Mr. Holmes

Pocos personajes literarios dan para tanto en el cine como el bueno de Sherlock Holmes. Resulta irónico que, cascada mediante, Arthur Conan Doyle intentase desembarazarse del detective porque, 87 años después de su muerte, el hombre ficticio sigue bien vivo -especial mención merece la serie Sherlock– mientras el escritor real es poco menos que una nota a pie de página.

Mr. Holmes es otra película más que recrea el personaje/mito de Sherlock Holmes. En este caso se nos presenta como un anciano nonagenario que vive en el campo, retirado desde hace 30 años, cuidando de sus abejas y huyendo de la sociedad. Pero, sobre todo, como un hombre que, aún lúcido, lucha desesperado contra la pérdida de sus facultades mentales, en especial de la memoria.

Y ahí surge la necesidad de reescribir -él, no Watson, muerto desde hace más de dos décadas- el que fuera su último caso, y del que apenas tiene recuerdos. Pero ese caso, el de una misteriosa mujer, fue tan especial que dejó para siempre tocado al más famoso detective del mundo.

Pero en Mr. Holmes lo detectivesco es lo de menos. Es un filme sobre un soltero al borde de la completa senilidad, un hombre solo que, con la única compañía de su ama de llaves. se enfrenta a la esfinge de la muerte entre la desolación y su espíritu científico. Por supuesto, también aparece el inevitable niño brillante como última alegría del anciano.

Este filme es interesante por su recreación del mito de Holmes. La última media hora quizás sea demasiado brusca y, al tiempo, previsible, pero en general la película se ve con placidez, sin demasiado esfuerzo.

Pero si la traigo a este mi pequeño rincón es por la memorable interpretación de Ian McKellen, más conocido por su papeles como Gandalf y Magneto. En Mr. Holmes borda su papel como anciano en declive con un despliegue de recursos interpretativos rara vez visto. Que pasase tan desapercibido de premios y certámenes solo prueba la ceguera de los responsables de estos eventos.

Mr. Holmes, como suele pasar con la larguísima filmografía del personaje, se encuentra por debajo del prestigio del detective. Algo lógico. En cualquier caso, es una nueva mirada sobre el mito que cuenta con un protagonista en estado de gracia.