parte, se estima que durante la década de ejecución del programa, su desarrollo garantizaría 1.300 empleos directos de Navantia, además de otros 2.100 de las industrias auxiliares a los que habría que añadir otros 3.600 vinculados con mayor o menor intensidad a este contrato, por lo que tendría un impacto global sobre 7.000 puestos de trabajo.

Vemos aquí por lo tanto que los intereses operativos de nuestra Armada se conjugan con los de la propia empresa y por ende con el nivel de empleo de un sector importante de la población en Ferrol, Cartagena y Cádiz.
Y al tiempo que escribo estas líneas leo en un comunicado de la Armada que la fragata “Cristóbal Colón”, la joya de la corona de nuestra marina de guerra, se encuentra ya en Australia y se integrará durante cuatro meses en la “Royal Australian Navy” con el objetivo de colaborar en el adiestramiento de las dotaciones de sus nuevos destructores de la clase “Hobart” unos buques diseñados por Navantia y construidos por la filial de esta empresa española en Australia.

Un inquieto lector se extrañaba el otro día de esta curiosa relación con la Armada australiana con la que no nos unen intereses de defensa concretos, y aún lo hacía más preguntándose el porqué unidades de nuestra Armada se encontraban operando tan lejos de nuestros intereses marítimos nacionales. La respuesta a esta inquietud es el objeto de estas líneas.

En relación con Australia no es la primera vez que nuestras unidades navales recalan por aquellas lejanas tierras; en efecto, ya el buque de aprovisionamiento “Cantabria” estuvo allí desplegado durante un año y recordemos, también, que el Gobierno australiano adjudicó al astillero español la construcción de dos buques de desembarco anfibio similares al «Juan Carlos I» de la Armada Española y el programa de construcción de los tres destructores citados antes de la «clase Hobart».

Ahora sin duda el objetivo es que Navantia con la fragata Cristóbal Colón en Australia pueda aumentar las posibilidades del astillero español para hacerse con el mayor contrato de su historia: la construcción de ocho fragatas, que prevé construir la Armada australiana.

Todo un éxito para la industria naval española que encuentra en la Armada española su primer valedor.
En definitiva enlazar los objetivos políticos con las capacidades militares estableciendo una estrategia industrial es tarea que en España está dando buenos resultados y esperemos que siga siendo así y que el Gobierno sea consciente de que la adquisición de barcos de guerra para nuestra Armada no sólo afecta a nuestra seguridad sino a muchos otros sectores de la nación.