El FBI desmiente el espionaje de Obama pero confirma que investiga el vínculo de Rusia con Trump

El director del FBI, James Comey, ha asegurado que no tiene información que apoye las acusaciones del presidente de EEUU, Donald Trump, contra su predecesor, Barack Obama, sobre un presunto pinchazo telefónico ordenado por el exmandatario en la Torre Trump de Nueva York. Comey, que en otro tiempo fue un valioso aliado de Trump, le deja en evidencia tras su batería de tuits sobre el supuesto espionaje de Obama.

comey-rogers-dCuando faltaba poco más de una semana para que se celebraran las elecciones presidenciales en Estados Unidos, el 28 de octubre de 2016, Comey destapó una nueva investigación del FBI sobre correos electrónicos de Hillary Clinton para determinar si contenían información clasificada. Fue el golpe de gracia a la campaña de la candidata demócrata y muchos han visto en él la razón fundamental de que Comey siga en el cargo pese a que fue nombrado por la anterior administración.

Ahora, sin embargo, le ha hecho un flaco favor al inquilino republicano de la Casa Blanca, desmintiendo las acusaciones con las que Trump ha pretendido desviar la atención de otras investigación de tanto o más calado que esa: la que intenta determinar si hubo interferencia rusa en las elecciones estadounidenses. El asunto ya le ha costado a Trump sus primeras crisis de Gobierno, entre ellas la dimisión de Michael Flynn, consejero de seguridad nacional del presidente, de quien se supo que había mantenido contactos con el embajador ruso en Wasington durante la campaña. Además, mintió respecto a ello al vicepresidente Mike Pence.

Flynn dimitió el 14 de febrero y dos semanas después, el 4 de marzo, Trump acusó a Obama en Twitter de espiarle sin aportar ni una sola prueba.

El caso es que la investigación de la supuesta injerencia rusa en el proceso electoral que llevó a Trump a la presidencia sí ha sido confirmada por Comey. “Eso incluye investigar la naturaleza de cualquier vínculo entre individuos asociados con la campaña de Trump y el Gobierno ruso y si hubo alguna coordinación entre la campaña y los esfuerzos de Rusia”, ha señalado el jefe del FBI en su declaración de apertura en la primera audiencia pública realizada en el Congreso sobre el asunto.

El reconocimiento en sí de la investigación ya supone un hecho inusual y extraordinario ya que el principal sujeto a investigar es el presidente de los Estados Unidos. Incluso el presidente del Comité de Inteligencia del Senado, el republicano Devin Nunes ha abierto la comisión acusando a Rusia de intervenir en los asuntos internos de EEUU, y ha culpado de “actos hostiles” al presidente de ese país, Vladimir Putin. Pero, en cambio, ha sido tajante al afirma que “no hay pruebas físicas de ‘pinchazos’ de la Torre Trump”.

También el director de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), Michael Rogers, ha negado que el Gobierno de Obama solicitara a la inteligencia británica realizar cualquier tipo escucha sobre el actual presidente, Donald Trump, durante la campaña electoral de 2016. “Nunca he visto que desde la NSA nos hayamos involucrado en una actividad así”, ha respondido Rogers al ser preguntado hoy al respecto. Y es que el portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, citó durante una de sus ruedas de prensa la semana pasada una afirmación que había hecho un comentarista de la cadena Fox, la única que le gusta a Trump por su sesgo ultraconservador. “Tres fuentes de inteligencia han informado a Fox News de que el presidente Obama se saltó la cadena de mando (para espiar a Trump). No usó la NSA (Agencia de Seguridad Nacional de EEUU), no usó la CIA… Usó el GCHQ”, dijo Spicer al citar al comentarista Andrew Napolitano.

El GCHQ, un gran complejo de comunicaciones del Gobierno estadounidense ubicado en la ciudad de Cheltenham (al oeste de Inglaterra), trabaja en estrecho contacto con los servicios secretos británicos MI5 (interior) y MI6 (exterior) y una de sus labores más importantes es la de defender al Reino Unido de amenazas cibernéticas. Sin embargo, Rogers ha asegurado este lunes que tal petición de escuchar a un ciudadano estadounidense estaría “expresamente en contra” de los acuerdos de inteligencia con los británicos y otros aliados cercanos. Tanto el GCHQ como la primera ministra británica, Theresa May, ya habían negado las insinuaciones de Spicer sobre cualquier coordinación para espiar a Trump.

La conclusión de las comparecencias parlamentarias celebradas este lunes es que mientras las acusaciones sobre escuchas de Obama pierden consistencia y quedan reducidas al nivel de chascarrillos en la red, las relaciones entre el equipo de Trump y el Kremlin está bajo la lupa de los investigadores. Quizá porque ya intuía la que se le venía encima Trump se ha despertado este lunes publicando un tuit en el que niega esos vínculos.

El presidente de EEUU recuerda que James Clapper, quien fue director nacional de inteligencia en el Gobierno del expresidente Barack Obama, y “otros” han dicho que no hay pruebas de que él “haya conspirado con Rusia”. Según Trump, “todo el mundo sabe” que es falso que hubiera un complot entre su campaña y Rusia con objeto de interferir en las elecciones presidenciales en las que el magnate se impuso, como candidato republicano, a su rival demócrata, Hillary Clinton. En otro tuit, Trump asegura que la “historia rusa” fue “inventada e impulsada” por los demócratas para gestionar “una campaña terrible”.

El legislador Adam Schiff, el demócrata de mayor rango del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, ha comentado en declaraciones a la cadena NBC que sí hay “pruebas circunstanciales” que apuntan a una supuesta connivencia entre la campaña de Trump y Rusia. Según Schiff, también hay pruebas “directas” de algún tipo de “engaño” por parte de la campaña de Trump sobre sus conexiones con Rusia y por eso se está investigando al respecto. Es decir, aunque está prácticamente demostrado que hubo injerencia rusa a través de ataques informáticos contra el Partido Demócrata y la campaña de Hillary Clinton, lo que sigue siendo una incógnita es si esa injerencia fue orquestada gracias a la connivencia entre el equipo de Trump y el Kremlin.