Los franceses han votado ocho veces en poco más de medio año

En poco más de medio año, los franceses han sido llamados ocho veces a las urnas, entre las primarias de la derecha y la izquierda, las presidenciales y, ahora, las legislativas, todas ellas a dos vueltas.

TIB101 Henin Beaumont France 18 06 2017 - A man casts his ballot in the second round of the French legislative elections in Henin-Beaumont northern France 18 June 2017 France holds the second round of parliamentary elections on 18 June 2017 just under two months after Emmanuel Macron took office as French President Elecciones Francia EFE EPA THIBAULT VANDERMERSCH |

Michelle esconde sus ojos azules tras unas gafas de sol que, a duras penas, sostiene en su pequeña nariz mientras arrastra su patinete por los pasillos de una escuela del distrito 19 de París donde se ha instalado una de los 67.000 mesas electorales de la segunda vuelta de las legislativas francesas.

Su padre, Marc, quiere inculcarle la importancia de votar y, por eso, siempre le trae a cada votación. “Voté en una de las primarias, en las presidenciales y ahora en las legislativas. En su corta vida ya ha venido seis veces a votar. Esta mañana, cuando salíamos de casa, me dijo: ‘Otra vez vamos a votar, papá”, relata a Efe el elector.

La saturación electoral es una de las causas que apuntan los expertos para explicar el bajo nivel de participación que se espera en estas legislativas, en las que, según los sondeos, puede batirse el récord de abstención en el país. Si se confirman los augurios, el 55 % de los electores no acudirá a votar, diez puntos menos que hace cinco años.

“Es cierto que es demasiado, llevamos votando desde noviembre”, señala Annie Cotonnec, que reconoce que “tanta campaña exige mucho tiempo y energía”. A sus 73 años, sin embargo, esta exfuncionaria considera que votar “es un privilegio al que no tenemos que renunciar”. “Mi madre votó por primera vez cuando yo nací. Antes, las mujeres no podían votar. No hacerlo me parece una forma de manchar su memoria”, agrega Cotonnec.

En su mesa electoral, situada en una escuela primaria del noreste de la capital, son pocos los electores que acuden. “Calculo que habrá un 10 % menos de participación que en la primera vuelta”, afirma Pierre, documentalista que preside la mesa y que mira de reojo el centenar de papeletas que, tras dos horas de votación, casi no tapan el fondo de la enorme urna transparente abierta a las 08.00 horas (06.00 GMT). “En las presidenciales la cola llegaba hasta la calle”, recuerda Cotonnec mientras recorre el largo pasillo que lleva hasta la mesa electoral.

En otra mesa, instalada en un local municipal, Julien Lecourt deposita su voto. “He venido porque mi candidato está en esta segunda vuelta, pero muchos amigos, cuyo candidato fue eliminado, me han dicho que no van a votar”, asegura este estudiante. Algunos, añade, ni siquiera lo hicieron en la primera vuelta “porque tienen la sensación de que ya está todo hecho”.

Los sondeos auguran que el partido del presidente, Emmanuel Macron, tendrá una aplastante mayoría de diputados, lo que resta suspense a estos comicios. Y la historia demuestra que a mayor incertidumbre, mayor participación.

Denis Decraene acude a una mesa electoral dentro de su ronda de supervisión del voto. En su cuaderno anota las incidencias que ha podido encontrar. “Ninguna hoy. La semana pasada hubo varias. Algunos candidatos no habían enviado las papeletas, como les marca la ley”, relata.

Decraene, funcionario a las puertas de la jubilación, lleva supervisando elecciones más de 10 años. “Parecen más unas europeas que unas legislativas”, dice en referencia a los comicios comunitarios que, tradicionalmente, menos movilización generan en Francia. Su principal preocupación reside ahora en saber si habrá suficientes voluntarios para el recuento de la noche.

Los presidentes de las mesas electorales proponen a cada elector acudir a ese recuento. “En esta mesa no habrá problemas, pero no sé si en todas”, afirma Decraene. El supervisor se quita la chaqueta a medida que la temperatura, que superará en París los 30 grados, asciende. “Ese es otro factor”, afirma, “mucha gente aprovecha el buen tiempo para pasar fuera el fin de semana”.