Goytisolo

Se decía en Francia que Víctor Hugo era un loco que se creía Víctor Hugo. El mérito está en creérselo. Aquí en España Goytisolo, Juan, ha sido el último que se ha tomado por un intelectual, pese a las actuales dificultades y contrariedades para pretender semejante pretensión.

Solían achacarle que se quejaba de que no le hacían todo el caso que se merecía. En realidad no se dio cuenta de que, ahora mismo, no se hace ningún caso a un intelectual, que no era nada personal con él, sino un signo de los tiempos. Ahora se hace caso de los que salen en la tele, tanto es así que en las tertulias se pide opinión no al que escribe libros, sino al que sale en la tele, como Sardá, por ejemplo.

A Goytisolo le ha pasado como Tápies que quiso ser Picasso y no pudo; pero no solo por el diferente nivel artístico de uno y otro, sino sobre todo porque el de Picasso ya no habrá nunca más. Es un nicho en el mundo del arte que ha desaparecido y aunque salga otro pintor tan bueno como Picasso, ya no será Picasso. Su lugar, su arquetipo, su papel, ha desaparecido del panorama del arte.

Goytisolo fue un loco maravilloso y encomiable que se tomó por intelectual toda su vida y no se dio cuenta que “el intelectual” había desaparecido del mapa y era tan irrelevante como el postillón de coche de caballos.

Julián Benda explicó muy bien el desempeño del intelectual en su libro “La Trahison des Clercs”, el caso Dreyfuss los puso de moda con Zola al frente y la era digital los ha borrado del mapa. Lo que antes se preguntaba al intelectual de turno en la tertulia, ahora se busca en google. No es lo mismo, ¡helas!

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