Llamas en la actualidad internacional

No es propiamente de gloria de aquello de lo que se ha cubierto la Política Local de Londres con sus catastróficos criterios de gestión, cuando pocos años atrás- cabe decir que dentro de un presente histórico – revistió la Torre Grenfell, para mayor  seguridad de sus moradores, de un revestimiento plástico prohibido por su peligrosidad en la práctica totalidad del mundo civilizado. La incompetencia municipal  gestora de entonces se ha visto subrayada después, coronada, por la beocia pasividad del Gobierno conservador de doña Theresa May, cuando se contaban ya a puñados los muertos por las llamas entre los pobladores de la inmensa colmena de población modesta que la habitaba.

Es altamente probable que la titular del 10 de Dowing Street entendiera que si expresaba empatía, interés o solidaridad por la suerte de los inquilinos victimarios, padecería la flema exigible a la “casta” debelada por los podemitas de aquende. En resumen, ha tenido que ser la Soberana, con sus 91 años a cuestas, quien haya bajado a la arena (cenizas en esta ocasión) para salvar el decoro estético del decanato democrático de Europa.

Las otras llamas de la actualidad cursante en el occidente europeo han sido las padecidas por nuestros hermanos hermanos peninsulares de Portugal, endémicamente fustigados, de forma catastrófica, por la hibridación de las lluvias atlánticas – engendradoras de bosques – y los ciclos de sequía que nos suben a los dos Estados peninsulares desde las arenas del Sahara, portadoras de rayos y centellas.