La odisea de huir del casco antiguo de Mosul controlado por los yihadistas

La zona centro de la ciudad se ha convertido en el escenario de la batalla más compleja entre las fuerzas iraquíes y los extremistas por la densidad de civiles y sus estrechas calles laberínticas

Omar Husein Abas todavía no se cree que haya podido escapar a una muerte segura en Mosul, donde el grupo terrorista Estado Islámico (EI) todavía impone su ley. Ahora, en el campo de desplazados de Hasan Shami, solo piensa en abandonar Irak para siempre.

Desde que los extremistas ocuparon la ciudad iraquí en junio de 2014 y se convirtió en su principal bastión en el país, Abas intentó dejar su casa, ubicada en el casco antiguo, en el oeste de Mosul, para escapar del infierno en el que se convirtió su vida.

Este ciudadano iraquí, de 46 años, trabajaba como artesano hasta que el grupo terrorista irrumpió en su distrito.

Desde ese momento, empezó a perder todo hasta que ya sin dinero, se quedó si posibilidades siquiera de alimentar a sus cinco hijos o protegerlos del frío.

La desesperación le empujó a usar los muebles de su hogar como leña para cocinar y para resistir al invierno.

Los servicios básicos, como el agua potable, no llegaban a la vivienda de Abas por el bloqueo del EI. Además, con el paso de los días, veía como las ruinas se abrían paso en la ciudad. Las casas desaparecían.

Por miedo a seguir entre esas cuatro paredes, Abas y su familia comenzaron una travesía para dejar el casco antiguo, que se ha convertido en el escenario de la batalla más compleja entre las fuerzas iraquíes y los extremistas por la densidad de civiles y sus estrechas calles laberínticas.

Cuenta como serpenteando por las estrecha callejuelas, atravesó el antiguo barrio de Al Maidan hasta el distrito de Al Moshahda, situado en el extremo de la ciudad vieja. Allí, se alojó temporalmente en la casa de un familiar.

“Intentamos escapar hacia Ras al Yada (entrada del casco antiguo). Nos pusimos de acuerdo con otras cinco familias y caminamos por las callejuelas”, cuenta Abas desde su actual hogar, una tienda de campaña en el campamento de Hasan Shami, en la zona de Al Jazer, al este de Mosul.

Cuando llegaron a Ras al Yada, “algunas familias cayeron en un puesto de control del EI“. Allí, los yihadistas mataron a 40 personas, asegura. Pero su familia tuvo suerte al lograr esquivar el control.

“Nos quedamos en (el distrito de) Al Moshahda varios días. Desde allí intentamos huir de nuevo hacia la zona de Al Badan y conseguimos llegar a un edificio junto a otras 53 personas”, detalla Abas.

Explica que durante la travesía se turnaban para que siempre hubiera cuatro hombres que fueran delante para vigilar el camino: “En un momento, apareció un grupo de hombres armados del EI. Nos preguntaron a dónde íbamos y contestamos que íbamos a buscar agua potable, pero la respuesta no les convenció y nos golpearon brutalmente”.

Uno de los yihadistas dijo al grupo de civiles que tenían que volver corriendo a Al Moshahda y “sin mirar atrás”.

Cuando salieron, los terroristas comenzaron a disparar: “Mataron al señor Hazem y a Ibrahim. Me hirieron y también a mi vecino Abu Huzaifa”, relata.

Sin embargo, los dos supervivientes no miraron atrás y siguieron su camino, pese a que sus piernas no dejaban de sangrar, hasta que consiguieron llegar al barrio donde uno de los vecinos le sacó a Abas la bala, que estaba alojada en su pierna y le había fracturado un hueso.

Después de ser rechazado en un centro sanitario de Mosul por no ser miembro del EI, explica, se dirigió a la casa de un médico donde le trató y le puso un entablillado en la pierna.

Cinco días duró en el hogar, pues huyó junto con su familia al barrio de Al Islah al Zeraai, aunque en el camino varios proyectiles impactaron cerca de ellos, y que provocaron heridas a dos mujeres y tres niños.

Por suerte, dos días después de su llegada, las fuerzas iraquíes consiguieron evacuarles y les trasladaron al campamento de Hasan Shami, donde recuerda ahora esta odisea “cruel” vivida con sus hijos, durante la que sobrevivieron comiendo hierba y bebiendo agua contaminada.

Abas ya no quiere volver a Mosul: “Intentaré viajar fuera de Irak. La situación es muy difícil y mi familia y yo estamos decepcionados por lo ocurrido. Vemos que después de la liberación, la situación será aún más difícil”.

“Mi casa fue saqueada y destruida por los bombardeos. Abandonaré Irak para siempre”, sentencia.