Alfabetización rural

cazador

Hay que pensar decía mi padre. No ante situaciones difíciles o directamente malas sino ante cualquier contingencia que requiriera de nuestro criterio. Aquellas en las que tuviéramos algo que decir. Ni que decir de aquellas en las que nos iba algo importante. Si, hay que pensar antes de decidir y sobre todo qué decidir. Tanto hacer, como no hacer. Y nosotros, los cazadores estamos en una de esas situaciones en las que nos va nuestra entidad, lo que somos. No lo que parecemos que somos a los ojos de los demás. Y por estos, no considero solo, ni mucho menos a aquellos que no nos tragan, sino que incluyo también a los seres próximos que nos rodean, familiares y amigos que nos toman como somos porque nos quieren, pero que siguen sin entender por qué cazamos. Y necesitamos ese discurso. Lo necesitamos además, con urgencia. Nos estamos jugando algo más que nuestro porvenir como colectivo social y cultural. Nos estamos jugando nuestro papel como agentes clave de la biodiversidad. Nuestro lugar en el equilibrio natural de nuestros territorios rurales. Territorios que dependen de nosotros, de nuestra acción para preservarse y mejorar, pero que no nos pertenecen a nosotros en exclusividad sino que son patrimonio de todos. Desde luego también de los que nos consideran seres execrables, tipos sin conciencia animal ninguna, sin piedad, asesinos natos.

Nosotros sabemos que no lo somos. Puede que en un pasado sin conciencia ambiental lo fuéramos. Tipos que cazaban sin cupo ni límite alguno. Puede, aunque estoy seguro y así parece demostrarlo la documentación histórica al respecto, que en la condición innata del cazador esta la del conservacionista. Puede que entre nosotros, los cazadores de hoy queden algunos tipos de aquellos. Gente sin conciencia. Lógico, somos un colectivo muy amplio y transversal. Gentes de toda condición, clase y formación y como en Botica, habrá de todo. A pesar de lo que se diga, también las Administraciones Públicas con las que nos relacionamos saben que somos buena gente y que nuestra acción en el medio de los territorios con poblaciones salvajes es imprescindible. Lo que sucede es que no suelen reconocerlo en público. Es lo que los sociólogos llamamos conducta psico social. Responder lo que se supone que es lo que los demás esperan que respondamos, aunque no sea lo que de verdad pensamos. Lo que comúnmente llamaríamos responder para quedar bien. ¿Para quedar bien con quién?

Para quedar bien con la mayoría de la sociedad civil que no nos entiende y de la que esperan en su momento su voto. Esa sociedad que no quiere ni siquiera oír nuestras fundamentaciones: “De eso no quiero ni oír hablar”.
Es verdad que como colectivo no hemos conseguido estructurar un discurso racional que contenga las claves para que “los otros” entiendan de qué hablamos. Pero a pesar de eso, y siendo imprescindible y urgente construir ese discurso, lo que también parece claro es que la sociedad civil actual, urbana y tecnológica, no habla nuestro mismo idioma. Hace demasiados años que se alejó de la ruralidad. De la Naturaleza salvaje solo sabe lo que los documentalistas audiovisuales le quieren contar. Y casi nunca es lo que sucede de verdad en la vida animal salvaje, sino aquello que tenga la mejor posibilidad para dramatizar la realidad de manera que el documental obtenga la mayor audiencia. Lo mismo pasa con las noticias. Y tantas cosas. Por ello, es urgente empezar a concienciarnos de que se necesita una alfabetización rural, de la naturaleza real, no mediatizada en la sociedad civil urbana. Es preciso alfabetizar a quienes tenemos que traspasar los mensajes para que entiendan nuestra lengua. Ahora no saben de qué hablamos. No nos entienden una palabra. ¿Quién da el primer paso?

La escuela de la vida salvaje se ha quedado sin aulas. Y el campo no tiene puertas.Abril