Catalá en la cuerda floja, ¡esto no queda así!

Con su genética pachorra y la frialdad que le gusta exhibir el presidente Rajoy sostiene que es normal ir a declarar como testigo ante la Audiencia cuando los jueces le llamen, que hará lo que le digan sus señorías. Dice, con voz sosegada, que si por tres veces rechazaron citarlo y no dijo nada, tampoco lo dirá cuando le llamen. En resumen: al mal tiempo, buena cara; aparentar como normal lo que es anómalo; porque la cita al banco de los testigos del Presidente del gobierno no es ordinaria, ni normal. Alguien ha fallado, esto no va a quedar así, aunque no se anunciará quién pagará esta ronda, aunque puede ir a cargo del responsable directo del negociado judicial.

No hay otro responsable directo que el ministro de Justicia, un funcionario de carrera de esos que sirven para rotos y descosidos, para cualquier Ministerio y tarea. Una persona típica del perfil que gusta a la Vicepresidenta de todo, que tan cómoda trata de hacerle la vida al Presidente. La Vicepresidenta colocó, con la bendición del Presidente, a Rafael Catalá en Justicia para allanar obstáculos, para evitar contratiempos. El ministro movió pieza con seguridad relevando a una Fiscal General que quería asumir sus responsabilidades, sin hostilidad al Gobierno, pero conforme a su criterio. No quería que la teledirigieran la designación de los fiscales clave y por eso se quedó sin el cargo, y el ministro buscó un magistrado distante de la Fiscalía con agenda de nombramientos en sintonía con el partido del Gobierno. De aquellos polvos vienen ahora los lodos.

El fiscal jefe de anticorrupción, el señor Moix (reconocida lealtad al partido) adelantó a otros candidatos con más méritos y experiencia, e instalado en el cargo, con lealtad a su mentor, ha tratado de imponer su criterio en la Fiscalía y ha fracasado. Lo peor no es el fracaso en sí mismo, esos registros que ha tenido que tolerar, sino el quebranto de la autoridad y la apariencia de dependencia cuando más se necesita demostrar independencia.
A lo largo de la semana al ministro de Justicia le han salido dos agujeros, dos “malus” en su desempeño. Primero la sala de lo Penal de la Audiencia llama a declarar al Presidente cuando no estaba previsto, se esperaba que el 2 a 1 de la Sala hubiera sido un 1 a 2. Y la víctima es el Presidente. Un fallo capital, casi pecado mortal. Y a renglón seguido el fiscal anticorrupción se queda en evidencia ante sus subordinados que le ganan un pulso por goleada.

Las consecuencias se sentirán pasado un tiempo, cuando sea propicio y sirva para quien deba entender entienda.
El Gobierno vuelve a sentir su debilidad, precisamente cuando acaricia un voto favorable al Presupuesto 2017 que puede allanarle el camino hasta el 2019. Gobierno débil pero estable por ausencia de alternativa. Los jueces ganan espacio y capacidad de intimidación.