La licencia del Café Comercial como síntoma

El centenario Café Comercial, sito en la madrileña glorieta de Bilbao, no volverá a la vida comercial esta semana, pese a estar preparado para ello, porque el Ayuntamiento necesita ¡cuatro meses! para tramitar una licencia. Que nadie se sorprenda de que en el ránking de “facilidad para los negocios” España aparezca en la cola de los países avanzados, incluso por detrás de alguno menos avanzado.

El Comercial, por el que ha pasado buena parte de la historia literaria madrileña, estuvo operativo, abierto y equipado al servicio de una clientela leal, durante 118 años. Cerró en julio de 2015 por el agotamiento empresarial de sus propietarias y la incapacidad de la familia para mantener la actividad. Cerraron y despidieron de la noche a la mañana, pagaron las correspondientes indemnizaciones y punto final.

Felizmente apareció un grupo empresarial con garbo (al que no tengo el gusto de conocer) y determinación para reabrir el negocio con energía renovada. Arrendó el local, le remozó, informó a las autoridades y estaba dispuesto a iniciar la actividad esta semana. El Ayuntamiento ha decidido que no es momento, que hay que tramitar otra licencia porque en vez de cafetería van a ofrecer servicios de bar-restaurante, que además de chocolate con churros van a ofrecer raciones y tapas. Y que eso significa nueva licencia que hay que tramitar en la oficina de Desarrollo Urbano ¡¡¡Sostenible!!! Y luego en la oficina de protección del patrimonio… en resumen burocracia hostil al comercio.

Las consumiciones del Comercial, cuando consiga abrir y convencer a los burócratas, tendrán que ser un poco más caras para cubrir los costes de cinco meses parados, pagando alquiler, impuestos, tasas, suministros… y unos puestos de trabajo pendientes de ocupar por la pereza burocrática.

¡Cuatroi meses para una licencia! ¿Es normal?, ¿Tiene explicación?, ¿Qué señal manda al mercado? El asunto de las licencias municipales en Madrid tiene su miga, tras algunas catástrofes (Alcalá 20) los funcionarios responsables de otorgar licencias se lo tomaron con cautela, por los riesgos posibles. Eso provocó que algunos avispados montaros negocios de tramitación de licencias por la vía expeditiva, que en ocasiones pasaba por “engrasar las procedimientos” (caso Guateque). Años atrás algunos alcaldes trataron de activar licencias acelerando los procedimientos, con el silencio administrativo y otros métodos. De paso se activó también el mecanismo de abrir el negocio sin licencia con la complicidad de los municipales que para negocios de bajo riesgo aconsejaban abrir porque nadie se va a oponer. El mecanismo peligroso porque nadie se opone. Hasta que alguien lo hace y entonces empiezan los problemas de la inseguridad jurídica. El caso del edificio España, aunque responde a otras problemática, también puede inscribirse en el síndrome de la licencia complicada.
Cuatro meses para otorgar una licencia de reapertura a un negocio de restauración es la demostración de hostilidad al comercio. La alcaldesa debería interesarse; conoce el café y su historia; seguro que lo ha visitado en más de una ocasión. El mensaje que manda la burocracia es decepcionante.