Extrema derecha: xenófoba, racista, machista (y qué hacer para derrotarla)

Korwin-Mikke

El pasado miércoles, 25 de febrero, tuvo lugar en Bruselas una sesión plenaria del Parlamento Europeo (PE). Fue uno de los que en la jerga europea reciben el sobrenombre de “miniplenos”, diseñados para descargar la densidad de los que se celebran mensualmente en Estrasburgo. Como es habitual, varios puntos en aquel orden del día revestían especial densidad y espero comentarlos uno a uno en próximas tribunas de opinión: así, el Libro Blanco de Juncker sobre “el futuro de la UE”; o esa enésima (y rechazable) propuesta regresiva de la Comisión en materia de inmigración, refugiados (proponiendo nada menos que ampliar su retención en centros de internamiento).

Pero, en esta ocasión, el momento de ese Pleno que consiguió romper la barrera de la comunicación fue una intolerable intervención de un diputado polaco de extrema derecha (Janusz Korwin-Mikke), para sostener ¡nada menos! que “las mujeres son menos inteligentes que los hombres” (además de “más bajitas” (…), y que “por eso deben cobrar menos” (¡!!).

En los escasos días transcurridos desde entonces, han sido tantas las manifestaciones de repulsa -y, para empezar, de sorpresa- provocadas por la difusión “viral” de las imágenes del contenido de la breve intervención de este eurodiputado, que nos ha hecho falta a buena parte de los miembros españoles de la Delegación socialista un esfuerzo singular de explicación de lo ocurrido y, como premisa previa, de contextualización.

Así, hemos debido aclarar que el exabrupto neanderthal de este ultraderechista se produjo en ejercicio de una modalidad de interpelación directa -en vivo- y horizontal (cruzada entre parlamentarios sin intervención del Consejo ni de la Comisión) que cualquier miembro de la Eurocámara tiene derecho a ejercer en el curso de un debate y a propósito de la intervención de otro miembro, bien para preguntarle brevemente, bien contradecirle u oponerle una objeción a su discurso. Se trata de la llamada “tarjeta azul” o Blue Card, que debe esgrimirse en alto desde el escaño para solicitar la palabra del Presidente de la Cámara.

En esta concreta ocasión, la parlamentaria en ejercicio de la palabra resultó ser Iratxe García-Pérez, nuestra coordinadora socialista en la Comisión Femm (Comisión de la Mujer, especializada, por extensión, en igualdad de género). La respuesta de Iratxe a las estupideces de Korwin-Mikke, en una réplica inmediata, fue tan contundente, directa y enérgica (-“¡yo estoy aquí, como mujer, para defender a las mujeres europeas de hombres como Ud.!”). Su indignación era la nuestra -hombres y mujeres convencidos de la radicalmente igual dignidad de todas las personas, sin distinción de género-, en modo que no solamente todos los miembros del Grupo Socialista nos reconocimos en Iratxe, sino que también nuestro Portavoz y Presidente del Grupo Parlamentario S&D, Gianni Pittella, intervino posteriormente para expresar nuestro rechazo y condena de semejante animalada, y para exigir que los servicios de la Cámara examinen esas declaraciones y adopten en su caso medidas de sanción sobre el interfecto de marras. Porque, como se adivina, no era la primera vez. No, ni era la primera vez que esos inaceptables disparates racistas y sexistas se vertían en la Eurocámara, ni tampoco la primera que el fascistizante Korwin-Mikki usaba la tarjeta azul para  esparcir su ponzoña con lenguaje insultante y tabernario.

Hasta aquí la contextualización. Pero no menos importante y necesario ha sido, lamentablemente, la explicación de lo que pasa. Porque es necesario insistir una y un millón de veces en lo que está pasando, no sólo en el PE sino en la UE y en sus Estados miembros (EE.MM). Cuantos hayan tenido la amabilidad de seguir mis intervenciones en la web del PE o mis escritos publicados en los años en que he venido ejerciendo mi mandato representativo como parlamentario europeo, habrán podido advertir cuánto y con qué obstinación vengo insistiendo con alarma acerca de la gravedad y de la profundidad de la ola reaccionaria en la que posiciones y discursos de extrema derecha nacionalista y xenófoba se alimentan con discursos cargados de odio y de estereotipos vejatorios contra un elenco creciente de chivos expiatorios, no solamente “minorías” sino enteras categorías de ciudadanía europea (en este caso, ¡las mujeres!).

De modo que, efectivamente, hace ya un tiempo en que musulmanes, africanos, gentes de “otro color”, gitanos, inmigrantes, demandantes de asilo, extranjeros, ciudadanos europeos de otros países de la UE (la “Europa del Sur”, los “europeos PIGS”)… y, cómo no, LGBT, han venido sufriendo los señalamientos infames de un extremismo mentecato. Tal y como ahora vemos, a este mejunje fascistoide no podía faltarle tampoco la salpimienta de un machismo cavernícola que más pronto que tarde mostrase también su desprecio genérico por la mujer -y las mujeres- desde su incapacidad para asumir la igualdad como un valor distintivamente europeo. En el trasfondo, la eurofobia -el odio por los valores que un día distinguieron a Europa- se ha hecho fuerte en los discursos de odio tintados de extrema derecha.

Como otros socialistas, he venido demandando a la familia europea de la socialdemocracia -socialistas, progresistas, europeos en la izquierda- una actitud más asertiva con el combate a este fenómeno y en la asunción de sus riesgos. Cuando digo “asertiva” quiero decir apostar por una reafirmación de nuestros valores en peligro: denuncio que ha sido un error pensar que la extrema derecha no amenazaba a la izquierda pensando que drenaba votos de fuerzas conservadoras: hoy resulta evidente que nos amenaza a todos los que nos tomamos en serio los pilares de la democracia en sociedades abiertas, en cuanto alcanza por entero a los valores fundantes y la razón de ser del propio proyecto europeo. La extrema derecha contamina con su embrutecedora apología del odio todas las bases sociales y políticas de la representación del pluralismo europeo, incluidas, por supuesto, las que tradicionalmente votaron por formaciones socialistas y comunistas.

¿Por qué se han multiplicado tanto, en estos últimos años, los escaños de extrema derecha, tanto en el PE como en buen número de Parlamentos nacionales de los EE.MM? ¿Por qué se ha expandido tanto su visibilidad? Al margen de los estragos de la austeridad destructiva y de las desigualdades que tanto han cabreado a tantos, concurren al menos dos concausas de comportamiento político: 1)- El arquetipo fascistizante prescinde de los factores inhibitorios y frenos racionales fundados en el respeto mutuo. No “se cortan” estos energúmenos a la hora de escandalizar a los demás con intervenciones airadas, salidas de tono, exabruptos. 2)- Es más, todo lo contrario: la “popularidad” de los discursos parlamentarios de la extrema derecha se alimenta del rechazo generado en los demás escaños; cuanto más visceral, mejor para sus intereses, más “viral” acabará siendo su repercusión en las redes, y más eficacia tendrá su deslegitimación del proyecto europeo de la deliberada y buscada demolición de sus instituciones.

Pero es que, además, va siendo hora de que comprendamos de una vez que votar contra la extrema derecha importa, y mucho. Porque cuando llegan las elecciones, los antieuropeístas de extrema derecha votan masivamente: tienen instinto de poder, y lo ejercen con el hambre atrasada de dinamitar la UE por dentro, y dinamitarla desde dentro. Sí, en cada elección europea, los eurófobos de extrema derecha votan mucho, y con mucha fuerza. En doloroso contraste, los europeos europeístas votan/votamos menos, cada vez menos… y más flojito. La conclusión es meridiana, en el curso de estos años de Glaciación europea y crisis interminable, en cada sucesiva elección al PE los escaños eurófobos de la extrema derecha incrementan a ojos vista mientras que los de los partidos tradicionalmente europeístas (populares, socialistas, liberales…..) menguan simultáneamente sus Grupos parlamentarios.

Conclusión: nada hay tan efectivo para frenar y derrotar a parlamentarios machistas, faltones y ultrafachas como Korwin-Mikke, que votar en las elecciones europeas -las próximas, sin ir más lejos- al menos con tanta fuerza como vienen votando hace tiempo los que quieren llenar el Europarlamento de bestialidades cargadas de odio y desprecio a las formas (y fondo) de la democracia.