Díaz y Sánchez llegan a las primarias enfrentados en un duelo que amenaza con prolongarse

El domingo 21 de mayo, el día en el que los militantes socialistas votarán para elegir a su futuro/a líder o lideresa debía ser el final de un proceso largo y penoso en el que un PSOE descabezado ha tenido que pelear para que sus siglas siguieran siendo el principal referente de la oposición al Gobierno del PP.

Han sido casi ocho meses en los que la dirección provisional del partido, la gestora, confiaba en cerrar la fractura que se abrió el 1 de octubre, en el famoso Comité Federal que terminó con la dimisión de Pedro Sánchez. Pero nada más lejos de la realidad. Después de una campaña plagada de ataques y descalificaciones, hay dos partidos socialistas que no se van a reconciliar solo por lo que digan las urnas. El duelo amenaza con dilatarse.

Utilizando la referencia de los avales que presentó cada candidato, el domingo puede ocurrir cualquier cosa. Los datos verificados por Ferraz son que Susana Díaz obtuvo 59.390 avales, Pedro Sánchez 53.117 y Patxi López 10.866. Los avales no son exactamente lo mismo que los votos puesto que requieren la identificación de las personas que los suscriben con su firma, mientras que las papeletas que se depositan en las urnas son anónimas. El voto es secreto y eso significa que no tiene por qué beneficiar al mismo candidato que avaló la persona que lo emite. Por ese motivo, los 6.000 avales que separan a Díaz y Sánchez no parecen una cantidad tan contundente como para pensar que la presidenta de la Junta de Andalucía tenga garantizada su elección.

Susana Díaz se enfrenta además con un ‘handicap’ que puede perjudicarla: es el ‘establishment’ del PSOE frente a Pedro Sánchez, el ‘rebelde’ que se ha enfrentado a todo y a todos tras haber sido descabalgado mediante lo que amplios sectores de las bases percibieron como una ‘conspiración’ orquestada por los poderosos del partido. Se presenta como ‘el candidato de la militancia’ y los ocho meses con los que ha contado el exsecretario general para construir esa imagen de mártir han difuminado la que tenía en octubre de 2016, la de un líder más preocupado por su carrera personal que por el partido y el país, que quería convocar un congreso exprés para garantizarse el cargo en un momento en el que existía un gran riesgo de que hubiera que convocar unas terceras elecciones generales en solo un año.

En ese tiempo, mientras tanto, le ha colgado a Díaz el sambenito de ser la patrocinadora de la abstención que ha permitido a Mariano Rajoy seguir gobernando pese a todos los escándalos de corrupción que salpican al PP y que incluso han llevado al tribunal que juzga la primera etapa del caso Gürtel a citarle como testigo. Los distintos roles asignados a los dos candidatos están igualmente desenfocados, pero sí es cierto que el domingo se enfrentan dos formas de hacer política y de entender el liderazgo socialista.

El Congreso Federal de junio, próxima parada en el proceso socialista

A la espera de que se conozca el resultado, tanto Díaz como Sánchez se han llenado la boca de propósitos de integración para el 22-M, el día después de las primarias. La candidata ha querido dejar claro este viernes en la SER que si gana las primarias el domingo lo primero que hará será llamar a Pedro Sánchez y a Patxi López para pedirles que arrimen el hombro y la ayuden a hacer más grande el PSOE. En caso de que no ganara, ha indicado que se pondrá “a disposición” del nuevo secretario general, ayudará y arrimará el hombro. Pedro Sánchez, que por lógica es el más resentido de los dos y que no parece dispuesto a un repliegue tras haber mantenido vivas sus opciones a pesar de haber dimitido de la secretaría general y del escaño, se ha pronunciado en la misma línea. “Tendré absoluta vocación de integrar tanto a Patxi como a Susana”, ha sostenido en RNE al ser preguntado sobre si contará con los otros candidatos en caso de ganar.

La gran pregunta es qué ocurrirá en el 39 Congreso Federal, previsto para el 16, 17 y 18 de junio. Hay que tener en cuenta que al secretario general le acompaña una dirección encabezada por la Comisión Ejecutiva, que se vota a propuesta del líder pero que ha de ser refrendada por los delegados al Congreso. Y esos delegados, alrededor de un millar, son elegidos por los órganos territoriales del partido. Aunque la implantación territorial de los ‘sanchistas’ es más fuerte de lo que se presumía a tenor de la distribución de los avales por autonomías, Díaz cuenta con el apoyo de la mayoría de los secretarios provinciales y de los ‘barones’.

Eso rebaja un poco la hipótesis de que Sánchez pueda emprender una purga contra los dirigentes regionales y provinciales que le han dado la espalda durante este tiempo ya que si no quiere encontrarse con una composición del congreso federal opuesta a él y fiel a los planteamientos de Día no tendrá más remedio que cumplir su compromiso e integrar. De hecho, el jueves, en la SER, aseguró que si gana las primarias no impulsará “movimientos desestabilizadores” en sus federaciones, que celebran congresos regionales entre julio y septiembre, después del 39º Congreso Federal.

Primarias para elegir al candidato a la Moncloa, otro gran desafío

Otra incógnita es cómo se resolverá la cuestión del cartel electoral para las próximas generales que, teniendo en cuenta la debilidad parlamentaria del Gobierno, podrían celebrarse antes de que finalice la legislatura. Díaz, de momento, se muestra dispuesta a compatibilizar la Secretaría General del PSOE y la Presidencia de la Junta apelando a su compromiso con los andaluces y a que no ve incoherencia alguna en defender Andalucía y España, porque “cuando a España le va bien y el PSOE está fuerte, esta comunidad lo nota”. La candidatura a las elecciones habría de decidirse en unas nuevas primarias -en este caso con la participación de militantes y simpatizantes- y Sánchez ha evitado aclarar si, en caso de perder las primarias para liderar el partido, se plantearía o no postularse cuando llegue el momento de elegir candidato a La Moncloa.

El lastre que arrastra el exsecretario general es haber perdido tres millones de votos durante los 29 meses que estuvo al frente del partido. Desde que tomó las riendas en 2014 hasta que dimitió, no dejó de perder apoyos en cada elección –legislativa, autonómica o municipal- y eso se lo recuerda la dirigente andaluza a cada paso. A su juicio, el PSOE ha llegado al punto en el que se encuentra ahora, más dividido que hace dos años, porque en las últimas elecciones generales se quedó en 85 escaños, su peor resultado, frente a un PP en sus horas “más bajas”, “tóxico” y con una relación “turbia con las instituciones y el dinero”. Ella, además, se compromete a que si gana las primarias y no logra la remontada electoral del PSOE en las próximas elecciones generales, dimitirá y se irá sin hacer ruido y sin ninguna fractura, como hicieron antes otros compañeros. “El día que no tenga que aportar nada a mi partido me marcharé”, sentencia.

Sánchez, en cambio, no reconoce la debacle que se produjo en el partido durante su liderazgo y se remite al último CIS, que daba al PSOE una intención de voto del 19,9%, para criticar que el partido esté ahora por debajo del 20% cuando el 26-J obtuvo un 22,6%. Lo que no dice es que ya entonces sufrió una caída respecto a las anteriores elecciones que se habían celebrado tan solo seis meses antes. De los 90 diputados que logró el 20-D de 2015, pasó a tener 85. Con ese bagaje, él prefiere no asumir compromisos a medio y largo plazo. “Si he aprendido algo en política es que los dedos hay que pillárselos lo justo, ya veremos que nos depara el futuro. Lo importante es andar, disfrutar del camino y estar convencido de lo que uno hace, y lo que haré será siempre en beneficio del PSOE y de lo que representamos”, ha dicho este viernes.

Pactos postelectorales, modelo territorial y moción de censura

En cuanto a posibles pactos postelectorales, Sánchez ha apostado durante toda su campaña por una alianza con Podemos que, sin embargo, desmintieron los coordinadores de su documento programático en su presentación. El candidato, en cambio, se mira en el ejemplo del primer ministro portugués, António Costa, que gobierna con el apoyo de los comunistas y del Bloco de Esquerda, lo que induce a pensar que sigue inclinándose más del lado del partido morado que de cualquier otro del espectro político. Díaz, por su parte, no da pistas. Señala que ella orienta las alianzas hacia la gente, que es lo que hace todos los días desde el Gobierno andaluz. Y añade que ella nunca va a salir a unas elecciones a pactar, sino a ganar.

En lo relativo al modelo territorial que defienden para el Estado, los planteamientos son igualmente nebulosos. Coinciden en promover una ponencia en el Congreso que estudie la reforma de la Constitución para propiciar el encaje del diseño federal que se recogía en la Declaración de Granada y se han enfrentado a propósito de la defensa que Sánchez hace de Cataluña como nación y, más recientemente, del concepto de “nación cultural” que el exlíder ha incorporado a su ideario para suavizar el mensaje. Y en lo que coinciden sin ninguna duda es en el rechazo a la moción de censura planteada por Podemos contra Mariano Rajoy.

Díaz ha subrayado que Pablo Iglesias sabe que su iniciativa no puede prosperar pero “le da igual porque lo que quiere es interferir (en las primarias socialistas) e intimidar la voluntad libre de los militantes del PSOE”. La política andaluza no descarta, sin embargo, que su partido pueda promover una moción de censura: “En el futuro nuca se puede descartar nada, evidentemente, pero una moción de censura tiene que ser constructiva, con un programa de gobierno que tenga el apoyo mayoritario de la Cámara y, en estos momentos, no existe ese apoyo mayoritario”.

Sánchez tampoco descarta una futura moción de censura liderada por el PSOE, lo que significa que Pablo Iglesias no sería candidato a la presidencia del Gobierno. Y es que es poco probable que al exsecretario general se le olvide que fue el podemita quien impidió que él fuera investido tras las elecciones de 2015. Además, Pedro Sánchez aprovecha la coyuntura para reprochar la situación de provisionalidad en la que está su partido desde octubre: “Estar nueve meses sin líder ha beneficiado a Mariano Rajoy y a Pablo Iglesias. Un partido con líder hoy estaría liderando la oposición y exigiendo responsabilidades a Rajoy”.

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