El caminar rápido de Rajoy, la rama que ‘atacó a Sánchez o el catálogo de Ikea de Unidos Podemos, las anécdotas de esta campaña

La campaña electoral toca a su fin en un explosivo día de san Juan, con la traca final por el "Brexit", el desplome de las bolsas, la escalada de la prima de riesgo y la incertidumbre política y económica, aunque entre medias ha habido tiempo para risas, malentendidos y meteduras de pata.

anecdotas campaña

En estos quince días hemos descubierto que el precio de las chuches preocupa a los niños, que Mariano Rajoy es el Usain Bolt del “caminar rápido” o que Pedro Sánchez se lleva regular con las ramas bajas de los árboles. Inconvenientes del 1,90.

También sabemos que el estilo nórdico de IKEA es del gusto estético/político de Pablo Iglesias y que a Albert Rivera, además de ser un político “de centro y moderado”, se lo rifan por guapo.

Caminando rápido hacia el 26-J

 Mariano Rajoy debe seguir a rajatabla la máxima de que correr es de cobardes, así que lo suyo es un trote a medio gas sin castigo para las rodillas.

Le da lo mismo que sea la playa de Torrevieja, la ribera -con b- del Guadiana en Badajoz o un campo de alcachofas en Tudela; el caso es andar y seguir adelante como hace su gobierno, rondando ya los 200 días en funciones y subiendo.

Entre paseo y paseo con las primeras luces del alba, el líder del PP se reencontró en Molina de Segura con su “miniyo”, Pablo, el niño que le imitó en un programa de televisión y al que Rajoy prometió medio en broma hacer algo para bajar el precio desorbitado de las chuches.

No muy lejos, en Torrevieja, una señora le estuvo persiguiendo para que le firmara un autógrafo como uno de sus políticos favoritos, con permiso de María San Gil y Francisco Camps. Para rematar el mal trago, a la buena mujer no se le ocurrió otra cosa que darle a firmar un billete.

Muchos menos problemas le dieron a Rajoy las asistentes de un mitin en Asturias ante un nutrido público de… vacas. Todas las rumiantes en fila, escuchando con atención al presidente. No se escucharon aplausos, aunque sí más de un mugido, quizás de aprobación o no, que diría el líder del PP.

Aprobado y con nota el que se llevó el presidente del Gobierno con su pronóstico del 3-0 de España frente a Turquía. Peor le fue con Croacia, donde vaticinó un 1-0 y acabó en 2-1 a favor de los balcánicos. Confía en atinar mejor el domingo.

 Sánchez y sus ‘problemas’ con las ramas

El socialista Pedro Sánchez, que ha afrontado la campaña ahogado en la “pinza” de Podemos y el PP, se ha volcado buscando el voto casa por casa y “a pecho descubierto”.

“Llevo esperando toda la mañana y pensaba que no ibas a venir”, le confesó una vecina al abrir la puerta de su hogar, en lo que se suponía que era un puerta a puerta improvisado.

Tampoco le salió demasiado bien uno de esos vídeos en primera persona en los que uno se graba a sí mismo en los escenarios más variopintos o peligrosos.

Hay quien se juega la vida por salir guapo al borde del precipicio, y Sánchez, aunque no ha llegado a tanto, se llevó un buen coscorrón con la rama de un árbol cuando grababa uno de sus vídeos de regreso a Ferraz después de participar en el debate a cuatro. Más pendiente de la cámara que de mirar a su alrededor, la cabeza del candidato socialista fue directa a la rama, aunque se lo tomó con humor: “Estas cosas pasan en directo…”.

Otro momento que no olvidaremos es el protagonizado por una voluntaria de Cáritas que abordó a Sánchez a la salida de un desayuno informativo. Indignada ante la imposibilidad del líder del PSOE de colaborar con la causa al no llevar la billetera encima, la mujer le persiguió preguntando ante las cámaras “cómo podía pedir el voto si no ayudaba a Cáritas”. Menos mal que estaba cerca Antonio Hernando, que se ‘ganó’ a la voluntaria con una aportación de 20 euros.

Quizá para compensarle, a Sánchez le regalaron hace unos días una chapa del PSOE de los años 80, de aquellas décadas en las que los socialistas encadenaban mayorías absolutas. Por si acaso le da suerte, se la ha colocado en la mochila con la que ha recorrido estos días pueblos y ciudades en busca del voto.

Voto que tiene garantizado de muchas de las mujeres que le paran por la calle y le dicen sin paños calientes que no pacte con “el coletas” porque no es de fiar…

Quizá por la larga campaña, por el calor o por los nervios de estar ante Pedro Sánchez, el alcalde de Villanueva de la Serena (Badajoz), el socialista Miguel Ángel Gallardo, no se aclaró sobre cuándo son las elecciones. “Le vamos a dar el cambio el próximo 26 de diciembre… de mar… de junio”, acertó a la tercera Gallardo. Traiciones del subconsciente con la sombra de las terceras elecciones…

De Ikea al Equipo A

podemosPablo Iglesias no es mucho de pasear por los pueblos, besar bebés, comer helados o jugar al dominó como otros candidatos. Lo suyo son los platós y los mítines al uso y se ha empleado a fondo en esta campaña. Ejemplo de esa nueva forma de hacer política es el original programa electoral de Unidos Podemos. Una copia del catálogo de Ikea, que incluso se vende en los kioscos.

No se venden, sino que se regalan, las sombrillas en los mítines de Podemos para que los asistentes puedan protegerse del intenso sol veraniego de estos días. Para amenizar la espera, los líderes de la coalición siempre suben al escenario con músicas evocadoras y ochenteras, desde la banda sonora de la película Cazafantasmas o de la serie El Equipo A hasta la música de los dibujos futboleros de Oliver y Benji, muy apropiada en plena Eurocopa.

Lo que sí ha hecho Pablo Iglesias es ver uno de los primeros partidos de la selección acompañado de los periodistas de la caravana en un escenario algo insólito, un restaurante japonés, en el que los bocados de “sushi” y de “maki” se intercalaban con los goles de la Roja.

Y aunque dan por hecho el “sorpasso” al PSOE y hasta al PP, el único “sorpasso” que se ha producido hasta ahora es el adelantamiento del autobús de la caravana de Podemos al de Ciudadanos, de camino a tierras levantinas.

Palentinas que no “palencianas” son las tierras en las que el coordinador federal de IU, Alberto Garzón, ha estado también de campaña, aunque con serias dudas sobre el correcto gentilicio provincial. A los palentinos les sonó a cuerno quemado que Garzón les llamara “palencianos” por mucho que rectificara de inmediato.

Mucha polvareda levantó también ese viaje en coche de la jefa de gabinete de Iglesias, Irene Montero, con el secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, José Luis Ayllón, y del que nos enteramos, aunque con una versión algo distorsionada, por el líder de Ciudadanos, Albert Rivera.

El álter ego de Rivera

A Rivera le ha salido esta campaña un álter ego en Logroño, el dueño de uno de los bares de la famosa calle Laurel, que esta semana ha sentado en su mesa al líder de Ciudadanos y unos días antes a Rajoy.

El replicante de Rivera le robó unos “minutines” a Rajoy para soltarle de sopetón que con toda la corrupción que tiene a sus espaldas se tenía que marchar a su casa. Y el presidente del Gobierno le contestó lo que le hubiera contestado a Rivera: que su lista fue la más votada y que, si vuelve a ganar, tiene toda la legitimidad para seguir en el puesto.

Pero el replicante Adolfo, machacón como el líder de Ciudadanos, le contestó que, por eso mismo, si gana otra vez, podría irse “por la puerta grande como los buenos toreros”.

Aunque más que admiradores masculinos, Rivera ha causado sensación entre mujeres de todas las edades que allá por donde iba le han gritado “guapo, guapo”, aunque algunas han ido bastante más lejos.

Fue el caso de dos veinteañeras que se le acercaron el otro día por la calle y sin pestañear le ofrecieron un pacto que ningún “centrista” ni “moderado” podría dejar escapar: “Hola Albert, queríamos decirte que estamos interesadas en ti, en todos los sentidos”.

Quizá por eso y para evitar tentaciones, Rivera se ha colgado de la muñeca, junto a la pulsera naranja de Ciudadanos, una figurita de la Virgen del Pilar “para que le dé fuerzas”.

Fuerzas que no le faltan a la estrella “literal” de la campaña naranja, el “número uno” por Barcelona y portavoz en el Congreso, Juan Carlos Girauta, que se marcó un “Iceta” al ritmo del “waka waka” animando el debut de la Roja.

Una semana después, Girauta volvió a sorprender en Madrid al subirse al escenario y cantar Mediterráneo de Serrat, acompañado de la guitarra.

Queda por ver si a Rivera o al resto de candidatos le quedan fuerzas o ganas para cantar algo el próximo domingo.