Sánchez, el PSOE es todo tuyo

Ya es todo suyo, el PSOE, y a ver ahora cómo torea Pedro Sánchez el morlaco que se le viene encima. El Congreso ha sido un paseo, los críticos han desaparecido, Felipe González ha quedado reducido, lo que es la vida, a un mensaje de video malo enviado desde Colombia y transmitido ¡por plasma!, la vieja guardia no existe, Suresnes es el pleistoceno y ya tiene mando en plaza. Pero lo tiene crudo, porque me temo que la tregua no va a durar mucho y el giro a la izquierda más radical, legítimo qué duda cabe, puede ser ruinoso para él y para el partido. No se le pueden discutir a Sánchez el coraje, la tenacidad y el tesón, pero otra cosa son el sentido común, el conocimiento de la política y el talento.

No es discutible que a partir de hoy Pedro Sánchez cuenta con una Ejecutiva y un Comité Federal que no le va a mover la silla, ya no le van a dimitir nunca la mitad más uno para desbancarle. Nos vende un PSOE controlado por las bases en el que decide la militancia, pero Sánchez y nosotros sabemos que ahora manda él, se ha convertido en el amo, pero el PSOE tiene 100 años de vida y el armario está lleno de cadáveres que en cualquier momento pueden reaparecer.

Sánchez se ha lanzado en tromba a por el voto del 15-M y Podemos, quiere un partido diferente, sueña con una alternativa progresista en el Parlamento para acabar con el PP que a día de hoy es imposible y se ve presidente de Gobierno a medio plazo. Está en su derecho. Yo no lo veo claro, y percibo inmensas contradicciones y problemas. El primero de ellos, y uno de los más importantes, quizá decisivo a corto plazo, el modelo territorial. Se ha cargado la famosa Declaración de Granada, que ya es agua de borrajas, y hace suyos los pensamientos de Miquel Iceta al defender que España es una nación de naciones. Pero no, España es, para bien o para mal, una Nación cuya Constitución es clara al señalar que la soberanía reside en el conjunto del pueblo español.

Quizá cree Sánchez que con este juego de palabras va a calmar y seducir a los independentistas catalanes, lo cual es no conocerles. La experiencia demuestra que esos juegos de sombras chinescas con las cosas de comer no sirven para nada, y no se me ocurre como va a poder ganar el PSOE unas elecciones generales en España con un discurso de este tono en materia tan sensible y esencial. Y ya ven lo que ha tardado Alfonso Guerra en reclamar que se aplique ya el artículo 155 de la Constitución, una evidencia más de que los enemigos de Sánchez están en la cuneta, pero no han abandonado la batalla y van a estar muy vigilantes. Y si lo que pretende con esto Sánchez es acercarse a Podemos también lo tiene crudo. Podemos lo que quiere es acabar con el PSOE, y cada paso y cada acuerdo que formalicen con ellos tendrá ese objetivo.

Lo ha escrito atinadamente hace horas en su Manantial Pablo Sebastián: la desunión es la causa del desastre del socialismo francés, y puede serlo del PSOE, porque hay mar de fondo. Mucha mar de fondo. La escisión, que es una posibilidad, no es fácil. A Sánchez intuyo que o le sale bien la jugada, en cuyo caso merecería un monumento, o liquida el partido para siempre. Todo lo sucedido en el PSOE desde Zapatero no ha sido en balde. Y necesitaremos semanas, o meses, para constatar si es real la intención de Sánchez de curar heridas y pacificar el partido. La primera muestra la tendremos en los Congresos Regionales.

Y por el camino, y en silencio, se ha retirado del todo Javier Fernández, responsable de la gestora durante la tormenta. Una pérdida inmensa para un partido que no anda sobrado de talento honrado. O sea, que Sánchez tiene trabajo por delante. Puede encumbrarse para siempre o certificar la muerte del PSOE. Lo veremos.