Ejército, sociedad y reservistas

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Vienen sucediéndose, con más frecuencia de la deseada, actitudes claramente antimilitaristas por parte de algunas autoridades municipales. Lo hemos visto en Zaragoza o Barcelona por poner algunos ejemplos recientes. Nada de extraño tiene esta actitud toda vez que en uno u otro caso no son más que producto del rencor y seguramente también -en el caso de los nacionalistas- de su clara comprensión de que mientras exista un ejército nacional nunca conseguirán romper la unidad de España.

Sucede, y muy a su pesar, que según todas las encuestas el pueblo español en su mayoría aprueba la posición de las Fuerzas Armadas, y su prudencia en los momentos presentes, largamente manifestada, y eso pese a que no existe una cultura de defensa que podamos considerar amplia y aún menos una consciencia meridiana de la necesidad de la defensa. Hay un hecho palpable y es que la suspensión del servicio militar obligatorio ha propiciado que la cercanía que el pueblo experimentaba respecto a los ejércitos haya mermado. Flaco favor hizo a la defensa nacional el Sr. Aznar cuando, por motivos fundamentalmente partidistas, suspendió de forma bastante torticera la conscripción obligatoria constituyéndose un ejército profesional de voluntarios, desde entonces con muchas carencias. Por supuesto que este paso era irremediable pero había muchas maneras de hacerlo y se escogió la más rápida y desequilibrada.

La situación, hoy, es que España tiene unas fuerzas armadas tecnológicamente avanzadas y con medios modernos pero sujetos a una entidad no acorde con la posición que le correspondería en el concierto internacional como consecuencia de unos paupérrimos presupuestos. Una posible solución a esta carencia de personal operativo podría ser la constitución de un sistema de reservistas tal y como lo encontramos en las naciones de nuestro entorno.

En la actualidad ese sistema en España tiene su regulación en un Reglamento de reservistas de las FAS de 2011 pero su desarrollo y aplicación no parece que den solución satisfactoria a nadie y además no cumple, a mi entender, lo que preconizaba en 1998 el “Dictamen de la Comisión Mixta Congreso-Senado para alcanzar la plena profesionalización” aprobado en sesión plenaria. Este Dictamen establecía la necesidad de un sistema de reserva y movilización que sirviera para completar las unidades de los ejércitos y para llevar a cabo una eventual generación de fuerzas para hacer frente a las necesidades en el ámbito de la defensa y seguridad. En la situación presente no se cumple ninguna de las dos premisas. Un fiasco.

En general, los sistemas de aportación de recursos suplementarios a los ejércitos tienen como finalidad corregir carencias y vulnerabilidades de estos orientándose bien a la generación de recursos individuales o ir más allá hasta la constitución de unidades completas, como es el caso de los EEUU, Reino Unido, Francia o Alemania, por ejemplo.

En España, salvo lo dispuesto para aquellos soldados profesionales que cumplen su compromiso y quedan como reservistas de especial disponibilidad, la realidad es que el sistema se caracteriza por tener una finalidad que no está relacionada con las correcciones de déficits de capacidades del ejército regular. Si acaso cumple normativamente con lo que preconiza el art. 30 de la Constitución respecto a “que todos los españoles tienen el derecho y el deber de defender a España”, si bien de forma muy limitada por ser escasas las plazas convocadas y, además, no dar opción a tantos españoles que desearían vincularse con el ejército de forma temporal.

Hoy, la decepción de los escasos reservistas que conforman nuestro actual sistema es muy comprensible por considerarse infrautilizados; es una gran verdad, pero es que el sistema imperante mediante el cual se incorporan anualmente, durante un periodo de una semana o dos, poco o nada es lo que pueden aportar a las unidades y para estas constituyen, dicho sea de paso, un engorro añadido.

Yo me inclinaría por un modelo que acogiese la organización de unidades completas de reservistas con su propio equipo y medios. Pienso que ello tendría una buena aceptación. Se podrían adscribir a unidades regulares y ser activadas periódicamente. No es ni raro ni difícil. Al fin y al cabo es lo que se hace en el Reino Unido, en los EEUU, en Francia o Alemania.

La defensa es cosa de todos y una forma de cooperación civil con la defensa militar podría estar representada por el reservismo, una aportación voluntaria y temporal de los ciudadanos al servicio de la defensa de España. Creo que es una necesidad y un anhelo seguro de muchos españoles.