Mendoza, al recoger el Cervantes: “La lectura de ‘El Quijote’ fue un bálsamo y una revelación”

"Recojo este premio con profunda gratitud y alegría, y que seguiré siendo el que siempre he sido: Eduardo Mendoza, de profesión, sus labores"

cervantes2016

El escritor catalán Eduardo Mendoza ha recogido este jueves de manos del Rey Felipe el Premio Cervantes 2016, máximo galardón de las letras españolas, y que premia una obra que “ha engrandecido nuestra narrativa moderna y ha contribuido a abrir nuevas sendas al influir también en las generaciones de novelistas más jóvenes”, según ha afirmado el ministro de Cultura, Íñigo Méndez de Vigo.

El discurso del titular de Cultura, ha puesto de manifiesto que “entre tanta parodia policíaca, Eduardo Mendoza decidió rescatar un proyecto que había abandonado. Una de tantas novelas que los escritores dejan morir en el primer tercio, en una rutina que conocen bien quienes se dedican a las letras. Sin embargo, era esta una empresa especial: se trataba de repasar la evolución de su ciudad natal, Barcelona, entre las exposiciones universales de 1888 y 1929″.

Méndez de Vigo ha hecho referencia a obras como Una comedia ligera, El último trayecto de Horacio Dos, Mauricio o las elecciones primarias, o El asombroso viaje de Pomponio Flato, que “han engrandecido nuestra narrativa moderna”.

“De Cervantes aprendí que se podía hacer cualquier cosa”

El homenajeado, por su parte, ha hablado en su discurso del papel que la obra clave de Cervantes ha tenido en su trayectoria.

Lo que me fascinó entonces no fue la figura de don Quijote, ni sus empresas y sus infortunios, sino el lenguaje cervantino. Desde niño yo quería ser escritor. Pero hasta ese momento los resultados no se correspondían ni con el entusiasmo ni con el empeño. Las vocaciones tempranas son árboles con muchas hojas, poco tronco y ninguna raíz. Yo estaba empeñado en escribir, pero no sabía ni cómo ni sobre qué. La lectura de El Quijote fue un bálsamo y una revelación. De Cervantes aprendí que se podía cualquier cosa: relatar una acción, plantear una situación, describir un paisaje, transcribir un diálogo, intercalar un discurso o hacer un comentario, sin forzar la prosa, con claridad, sencillez, musicalidad y elegancia”, ha dicho Mendoza.

El escritor ha querido agradecer “la contribución especial” de dos personas a su carrera literariaPere Gimferrer, “que me dio la primera oportunidad y es mi editor vitalicio y mi amigo incondicional”, y la otra, “por supuesto, Carmen Balcells, cuya ausencia empaña la alegría de este acto”.

En su discurso, Mendoza ha recordado que la tercera vez que se enfrentó a las aventuras del hidalgo se encontraba en un momento de su vida en el que “no tenía motivos de queja. Como don Quijote, había recibido algunos palos, ni muchos ni muy fuertes. Como Sancho Panza, me había apeado muchas veces del burro. Pero había conseguido publicar algunos libros que habían recibido un trato benévolo de la crítica y una buena acogida del público”.

El autor de La ciudad de los prodigios ha dejado claro que suele volver a esta obra cumbre de nuestra literatura. “Raro es el año en que no vuelva a picotear en El Quijote, con la única finalidad de pasar un rato agradable y levantarme el ánimo”.

“Don Quijote sabe que está loco”

Sobre el caballero de la triste figura, Mendoza, haciendo gala de su particular sentido del humor, se ha preguntado “si don Quijote estaba loco o si fingía estarlo para transgredir las normas de una sociedad pequeña, zafia y encerrada en sí misma. Aunque ésta es una incógnita que nunca despejaremos, mi conclusión es que don Quijote está realmente loco, pero sabe que lo está, y también sabe que los demás están cuerdos y, en consecuencia, le dejarán hacer cualquier disparate que le pase por la cabeza. Es justo lo contrario de lo que me ocurre a mí. Yo creo ser un modelo de sensatez y creo que los demás están como una regadera, y por este motivo vivo perplejo, atemorizado y descontento de cómo va el mundo”.

El premio Cervantes también ha hablado de la sociedad de hoy en día. “Vivimos tiempos confusos e inciertos. No me refiero a la política y la economía. Ahí los tiempos siempre son inciertos, porque somos una especie atolondrada y agresiva y quizá mala, si hubiera otra especie con la que nos pudiéramos comparar. La incertidumbre y la confusión a las que yo me refiero son de otro tipo. Un cambio radical que afecta al conocimiento, a la cultura, a las relaciones humanas, en definitiva, a nuestra manera de estar en el mundo. Pero al decir esto no pretendo ser alarmista. Este cambio está ahí, pero no tiene por qué ser nocivo, ni brusco, ni traumático. En este sentido, ahora que los dos vamos de vuelta a casa, me gustaría discrepar de don Quijote cuando afirma que no hay pájaros en los nidos de antaño. Sí que los hay, pero son otros pájaros. Ocasiones como la presente entrañan para el premiado un riesgo inverso al que corrió don Quijote: creerse protagonista de un relato más bonito que la realidad. Prometo hacer todo lo posible para que no me ocurra tal cosa. Para los que tratamos de crear algo, el enemigo es la vanidad”, ha recalcado.

Mendoza concluyó su discurso con una referencia a su carácter y personalidad.  “Recojo este premio con profunda gratitud y alegría, y que seguiré siendo el que siempre he sido: Eduardo Mendoza, de profesión, sus labores”.