Farewell Mr. Obama

Este 20 de enero el presidente Barack Obama termina su segundo mandato presidencial y asume Donald Trump. Nunca una transmisión de poderes ha sido tan accidentada como esta, algo que no es el mejor augurio de lo que nos espera a todos los ciudadanos del mundo. Un territorio desconocido se abre y los indicios, a golpe de “tuit” no ya del candidato en campaña como del presidente electo son, en mucho casos, estremecedores.

No es fácil hacer un balance de la gestión durante dos mandatos del presidente que sale y que llegó, recordémoslo, apoyado en el gran entusiasmo y la esperanza de una gran parte de sus conciudadanos, especialmente de los más desasistidos. Hoy se va con un porcentaje de popularidad elevado por encima del promedio de anteriores presidentes. Ha decepcionado a muchos, le siguen apoyando muchos.

Su mayor logro ha sido la reactivación económica a pesar de recibir la economía en situación muy difícil, la peor desde 1929. Hoy la mayor parte de los indicadores económicos son mejores. No así los sociales pues la desigualdad de riqueza y de renta ha aumentado, algo que empeorará con Trump lo que agudizará la división del país y las tensiones sociales. Para muchos, el “sueño americano” pasó a la historia, para otros pasará.

En el plano político Obama, sin mayoría legislativa durante casi sus dos mandatos, ha enfrentado una oposición brutal desde el partido republicano y desde la multiforme y poderosa extrema derecha del país. En muchos casos, en el fondo de esa campaña de descalificación a ultranza late el odio racista, todavía presente, al negro que ha tenido la osadía de ser presidente de Estados Unidos. A pesar de que Obama ha sido prudente, para muchos de manera excesiva, en todo lo relacionado con la raza y las injusticias flagrantes en torno a ella.

Seguramente las principales carencias presidenciales han sido en política internacional aunque es cierto que Obama se ha encontrado ahí con un panorama en el que Estados Unidos es cada vez menos eso que se llamó “la nación indispensable”. El camino descendente que se inició tras el estrepitoso desastre de la invasión y guerra de Irak a cargo de Bush Jr., ha continuado con Obama en Siria con su ultimátum sobre armas químicas que luego no cumplió, facilitando el camino libre a Rusia.

Su decisión reciente de enfrentar a Israel en Naciones Unidas en su política de los asentamientos ilegales ha sido “demasiado tarde, demasiado poco”, bailando otra vez al ritmo diseñado por Netanyahu. Nada nuevo en la política norteamericana desde la creación del estado de Israel como bien documenta el libro (publicado hace diez años pero totalmente vigente) de los profesores John Mearsheimer y Stephen Walt, “The Israel lobby and US foreign policy”. Frente a este fracaso, sus dos logros son el acuerdo nuclear con Irán y las relaciones con Cuba en ambos casos con bases muy frágiles a reserva de Trump y el legislativo. Otra lacra importante de su mandato, menos conocida por el oscurantismo del tema, es el decidido apoyo a ejecuciones extrajudiciales de gente incluida en la “Kill List” mediante “drones” y que han supuesto además la muerte de civiles que “estaban por allí”. Las cifras, nunca alcanzadas antes, pueden llegar a más de 2.500 en esa lista y un diez por ciento del total en los segundos (el lector interesado puede consultar en varias referencias como ACLU, The Bureau of Investigative Journalism y otros).

También frágil es su mayor éxito en política interna con efectos sociales importantes, el llamado “Obamacare”, paso sin duda histórico para millones de personas pero que cuenta con enemigos muy poderosos, unos por ideología y otros por beneficio pecuniario. Parte del legislativo tiene previsto proceder al desmontaje del sistema desde el primer día.

Finalmente y no menos destacable, Obama no ha cumplido su promesa de cerrar Guantánamo, ejemplo palmario de violación de los derechos humanos y de la legislación internacional así como de los valores que los norteamericanos reclaman como propios, esos famosos “american values”. Ha tenido enfrente intereses muy poderosos pero no ha sabido vencerlos.

Se va Barack Obama. Dejemos que, con el paso del tiempo, sea la historia la que le juzgue. Supo dar a su presidencia un aire nuevo, renovador e inteligente. Pero eso no fue suficiente. Aunque reconozcamos que no se pueden pedir peras al olmo. Estados Unidos es lo que es: un país profundamente conservador. Parece bastante el que haya habido un presidente negro.