El centro-izquierda se suma a la oposición al chavismo

La vía muerta en que se encuentra la negociación de la mayoría parlamentaria de Venezuela con el chavismo puede reactivarse tras de la incorporación de los grupos de centroizquierda al conjunto político de las derechas que han mantenido hasta ahora, sin resultado alguno, la interlocución con el Gobierno de Maduro. La teórica mediación de José Luís Rodriguez Zapatero no ha servido para nada. Menos todavía que la intercesión vaticana, lograda tras de la visita del presidente venezolano a Roma, en el curso de un viaje emprendido sin la previa y obligada autorización del Parlamento de Venezuela.

Paralizada la negociación política en el país resultan asimismo los gravísimos problemas impiden abordar la normalidad constitucional de esa república iberoamericana. Ya no es sólo la catastrófica gestión de las inmensas riquezas naturales del país ni la quiebra de la seguridad ciudadana – barrida por la delincuencia -, o la propia corrupción de la élite gobernante, en sus complicidades con el tráfico de estupefacientes.

No. Quizá el problema mayor de todos sea la supeditación de la Justicia, en todo orden de cosas, al dictado de este Gobierno de Nicolás Maduro. Supeditación, sometimiento sangrante que se resuelve en decenas de presos políticos, por encima del centenar, encarcelados al cabo de procesos penales realizados sin género alguno de garantías. Convertida de cabo a rabo la administración de justicia en un remedo sistémico de las checas soviéticas, exceptuado el desenlace de muerte; ésta se administra por libre en la desbordada violencia callejera venezolana.

Esta semana se cumplen los tres años de prisión del opositor político Leopoldo López, acusado en su día por el Gobierno de Maduro de los desórdenes callejeros que ocasionaron la muerte de 40 personas. En la concertación internacional para exigir su libertad han coincidido Felipe Gonzalez y José María Aznar; mientras tanto, se ha puesto sobre la mesa, la eventual expulsión de Venezuela por parte de la OEA, mientras el Gobierno estadounidense denuncia la nutrida participación del alto funcionariado venezolano en el narcotráfico.

Nunca como ahora había sido tan intensa y precisa la presión Internacional sobre las arbitrariedades totalitarias, sovietizantes, del régimen chavista. Pero también es cierto que tampoco nunca como en este tiempo de Nicolás Maduro, la deriva totalitaria del sistema había llegado a un punto de tanta brutalidad como el que define el caso de Leopoldo López y el del centenar de presos que le acompañan. Como el de secuaces podemitas que le asisten y defienden en España.