Escenarios alternativos

La gente sabe o le han enseñado, que las cosas hay que hacerlas donde procede. No vale salirse del entorno previsto. Si uno hace eso, está fuera de la ética conductual y lo que pueda acontecer no queda legitimado del todo por no haberse hecho donde procede. Así, el hombre fue consagrando espacios para acontecimientos específicos. Lugares donde debían hacerse y decirse las cosas. Quizá el primero de esos escenarios debió ser el fuego. La lumbre encendida en el campamento que arremolinaba la presencia de todos los presentes. Seguramente ahí fue donde se establecieron las pautas de conducta y los contenidos de su comunicación. Ese primer escenario es de concordia, adonde acudían los que pretendían acuerdos.

Puede que el siguiente escenario, por el contrario, fuera el de la guerra. Aunque cuesta imaginarse a algunos neolíticos quedando para pegarse, como las bandas modernas, es seguro que habría un cierto consenso en el espacio de la lucha. Espacio donde se podrían poner en práctica las artes destructivas de los intervinientes. Aún hoy, esas citas guerreras tienen lugar en espacios con fuerte carácter simbólico.

Seguro que inmediatamente surgieron los escenarios chamánicos, mágicos, espirituales o religiosos, como se quiera. La construcción de espacios restringidos a las prácticas espirituales está demostrada desde los dólmenes de Antequera en adelante. La residencia del espíritu no se fijó en cualquier parte sino en espacios dedicados a ello. Las ermitas, iglesias y catedrales lo atestiguan.

En definitiva, los seres humanos han relacionado sus actos con escenarios concretos. Uno no se casa en la calle, no se cura en el monte o no hace una excursión por un Ministerio. Los hombres saben adónde dirigirse en cualquier de los casos que se den, de forma que se economiza la acción al saber adónde acudir. Esto fue así, muy especialmente en el arte de la Guerra, hasta que apareció un español, el Cura Merino, quien pasa por ser el inventor de la ya, desde entonces, famosa, Guerra de Guerrillas, expresión que contiene en si la definición. Cambiar la Guerra, en los espacios fijados, por guerras minúsculas que se desarrollan, eso sí, en escenarios alternativos a donde está formado el ejército para su noble lucha. Sorprender en terreno inesperado, golpear y salir corriendo. No se sabe si desde entonces se abrieron las posibilidades de dejar de lado determinada épica y ética guerrera para mejorar resultados y minimizar pérdidas. Lo que sabemos, es que desde entonces los escenarios alternativos se han ido constituyendo en escenarios legítimos donde dar la batalla sin estar en el campo de batalla.

Bien. Todo aquello no debió cambiar de fondo mientras los escenarios alternativos siguieron siendo espacios físicos, hasta que con el desarrollo de los medios de comunicación, aparecieron los medios escritos, primero, y los audiovisuales después, hasta dar en los escenarios virtuales contemporáneos.

Hoy se puede dar la batalla para que una canción sea nº 1 en espacios donde puede que ni se pueda oír la canción. Pueden darse en lo que llamamos el Big Data, batallas en las que parece que no muere nadie pero que puede terminar en otros escenarios reales muriendo muchos. Las batallas se libran sin la presencia de sus líderes al frente de las tropas sino a la espera de que las cosas se hagan virales de una u otra forma.

En los escenarios alternativos virtuales hoy, se mueven muchos más millones de euros que en los escenarios físicos y el propio dinero en sí es hoy más que nunca, un dato alfanumérico en un algoritmo que se mueve de la manera más oscura posible. Las filias, las fobias, las amenazas, calumnias, descalificaciones, insultos, etc. No son sino las puntas del iceberg que vemos que al hacerse hastag asalta nuestras meninges que no pueden controlar la cantidad de escenarios alternativos en donde podemos aparecer o desaparecer para siempre. Y nosotros preocupados por las cortinas.

La realidad se disfraza de virtualidad porque sigue temiendo a la muerte. Abril