Y en eso llegó Macron

Mientras tiene lugar el debate entre los tres candidatos a la secretaria general del PSOE (porque de eso, y solo de eso, se trata), vuelo hacia San Sebastián para presentar mi libro “Los idus de octubre”, que trata sobre la crisis de la socialdemocracia europea en general y la del PSOE en particular

No podré pues presenciar, y por lo tanto tampoco comentar, ese debate, del que no espero grandes novedades. Como poco extraje del debate entre Macron y Le Pen al que me refería en mi último articulo en estas paginas digitales. Pero, cualquiera que sea la potencial influencia de ese debate,  nadie duda de la importancia del resultado de las elecciones llamadas “primarias “ socialistas, como bien evidente era la trascendencia que tenían las elecciones presidenciales francesas.

En los últimos días  los medios de comunicación han presentado de una forma un tanto apocalíptica las consecuencias de una posible victoria de Pedro Sánchez. Hasta hace poco todos le  daban por muerto, en una rara unanimidad que va desde La Razón hasta El País, compitiendo ambos en las mayores descalificaciones, cuando no insultos, y agoreros presagios si los militantes socialistas cayesen en la tentación de votar a un “proscrito” que pondría en peligro desde la unidad de España hasta no se cuantas desgracias más.

Según El País, los socialistas nos “asomamos al abismo”, y para algunos el PSOE se juega “el ser o el no ser”. ¿Qué querrán decir con eso?. ¿Qué si gana uno/a el PSOE seguirá “siendo” pero en caso contrario “dejara de ser”?. O sea que unos son el PSOE , incluso 100 %, y otros no lo son?. Una interpretación un tanto tremendista y maniquea…

Pero como no voy a poder introducir en mi análisis lo que se plantee en ese debate, mejor dedicar el tiempo del vuelo a dos acontecimientos importantes. Emmanuel Macron es ya el nuevo Presidente de la V Republica Francesa y el SPD ha sufrido en Alemania una nueva e importante derrota en el histórico feudo socialdemócrata de Renania del Norte-Westphalia.

El “efecto Schultz” se debilita y la socialdemocracia muestra de nuevo su grave crisis. Este el tema de mi libro, aunque esté ambientado en los dramáticos días de octubre en el que Pedro Sánchez dimitió después de perder una votación en el Comité Federal sobre la convocatoria de un congreso extraordinario, que en mi opinión estuvo mal planteada, puesto que los Estatutos del partido mandatan dicha convocatoria, en el caso de que la Comisión Ejecutiva se haya reducido a menos de la mitad de sus miembros, que es lo que provocaron, sin al parecer saberlo, los críticos a Sánchez con la dimisión de 17 de los suyos.

Por aquí se intentó presentar la derrota del candidato socialista francés B Hamon, como un ejemplo de donde llevan los excesos “izquierdistas”. La derrota del SPD en Renania, que malos presagios lleva para las legislativas de septiembre, ¿también es porque Schultz es un “peligroso izquierdista”?. No, el problema es muy de fondo, afecta a las estructuras sociales que han resultado de la globalización ,de la crisis del euro y de la de los grandes partidos políticos tradicionales, a los que los movimientos sociales tipo “En Marche” o “5 Stelle” les están ganando la partida. Como decía Enrico Letta, ex primer ministro italiano defenestrado por Renzi en otra maniobra palaciega, después de lo que ha ocurrido en Francia los partidos políticos tradicionales, de centro derecha y de centro izquierda, no pueden seguir silbando y practicando bussines as usual

Sólo Zapatero, cuyo optimismo antropológico no parece tener cura, sigue negando la crisis de la socialdemocracia, como hizo recientemente en un coloquio en Madrid con Jefrey Sachs, quien le debió mirar con la misma cara de sorpresa y estupor que el secretario general de la OCDE cuando le oía decir en el 2010, ¿crisis, qué crisis, dónde está la crisis?. Para Zapatero, el problema es meramente de liderazgo, se cambia a menganito por fulanita y ya está resuelta la crisis de representatividad de la socialdemocracia.

Pero volvamos a la Francia, y a la Europa, de Macron. Acababa mi última crónica diciendo que para evaluar los futuros posibles de la UE había que esperar a que los franceses votaran. Ya lo han hecho y el resultado aleja el peor de los escenarios, que hubiera significado el fin del sueño europeo.

Ahora en Francia todo el mundo habla de cómo recomponer el paisaje político, sobre todo después de la implosión del PS reducido a un campo de ruinas por la deslealtad de algunos de sus miembros.  Y de como impulsar la integración europea. No es sólo el problema político de un país, por muy importante que sea, sino una verdadera cuestión de geopolítica. La serie de victorias del “populismo”, ese termino poliédrico con el que nos referimos a cosas tan diferentes como el Brexit, el triunfo de Trump en USA o la ascensión de Le Pen en Francia, de Podemos en España o de la CUP en Catalunya.

Macron ha planteado profundizar en la integración, empezando por la zona euro en términos que implican un verdadero salto federal. Habra que esperar a septiembre para ver que respuesta dará Alemania. De momento la acogida ha sido mas bien fría  pero planteada la cuestión como lo hace Macron es posible esperar un relanzamiento del eje franco-alemán, basado en mas respeto a los compromisos adquiridos por parte de unos y de menos dogmatismo  ortodoxia económica por el otro

Pero los europeos tenemos que saber que ni Trump ni Putin quieren una Europa fuerte y unida, o sea fuerte porque esta unida. Macron , que para nada es un nacional- proteccionista  si que ha planteado la prioridad europea en los mercados públicos, y su Buy European se dará de bruces con el America first.

Putin es el gran perdedor de las elecciones francesas, que debilitan su posición geoestratégica al tiempo que su bronca con los EE.UU no hace más que aumentar a medida que Trump se entera de que va la cosa.

También la llegada de Macron cambiara las relaciones con una China convertida en la campeona del libre cambio ante el proteccionismo de Trump. Una Europa más unida será menos vulnerable y más exigente  en sus relaciones comerciales con China

En fin, la llegada de Macron es el signo de los tiempos, de cambios en la forma de hacer política y en las prioridades nacionales de una Francia , más abierta a Europa.

Asistiremos a un revival de la geopolítica, temas más interesantes que tratar que  las salidas de tono del alcalde de Calasparra y de las mentiras de Heredia. Pero la semana decisiva de las elecciones en el PSOE reclamaran nuestra atención más inmediata