Cinco motivos para comer más legumbres

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Ya lo conté una vez: con las legumbres peleo desde siempre. De pequeña era imposible que probara bocado y ahora que soy mayorcita sigo teniendo mis cosas: que si las lentejas sólo trituradas y con pan de ajo, que si las judías sólo en una paella bajo el precioso semblante del garrofò…Si me quieres hacer feliz en la mesa, no me des legumbres. Y no será porque no tienen virtudes, al contrario.

El 2016 ha sido proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas Año Internacional de las Legumbres, una iniciativa que pretende “sensibilizar a la opinión pública sobre las ventajas nutricionales de las legumbres como parte de una producción de alimentos sostenible encaminada a lograr la seguridad alimentaria y la nutrición”.

Así que ya tenemos un plan para el año que viene: comer más legumbres y sobre todo darles más cariño. Y es que las legumbres se lo merecen.

Primero porque son muy generosas en proteínas y aminoácidos de origen vegetal y ayudan a “combatir la obesidad y prevenir y ayudar a controlar enfermedades como la diabetes, las afecciones coronarias y el cáncer”. Es más, las proteínas que proceden de las legumbres cuestan un quinto respecto a las de la leche, es decir, son más asequibles.

En segundo lugar, si nos pusiéramos a buscar aunque fuese sólo un rastro de colesterol en las legumbres no lo encontraríamos. Las legumbres tienen un bajo contenido en grasa, su índice glucémico es muy reducido y son una fuente importante de fibra.

Tercero, las legumbres no cansan sino que enriquecen y hacen más fértiles los terrenos de cultivo fijando en ellos la cantidad de nitrógeno. Y resulta bastante claro que esto tiene un efecto positivo en todo el planeta.

Cuarto, no contienen gluten y esto abre un abanico de posibilidades culinarias y gustativas para las personas celíacas. Y no sólo en la cocina salada sino también la dulce.

Porque, quinto motivo, las legumbres son un ingrediente de los más versátil. Sopa de habichuelas negras en la República Dominicana, frijoles colados en el Perú, curry de garbanzos en la India, Erwtensoep en los Países Bajos. En cada rincón del mundo, encontramos ideas para aprovechar las virtudes de las legumbres de manera cada vez diferente.

En Sicilia, los garbanzos se utilizan para hacer panelle, hojas de masa frita a base de harina de garbanzos. Hay garbanzos en el hummus, en los felafel, pues el garbanzo es otra cosa más que tienen en común los países del Mediterráneo. La harina de garbanzos se puede utilizar también para hacer bizcochos, galletas y postres, mientras las judías son el chocolate de la pastelería japonesa.

El elenco podría ser infinito y casi me convence hasta a mí de que las legumbres son uno de las mejores regalos dietéticos que nos hayan proporcionado. Desde luego no será por falta de propiedades y de semblantes. Hay un libro de reciente publicación con más de 150 ideas para cocinar las legumbres sin aburrirse en el intento, se titula ni más ni menos ‘El gran libro de los cereales, semillas y legumbres’. Ya no tenemos (tengo) excusas para no atiborrarnos a legumbres.

 

Imagen: Logo del Año Internacional de las Legumbres