Un ídolo del cine ayuda a Palestina

GereNorman

La última película protagonizada por Richard Gere, “Norman”, explora la intersección entre dos mundos ya de por sí peculiares: el de los judíos que habitan en Nueva York y el de la política israelí. Con ocasión de su estreno en Israel, el ya veterano y muy famoso actor, siempre en primera línea en la defensa de los derechos humanos, viajó la pasada semana a Jerusalén donde fue entrevistado por el diario Haaretz.

Para mejor valorar sus declaraciones conviene resaltar el aparente y peligroso vacío en el que Trump ha dejado el problema palestino tras la visita de Netanyahu a EE.UU. en febrero pasado. En la conferencia de prensa que siguió al encuentro entre ambos jefes de Estado, Trump no solo no apoyó la solución biestatal a este intrincado conflicto sino que lo hizo con una notable despreocupación: “Veo la solución biestatal y la monoestatal y me inclino por la que prefieran ambas partes”.

Así, sin más, dejó de lado el importante matiz de que “ambas partes” no son entidades equivalentes sino el más claro ejemplo de una brutal asimetría. Una de ellas es un Estado, reconocido internacionalmente, que recibe ayuda económica y apoyo diplomático de EE.UU., y la otra es una entidad no estatal, bajo ocupación y control militar, cuyos ciudadanos son diariamente sometidos a humillaciones y registros y cuya integridad territorial está siendo erosionada por la creación de nuevos asentamientos ilegales que la trocean implacablemente.

Nadie supo deducir de las palabras del magnate convertido en presidente si significaban un cambio en la política anterior de EE.UU. respecto a la solución del problema palestino, una estrategia fluctuante para nadar entre dos aguas o una indecisión como la que muestran las dudas sobre el traslado de la embajada de EE.UU. desde Tel Aviv a Jerusalén o el nombramiento de David Friedman como embajador en Israel, un enriquecido personaje que en el pasado financió la creación de asentamientos ilegales y apoyó la anexión de tierras palestinas en el territorio ocupado.

En estas circunstancias Richard Gere reflexionó sobre la oportunidad de acudir al estreno y lo discutió con el director de la película, el escritor y guionista israelí Joseph Cedar. Sus entrevistadores resaltaron el ánimo amistoso, relajado y sereno del protagonista de “Oficial y caballero” o “Pretty Woman”, atribuyéndolo a su budismo zen o a haber alcanzado una cualificación profesional tan alta que le permite elegir proyectos artísticos como “Norman”.

La ocupación israelí del territorio palestino fue el asunto más relevante al que aludió Gere, ocupación de la que afirmó que está “destruyendo a todos”. No hay justificación posible para ella, dijo: “Los asentamientos son una provocación absurda y, en el ámbito internacional, son totalmente ilegales. No pueden formar parte del programa de quienquiera que de verdad aspire a un genuino proceso de paz”.

Dejó claramente expuesto su rechazo a la violencia de ambas partes y la importancia de que el pueblo israelí se sienta seguro, siempre que para conseguirlo los palestinos no sean forzados a la desesperación.

Como es natural, dada su vinculación con los grupos pro derechos humanos, Gere se reunió con representantes de organizaciones que desde dentro de Israel luchan por tender puentes para el diálogo palestino-israelí: “Lo que me gustó de los grupos con los que me reuní fue su ilusión, su esperanza, llenos de alegría, amor y dedicación. Su voluntad era perseverar hasta el fin, seguir activos hasta alcanzar sus objetivos”.

También tomó contacto con la organización Breaking the Silence, que se esfuerza por denunciar los abusos militares de la ocupación y que ha sido brutalmente reprimida por el Gobierno. Sobre esto se lamentaba: “¡Es todo tan opuesto a lo que yo entiendo como cultura judía! Poner en tela de juicio a la autoridad [del Gobierno] no te convierte en un traidor o en un kapo [vigilante judío de los campos de concentración nazis]. El criticar las políticas nefastas no te convierte en un judío que se odia a sí mismo. Todo esto es absurdo y es el último recurso de los tiranos”.

¿Cómo un Wasp (blanco, anglosajón y protestante), nacido en Filadelfia, convertido al budismo y cuyos antepasados llegaron a América en el Mayflower, habla con tanta seguridad sobre la cultura judía? Afirma haber penetrado a través de sus interpretaciones (desde el “Rey David” hasta “Norman”) en el ser humano, en sus percepciones y motivaciones, no solo en el simple papel a protagonizar.

Hay que agradecer a quien el arte cinematográfico pone en sus manos tanta capacidad de publicidad el esfuerzo por conservar la atención del mundo sobre el problema palestino. La ONU y la conferencia de París en diciembre pasado intentaron insuflar algo de vida a la desfalleciente solución biestatal. No puede existir otra: la demografía muestra que un Estado único no podría ser a la vez judío y democrático, descartada por utópica e irrealista la idea de un estado binacional justo y equitativo. Aunque otros problemas aquejen a la humanidad, la ocupación israelí del territorio palestino sigue siendo una mecha encendida que conviene vigilar.