Buenas y malas noticias de Holanda

Quizás para celebrar el próximo 60 aniversario del Tratado de Roma, los electores holandeses se han movilizado para impedir que el leader xenófobo y antieuropeísta G. Wilders (del partido PPV) ganara las elecciones del pasado 15 de marzo, como las encuestas hacían temer.

Esta es la buena noticia. Muchos europeos hemos suspirado con alivio. Hollande y Merkel han rápidamente felicitado al líder de la derecha liberal Mark Rutte (partido VVD) que seguirá gobernando Holanda a pesar de haber perdido 8 de los 41 escaños (sobre 150) que había obtenido en el 2012.

Rutte está más lejos de la mayoría y necesitara más de dos socios para formar gobierno. Un gobierno holandés cuadripartito, lo que no ocurría desde 1972, muestra la creciente fragmentación política del país. En el 2012 las cosas fueron más fáciles. Liberales y socialdemócratas llegaron pronto a un acuerdo para gobernar. Pero, y esta es la mala noticia, ese acuerdo les ha costado caro a los socialdemócratas (partido del Trabajo PVDA, al que pertenece el vicepresidente de la Comisión Europea y el del Eurogrupo) que han sufrido una derrota histórica pasando de 38 a 9 diputados. Les ha pasado lo mismo que al SPD en Alemania, las coaliciones con la derecha le cuestan cara a la izquierda.

La coalición de los dos grandes partidos, socialdemócratas y liberales, perdió conjuntamente 37 de sus 79 escaños. Pero los socialdemócratas perdieron el 75 % de los suyos. Cierto que habían sufrido una escisión previa a las elecciones entre los partidarios y contrarios de las políticas de austeridad europeas , pero una parte de sus electores se han sumado a las tesis antieuropeístas y antiinmigración de Wilders y otros se ha ido con el Partido Verde cuyo líder Jesse Klaver ha sido la revelación de la campaña electoral y que con sus 14 diputados (antes tenía solo 4) tendrá gran influencia en la formación de gobierno. Es el gran beneficiado de la derrota estrepitosa de los socialdemócratas, (las encuestas dicen que les ha quitado el 25 % de sus electores) y liderará la oposición de izquierdas.

Hay que reconocer que se lo ha ganado a pulso porque se ha enfrentado abiertamente a Wilders en el problema de la inmigración. Klaver esta bien situado para proclamar que Holanda es una “tierra de inmigrantes” porque su madre es de origen indonesio (antigua colonia holandesa) y su padre de Marruecos. Su discurso no es solo ecologista sino que enlaza con las tesis del economista francés Piketty, en estos momentos gran apoyo del candidato socialista francés Hamon, sobre las razones del crecimiento de las desigualdades. Y además se ha atrevido a hablar bien de Europa en un país que se ha vuelto profundamente euroescéptico.

Klaver representa la irrupción de la ecología política puesta en relación con los problemas sociales en el crecientemente fragmentado escenario político europeo. Lo mismo que pretende hacer Hamon en Francia, aunque la división en el partido socialista entorno a sus tesis no le augure buenas perspectivas electorales. Que el electorado progresista se haya mostrado sensible a este enfoque es otra de las buenas noticias que llegan de Holanda.

Quizás gracias a Klaver, Wilders no ha conseguido hacer realidad sus expectativas. En realidad, aunque hubiera ganado, en el sentido de obtener el mayor número de escaños, estaba excluido que pudiera formar gobierno porque durante la campaña todos los partidos importantes habían rechazado coaligarse con él para gobernar. Pero no es un derrotado, ha obtenido 5 diputados más que en el 2012 y continuará condicionando el debate político en Holanda. Y esta es otra mala notica. Consiguió que las elecciones giraran entorno a los temas que conforman su agenda política: la inmigración, el islam, la identidad nacional, el antieuropeísmo y las desigualdades. Y estos temas no van a desaparecer; como él dice: “no va a ser fácil volver a meter el genio (malo) en la botella”. Y además, ha aparecido un nuevo partido, el Fórum por la Democracia con 2 diputados, tan euroescéptico y antisistema como el de Wilders.

Pero desde el punto de vista simbólico y psicológico, después del Brexit y de Trump, el resultado permite decir que los diques holandeses han resistido al ascenso de la extrema derecha y del populismo. Como ocurrió en las pasadas elecciones presidenciales austriacas. Pero aunque los diques no se hayan roto ante la marea populista-antieuropeísta, este movimiento continúa siendo fuerte y son la segunda fuerza parlamentaria. Lo que ocurra dependerá de lo que haga el gobierno de coalición que se forme, con el riesgo de que el nuevo gobierno de liberales asociados con los cristiano demócratas haga suyo parte del discurso antiinmigración y euroescéptico de Wilders de una manera más digerible para el electorado moderado, pero que en el fondo comparte estos temores.

La caída estrepitosa de socialistas y la mayor fragmentación política no hacen sino reflejar la recomposición del sistema político que está teniendo lugar en Europa. Ni el mundo es como era en el 1957, en plena guerra fría, ni la sociedad europea es la que era entonces en el inicio de los años de prosperidad de la posguerra mundial. Veremos lo que nos deparan dentro de un mes las elecciones francesas que medirán la fuerza de la oleada antieuropea. Pero de momento, y a pesar de todo, las noticias de Holanda son mejores de lo esperado.