Trump se vuelve a equivocar

Después de haber recibido el presidente Donald Trump en Washington a la canciller Angela Merkel de una manera grosera y displicente, lo que confirma los modales del presidente de los EEUU y nunca visto en La Casa Blanca con un aliado esencial, el FBI ha vuelto a llamar mentiroso a Donald Trump y ha negado ante el Congreso americano que el ex presidente Barack Obama hubiera ordenado espiar la Torre Trump de Nueva York durante la pasada campaña electoral como lo denunció Trump sin presentar indicios ni pruebas.

Más bien al contrario el director del FBI James Comey si confirmó que se está investigando la intromisión de Rusia en la campaña electoral contra Hillary Clinton y las relaciones de dirigentes rusos con el equipo de Trump.

Estamos ante el enésimo fiasco y disparate de Trump en la política de su país y en la escena internacional y todo apunta a que aún no hemos llegado al fondo de los escándalos que rodean al personaje ni tampoco a los más llamativos disparates que sin duda están por llegar.

Pero resulta asombroso que el Partido Republicano, que entronizó a Trump, se esté tomando las mentiras y despropósitos de su presidente con tanta paciencia y sin hacer la menor advertencia a Trump. Al menos para obligarle a templar su carácter y medir sus palabras y decisiones, porque si esto sigue así la presidencia de Trump terminará pronto y bastante mal, dañando a los republicanos además de a los EEUU.

Hasta hace poco la mentira era en Washington el mayor ‘pecado’ político a quien nadie con un cargo público podía sobrevivir. Pero ahora las mentiras del presidente empiezan a ser algo habitual y no pasa nada. Y lo mismo ha ocurrido con sus colaboradores -salvo el consejero de seguridad que se tuvo que marchar- y especialmente con el fiscal general que ya está siendo, a su vez, investigado en el Congreso al que mintió bajo juramento.

Y esto conduce no sólo al desprestigio de la presidencia y de los EEUU dentro y fuera del país sino al deterioro y desprestigio de las instituciones USA. Al menos hasta que una mayoría del Senado diga basta y ponga en marcha el proceso de destitución -impeachment- presidencial. Algo que parece más probable que la idea de que Trump comience a rectificar.