Eduardo Mendoza recibe el Premio Cervantes por su literatura “llena de sutilezas e ironía”

El humor es una de las claves de la literatura del escritor catalán, pero también su afición por los temas históricos y populares y el dominio de una prosa directa y sin artificios

Corría el año 1975 y un joven Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) publicaba una novela que estaba llamada a inaugurar una nueva época en la narrativa española. La verdad sobre el caso Savolta, por la que obtuvo el Premio de la Crítica, fue el pistoletazo de salida de una carrera compuesta por más de una decena de novelas, dos libros de relato, un par de obras de teatro y cuatro ensayos.

Este jueves, tres días antes del Día Internacional del Libro, ha recibido de manos del Rey Felipe el máximo galardón de las letras hispánicas, el Premio Cervantes, que distingue una carrera marcada por el éxito de sus obras entre el público y la crítica. Para el jurado del premio, la lengua literaria de Mendoza está llena de “sutilezas e ironía” en la mejor tradición cervantina.

“Leer El Quijote marca para toda la vida”, ha dicho Mendoza, algo nervioso, escasos minutos antes del comienzo de la ceremonia de entrega en Alcalá de Henares.

El monarca ha calificado al autor de La ciudad de los prodigios como “un verdadero artesano del lenguaje”.

El humor es una de las claves de la literatura del escritor catalán, que en su juventud vivió unos años en Nueva York dedicado al mundo de la traducción, pero también su afición por los temas históricos y populares -ya presentes en La verdad sobre el caso Savolta– y el dominio de una prosa directa y sin artificios.

Estas características le han valido importantes reconocimientos literarios más allá del Cervantes, como el Planeta o el Terenci Moix, pero sobre todo, le han asegurado el aplauso de los lectores y el apoyo unánime de la crítica. Reconocimientos que, en la mayoría de ocasiones, los autores valoran tanto o más que la compensación económica.

Confiesa que su novela favorita es El misterio de la cripta embrujada, que escribió poco después del enorme éxito de su primera obra, La verdad sobre el caso Savolta.

La obra, en la que ya dejaba intuir su pasión por la comedia costumbrista y por las situaciones absurdas, está protagonizada por Ceferino, “un detective majareta muy quijotesco”, la redactó en Nueva York en un breve periodo de tiempo y la envió a la editorial Seix Barral, que no dudó en publicarla. Sigue siendo una de sus novelas más leídas, y cuenta con más de treinta ediciones.

Retrato de Barcelona

Para la crítica, su mejor obra es La ciudad de los prodigios, de la que se ha dicho incluso que es “la novela total” sobre Barcelona.

En ella, Mendoza hace un recorrido por la ciudad condal y por su convulsa sociedad en el periodo comprendido entre las dos Exposiciones Universales de Barcelona de 1888 y 1929 de la mano de Onofre Bouvila, inmigrante paupérrimo y repartidor de propaganda anarquista.

Pero, sin duda, una de sus obras más queridas por los lectores es Sin noticias de Gurb. Ese Eduardo Mendoza capaz de retratar épocas de cambios, sociedades deshechas y huelgas de obreros fue también capaz de lograr la carcajada con una historia protagonizada nada más y nada menos que por un marciano que llega a una Barcelona preolímpica bajo la apariencia de Marta Sánchez.

Es esta línea humorística la que ha marcado su trayectoria de los últimos años, un humor que para algunos es muy cervantino, y que este jueves, unos días antes de la efeméride que conmemora la muerte del príncipe de los ingenios, le ha hecho recibir el conocido como Nobel de las letras españolas.

En una reciente entrevista en La vanguardia, Mendoza, que vive a caballo entre Londres y Barcelona, afirma que quiere intentar terminar la “última obra seria” de su carrera antes de jubilarse. 

 

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