El G-20, espejo del disenso Occidental

Nada más esclarecedor que la esgrima de los principios para evidenciar la fractura de los consensos occidentales en dos órdenes temáticos de la mayor entidad entre los componentes del mundo occidental. Así lo ha revelado el tenor literal del comunicado emitido al cierre de la reunión de los ministros de Finanzas del G-20, celebrada en Baden Baden el pasado fin de semana.

Se ha desvanecido la ilusión óptica que pudiera subsistir respecto al alcance práctico de las bravatas ideológicas detonadas por Donald Trump en sus primeros aleteos presidenciales, una vez traspuestos los umbrales de la Casa Blanca. Su Secretario del Tesoro, Steven Munchin, en una defensa retórica, del proteccionismo comercial y el atrincheramiento arancelario, no tuvo empacho en afirmar que ello era “en beneficio de los trabajadores americanos”… ¡Menos mal que tuvo la delicadeza de explicarlo!

La otra reserva añadida por la parte estadounidense al comunicado final del encuentro económico de Baden Baden fue la referente al cambio climático. Materia esta en la que los pareceres y conveniencias nunca fueron tan claros como lo son las ventajas del comercio libre, tanto para el progreso económico como para el justo reparto Internacional del trabajo.

Insistiendo en las radicales diferencias entre uno y otro punto del diseño estadounidense, habrá que abundar en las existentes reservas entre lo que es la necesaria defensa del medio ambiente y las teorías sobre la dependencia del calentamiento global de la actividad humana, en los términos absolutos en que generalmente se hace. Despreciar o infravalorar la importancia de factores naturales como, por ejemplo, la actividad volcánica significa tanto como ignorar, por ejemplo, el papel desempeñado por ella en la dinámica de las glaciaciones. Por ejemplo, la sobrevenida 70.000 años atrás en los Estrechos Orientales, a la que sólo sobrevivió el 30 por ciento de los humanos de entonces.