España-Cataluña, ni siquiera conllevanza

Cada día hay alguna escenificación del caso “Cataluña en España” que es uno de los capítulos más críticos de la España actual. Las señales que se mandan desde las dos capitales, Madrid y Barcelona, son cualquier cosa menos amables, la fosa crece y la dificultad para el entendimiento es cada día más amplia. Es opinable quién separa más, quien tensa más la cuerda, pero lo obvio es que la incomprensión es creciente y no hay ninguna percepción de viabilidad de algunas de las terceras vías que ofrecen algunas personas que confían en que habrá alguna salida, alguna alternativa viable.

Esta semana Durán Lleida presentó un libro en Madrid y Barcelona en el que recoge escritos recientes suyos y su aproximación al problema, crítico con los secesionistas, pero también con el gobierno de Rajoy. Durán ya retirado del primer plano y liquidado por los votantes reclama diálogo pero no va más allá del grito en el desierto. Durán sostiene que el resultado actual del proceso es “un pan como unas tortas” (en catalán “Un pa com unaes hostiès”, que suena más rotundo), que ha debilitado al catalanismo y dividido a la sociedad.

A las mismas horas el secretario general de los socialistas catalanes, Miquel Iceta, siempre brillante y pinturero, flanqueado por Rubalcaba y su antecesor Pere Navarro, presentó otro libro defendiendo la reforma de la Constitución, el federalismo y el reconocimiento de la singularidad catalana, como cauce para salir del embrollo.

Dos discursos que no están en el “mainstream” del debate que enfrenta a unionistas y separatistas, al gobierno de España y su coalición de apoyo (PP y Ciudadanos) y al gobierno catalán (ERC, neoconvergentes y sus extraños aliados de las CUP). Los socialistas están fuera de esa confrontación, lo cual forma parte del problema. También el hecho de que el tinglado de Podemos y confluencias no están ni a un lado ni al otro, aunque apoyan a los que quieren deshacer lo que hay, incluida la Constitución.

El martes pasado, invitados por la Fundación Diario Madrid, dos políticos con recorrido, experiencia y prestigio, que ahora están en el dique seco, (Joaquín Almunia y Andreu Mas Colell) debatieron respetuosamente sobre España y Cataluña con tres preguntas de partida: ¿Qué nos pasa, por qué y cómo se sale?, la financiación; Europa. El debate fue interesante, esclarecedor y decepcionante respecto a las posibilidades de entendimiento. La razón frente al sentimiento, la desconfianza (sobre todo del separatismo) como motor. Escuchándoles no cabía, ni siquiera la conllevanza ortegiana.

Frente a los sentimientos caben pocos argumentos de razón. Mas Colell calificó de repugnante el lema “España nos roba”, pero dejó claro que Cataluña quiere ser un Estado además de una nación. Sostiene Colell que Europa tendrá que asumir que Cataluña es de la familia porque lo contrario es imposible, no podemos quedar en el limbo… (?).

Las sugerencias de Almunia para abrir vías de diálogo, por ejemplo las propuestas de Herrero de Miñón y Roca, o las de Muñoz Machado, no merecieron el menor interés para Mas Colell, que sin embargo advertía, sin detalle, que en Cataluña se oyen propuestas de apertura de un dialogo desde la confianza. Pero siempre con el referéndum como cuestión previa y precipitante del diálogo, incluso sin que esa consulta se celebre, solo con que se admita como posible.

Almunia destacó la trampa que supone el pretendido “derecho a decidir” sobre el que Mas Colell guardó silencio aunque votar sea imprescindible para los separatista. Los sentimientos son poderosos, casi tanto como la religión, y en este asunto los sentimientos son dominantes.

Mi conclusión tras escuchar a personas educadas e inteligentes fue de desasosiego, de imposible diálogo porque una parte, la secesionista, no quiere otra cosa que irse, aunque no disponga de mayorías, ni de razones. Es un sentimiento.